Opinión

La autocracia no reconoce a la democracia

Editorial

Por estas horas siguen los análisis con tinte sociológico, psicológico o psiquiátricos sobre los efectos emocionales de las elecciones del domingo pasado y las distintas formas de celebrar el resultado de la contienda. Hablar de ganadores y perdedores todavía resulta prematuro, porque hay muchos y en ambos frentes. Al mismo tiempo, parece mentira que gente grande, que está en la política hace mucho tiempo no advierta que el fenomeno de un gobierno que sale a festejar la derrota no es porque tenga un desorden de la identidad institucional. Definitivamente no.

El problema es mucho más grave que plantear la hipótesis de la agnosia del presidente y sus adláteres, como hizo el médico neurólogo Facundo Manes, devenido en político y que pretende imponer sus investigaciones médicas y neurológicas no  comprobadas científicamente en el campo de la política y de la sociología, precisamente dos terrenos científicos, que analizados desde la estadística pueden resultar objetivos, pero que en realidad poseen un componente subjetivo importante, son más opinables que las ciencias exactas y que la ciencias médicas.

El festejo del gobierno nacional se debe a que ellos son un autocracia y es bien sabido que ésta no reconoce a la democracia. Su definición clásica nos lleva, no a la monarquía absoluta, sino lisa y llanamente a la dictadura, sin importar su tinte, porque en cualquier caso implica la ausencia del Estado de Derecho. De tal modo que el kirchnerismo, al que muchos erróneamente dan por acabado, no es que celebra una derrota sino que literalmente ignora el sistema republicano representativo y federal. Veamos la definición y otro ejemplo concreto en tiempo real.

La palabra autocracia viene del griego «autokrateia»y es un sistema de gobierno que concentra el poder en una sola figura (a veces divinizada y a veces oculta o bicéfala, como es el caso de la vicepresidente) cuyas acciones y decisiones no están sujetas ni a restricciones legales externas, ni a mecanismos regulativos de control popular, salvo que una revolución o pueblada la amenace bajo la forma conocida de un golpe de Estado o de una insurrección en masa, algo así como el fenómeno que está ocurriendo en Bolivia por estos días, donde otro gobierno autocrático, pretende, luego de ganar las elecciones libres, alterar el ordenamiento jurídico de la república con leyes claramente contrarias al orden jurídico preestablecido.

La respuesta ha sido el paro y movilización por tiempo indefinido hasta que abroguen o deroguen las leyes antisistema que sancionó y promulgó el gobierno de Arce. En ese punto es donde se tensa la situación y se torna peligrosa por los riesgos de confrontación civil que conlleva y que en el vecino país se vislumbran nítidamente, pues en la revueltas existen manifestantes que operan a favor de la autocracia y otros, a favor de la democracia. La Argentina podría estar transitando un camino similar, basta observar que el oficialismo, salvo hechos muy puntuales de irregularidades electorales, ignoró casi por completo la celebración de las elecciones generales de medio término y hoy lo festejará, toda vez que no se siente sujeto a mecanismos regulatorios del sufragio y la voluntad popular, que siendo opuesta, la ignoran.

Y el problema se suscita en que parte de la oposición, «no ve» porque sí padece de agnosia, los problemas reales que afectan al sistema republicano, representativo y federal y por supuesto lo ponen en peligro. A ellos se los denomina vulgarmente «palomas» y son quienes llevaron a la coalición opositora a un empate técnico en el distrito más importante del país, la provincia de Buenos Aires y un retroceso concreto e inédito en la Ciudad de Buenos Aires. Ante el avance de la autocracia, el país necesita de «halcones» que defiendan a la Nación tal como fue pensada por los Padres de la Patria y sobre todo el Sistema de Gobierno consagrado en la Constitución Nacional, al que detestan y pretenden eliminar.

Así como la oposición está dividida en esos grupos de animales aéreos, el gobierno nacional también sufre esa división, pues se trata de un gobierno bipolar, que si bien tiene discurso autocrático, es lo que dice, pretende parlamentar en el Congreso Nacional un apoyo para alcanzar un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que no es un banco sino un grupo de países industrializados que aportan dinero para rescatar a los países débiles, como es el nuestro desde hace siete décadas. Por un lado esta el peronismo tradicional con el apoyo de la CGT que todavía sostiene con matices, el sistema republicano representativo y federal y enfrente está la radicalización de La Cámpora, el Instituto Patria, el kirchnerismo, el Foro de San Pablo o el perfeccionado Grupo de Puebla que suscriben la autocracia.

 

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