Opinión

Los interrogantes que deja la asunción de Jorge Moreno en el Tribunal de Cuentas

Editorial

Catamarca no puede ser ajena a los acontecimientos ocurridos durante ésta semana pasada a nivel Nación, aunque el gesto político de juntarse a escuchar la alocada defensa de la vicepresidenta, fue un acto fallido, tan fallido como los actos a los que nos tiene acostumbrados el presidente de la Nación y que resultan lamentables, por muchas razones. La peor, es cometer delitos desde la función más importante del país.

Circula por la opinión pública, una máxima que es determinante a la hora de conocer de qué lado se ubican los ciudadanos de éste bendito país. Es corta y contundente, es vital y dice así “Justicia o Corrupción”. Y cada cual se ubica donde le plazca. Ya no se trata de esas horribles divisiones que alguien se le ocurrió hacer con el pensamiento político, para dividir a los argentinos y a los cuales no nos referiremos por tratarse de una discusión estéril y sin sentido, que de a poco va perdiendo vigencia.

Cuando observamos la jura del doctor Jorge Moreno en el Tribunal de Cuentas, de inmediato nos surgieron muchos interrogantes, tantos, que se nos ocurrió opinar y extrapolar coyunturas, porque viene al caso. El tribunal de Cuentas debería ser un organismo clave en la fiscalización y control de las cuentas públicas de la provincia de Catamarca, una provincia que registra altos índices de pobreza, una clase media diezmada, un subempleo público lastimoso y un pequeño grupo de pudientes, por decirlo de una manera, que detentan casi toda la riqueza que genera el PBI provincial, acumulado en más de una década. Y resulta ser que la mayoría de esos pudientes, son políticos. Entonces, se llega a la rápida conclusión que algo anda mal, muy mal y hay que corregir urgente. ¿Cómo?, muy sencillo, ubicándose del lado de la Justicia.

Un primer interrogante que surge en ésta extrapolación es ¿Por qué Raúl Jalil coloca a su hombre de mayor confianza  al frente del Tribunal de Cuentas? ¿Por qué Raúl y Lucía cierran filas frente al  acto arbitrario de mover un alfil del gabinete de ministros a un organismo cuasi autárquico de fiscalización de las cuentas públicas? ¿Qué los motiva? ¿A qué le tienen miedo? Entre ambos, han gobernado el destino de Catamarca durante los últimos 10 años con resultados pésimos para todos, menos para ellos y sus séquitos. No vamos a responder los interrogantes y dejaremos a nuestros lectores, para que saquen sus conclusiones, aunque pondremos algún ejemplo actual, para un mejor comprensión de la cuestión.

Sólo responderemos un interrogante: Jorge Moreno fue designado Presidente del Tribunal de Cuentas con una mayoría abrumadora en la Cámara Baja, donde los dedos de una mano sobran para contar a la real oposición. ¿Se entiende? Luego el pliego fue aprobado por unanimidad en el Senado, el que a nuestro modo de observar la calidad institucional de la provincia, debería ser cerrado, anticipando desde ya, nuestro apoyo al establecimiento de una Legislatura Unicameral, que represente departamentos y habitantes por igual, sin perjuicio que propugnamos un cambio en el sistema electoral, eliminando la lista sabana. El “parlamento” no existe en nuestra provincia, sólo la zancadilla y un pasado que en vez de enseñarnos a no repetir errores, nos divide y nos corroe como sociedad civil organizada.

Es verdad, son muchos temas. Es que desde esta línea editorial nos ubicamos en el sector “Justicia” y denunciamos a quienes solo defienden sus intereses individuales y sin lugar a dudas se ubican en el sector “corrupción”, porque gobiernan poniendo “el carro delante de los caballos”. Si tuvieran la foja limpia y la conciencia tranquila podrían al frente del Tribunal de Cuentas un funcionario probo, apolítico, técnico, objetivo, prestigioso, pero no, siguen apostando por el amiguismo para cubrirse, como hacen los mafiosos. No obstante, debemos darle un crédito al elegido, no sea cosa que nos sorprenda y entre a la historia por la puerta grande. Difícil ser juez y parte. Como dicen en el campo… «Dificil que el chancho chifle», Veremos.

Volviendo a la lógica del razonamiento, la realidad es que designan a alguien que les asegura impunidad, del mismo modo que casi todo el poder judicial y gran parte del Ministerio Público que transitan por los mismos carriles, tan necesaria para seguir por la senda del mal, porque como dijimos en una nota anterior, Catamarca y sus gobernantes son una Caja de Pandora, que cada vez que se abre, libera todos sus males. El Fiscal Diego Luciani, al concluir su alegato en la causa de Obra Pública de Vialidad Nacional, se dirigió a los jueces con una última frase “Es corrupción o justicia y ustedes tienen la decisión”. Esa categórica definición del estadista, es digna de ser traída al confuso y poco claro presente catamarqueño, donde todo huele mal, en especial si de transparencia en las cuentas públicas se trata.

Jorge Moreno, tan cuestionado por Lucía Corpacci en el pasado, ahora es un amigo de la “señora”,  al que hay que apoyar, no sea cosa que el ciudadano de a pie se entere que los fondos de las regalías del litio, los sesenta millones de dólares que aportó Livent Corporation a través de su controlada Minera del Altiplano S.A, al fondo fiduciario de «El Salar del Hombre Muerto», no hayan sido aplicados a obras de infraestructura en toda Catamarca, como estaba previsto en la ley, y en especial en el Departamento de Antofagasta de la Sierra, donde las escuelas no tienen calefacción y donde los padres, con toda la razón del mundo se han plantado y no envían a los hijos a la escuela al  inicio del periodo especial, imputando moralmente a los funcionarios del gobierno, actuales y pasados,  por las graves violaciones a los derechos humanos de los niños, sus hijos.

Claro, si los fondos se esfumaron como parece ser el caso, y como hay varios periodos sin auditar, parece ser que el funcionario designado es la persona ideal para “fiscalizar las cuentas públicas”, pisoteando una vez más la Ley de Ética Pública a la que en Catamarca ignoran olímpicamente, como la ignoran quienes juegan su existencia a favor de la corrupción. Por si algún desprevenido no leyó esta ley, clave para el ejercicio del funcionamiento de la instituciones de la democracia y el sostenimiento de la república, LA LEY DE ETICA EN EL EJERCICIO DE LA FUNCION PUBLICA es la N° 25.188. Juró Jorge Moreno “Sobre estos Santos Evangelios”, la Biblia, faltó el calefón, que sólo está en nuestra imaginación. Todo es cuestión de tiempo.