Opinión

La parábola del administrador infiel y el caso de la Caja Forense

Editorial

Leyendo la entrevista que le hicieran al abogado, el Dr. Carlos Rosales Vera en Radio Valle Viejo durante un programa denominado «Mirada Ciudadana» se trato un tema sumamente delicado como la rendición de cuentas. Entre las respuestas que dio el letrado, una llamó la atención, que fue que el ex presidente de la Caja Forense, el también abogado y posible futuro camarista, Gabriel Jaime, ignorase o lo que es peor aun, negase la obligación de rendir cuentas cuando se trata de la administración de dinero ajeno.

Varios temas asaltaron nuestra mente al leer las manifestaciones del Dr. Carlos Rosales Vera. La primera, en el plano espiritual fue recordar la Parábola del Administrador infiel que cualquier cristiano puede encontrar en el Nuevo Testamento, que en otras versiones le llaman el administrador astuto, pero que en todos los casos se refiere a la deshonestidad en la que incurrió aquel a quien se le habían confiado los bienes y al no poder justificarlos, obró mal.

Debe observarse que utilizamos la palabra «confiar», cuya etimología indica lo siguiente: «La palabra está formada con raíces latinas y significa «tener total fe o lealtad». Sus componentes léxicos son: el prefijo con- (junto, globalmente), fides, lealtad (fe, confianza) y -are (terminación que indica el infinitivo de un verbo)». De tal modo que estamos expresando que en las reglas del mandato, el principal componente de la relación jurídica es la confianza que se suscita entre el mandante y el mandatario. Casi todos sabemos que Jesús enseñaba sobre la moral y las buenas costumbres a través de ejemplos de la vida real que los evangelistas denominaron parábolas.

Yendo al grano, dice Jesús  «Un hombre rico tenía un administrador a quien acusaron de derrochar sus bienes.  Así que lo mandó a llamar y le dijo: “¿Qué es esto que me dicen de ti? Rinde cuentas de tu administración, porque ya no puedes seguir en tu puesto”.  El administrador reflexionó: “¿Qué voy a hacer ahora que mi patrón está por quitarme el puesto? No tengo fuerzas para cavar, y me da vergüenza pedir limosna.  Tengo que asegurarme de que, cuando me echen de la administración, haya gente que me reciba en su casa. ¡Ya sé lo que voy a hacer!

Los abogados ingresaron sus aportes jubilatorios a la Caja Forense, confiaron en que el administrador fuera fiel y cumpliera con reglas del mandato. Pero la Caja se disolvió, entonces el dinero que había sido dado con un objetivo especifico debería ser devuelto a sus legítimos propietarios o dueños de la cosa. Lo mismo ocurrió en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hace unos años cuando se creo por medio de la Legislatura, una caja forense que fue objetada en la Justicia que declaro la inconstitucionalidad de la ley, ordenando su cierre. De inmediato se dispuso la disolución y liquidación, se nombró una Comisión Liquidadora, se cancelaron los pasivos, y el remanente se distribuyo a prorrata entre todos los abogados, a quienes incluso se les reconoció capital e intereses. La Comisión liquidadora confeccionó un balance final y puso a disposición de los interesados toda la documentación respaldatoria. Una auténtica rendición de cuentas.

Según el Evangelio de San Lucas, en Catamarca quizás ocurrió algo así como lo relata el Evangelista: «Llamó entonces a cada uno de los que le debían algo a su patrón. Al primero le preguntó: “¿Cuánto le debes a mi patrón?”  “Cien barriles de aceite”, le contestó él. El administrador le dijo: “Toma tu factura, siéntate en seguida y escribe cincuenta”. Luego preguntó al segundo: “Y tú, ¿Cuánto debes?” “Cien bultos de trigo”, contestó. El administrador le dijo: “Toma tu factura y escribe ochenta”.

Allí aparecen con fuerza, la figura del administrador infiel; el deshonesto se queda con lo que no le corresponde, mediante astucias y artimañas. Los bultos de trigo o los barriles de aceite son los aportes dinerarios que los abogados le confiaron a Gabriel Jaime y éste, al cambiarse el destino del cometido, tenía una única obligación, restituir el dinero a sus legítimos dueños. Lo raro de la situación descripta es que solo un abogado reclama y los demás observan y si él gana el pleito, algo de lo que no hay dudas, ganaran todos, incluso los pacatos. El tema merece otro análisis sociológico, o en una de esas, psicológico. ¿Qué le pasa?, ¿No reclaman lo que en derecho corresponde? De ahí que la conducta del Dr. Rosales Vera sea muy loable.

Además de la rendición de cuentas, al administrador infiel y aunque la Caja Forense se haya disuelto, es imperioso despedirlo y la forma de hacerlo es imputándole responsabilidad, que al final del proceso será de un color o de otro, civil o penal, porque ya no cumple funciones. En primera instancia, le dieron la razón a la parte actora, es que la tiene y así debería ser en todas las instancias sucesivas, ya que, como dice el Dr. Carlos Rosales Vera, la rendición de cuentas es una figura asociada a las reglas del mandato, consagradas en el Código Civil y Comercial de la Nación, casi que la rendición de cuentas como institución jurídica puede ser considerada como un Principio Rector del Derecho Civil y Comercial. Su envergadura así lo amerita.

Jesús, lleno de sabiduría tenia algo reservado todavía para el administrador infiel. Una clase magistral de como actúan los deshonestos en la vida corriente, en la Caja Forense o en los gobiernos de turno o en el Consorcio, en cualquier lugar donde exista una manda y dinero ajeno para ser administrado, para que aparezca indefectiblemente la figura rectora de la rendición de cuentas. Del mismo modos que nuestras madres lo hacía con nosotros cuando nos mandaban a hacer las compras. pan, carne y leche, pequeñas cosas… al regreso invariablemente debíamos rendir cuenta y entregar el vuelto, que era un pequeño balance: el dinero entregado para el mandado era igual a la mercadería adquirida, menos los gastos de traslado y el saldo de ambos, todo debidamente documentados. De ahí el principio de la partida doble. Si todo estaba en orden, muchas veces nuestros padres no honraban con un premio.

Y Jesús se refiere a la honradez de manera clara y contundente: «El que es honrado en lo poco también lo será en lo mucho; y el que no es íntegro en lo poco tampoco lo será en lo mucho. Por eso, si ustedes no han sido honrados en el uso de las riquezas mundanas, ¿Quién les confiará las verdaderas?  Y, si con lo ajeno no han sido honrados, ¿Quién les dará a ustedes lo que les pertenece?

Quien no rinde cuentas cuando debe hacer y no lo hace, quien es demandado a hacerlo y pierde el juicio y tampoco lo hace, ha perdido la razón. La Sentencia de Primera Instancia es una interpretación correcta y acabada de la ley que así lo estipula y además es, la confirmación temporal de las enseñanzas de Jesús. Aun sí el demandado no fuese creyente, podría preguntarle al Pastor en el Templo o al Rabino en la Sinagoga y en ambos casos, los dignatarios coincidirán con el abogado demandante y con el juez de primera instancia y seguramente con todas las instancias superiores, porque la rendición de cuentas es tan objetiva y tan evidente que no necesita ni ley escrita, ni libros sagrados, ni dignatarios religiosos, ni códigos, para ser reconocida.

Si Gabriel Jaime y compañía se niegan a rendir cuentas, se puede pensar sin temor a equivocarnos que los susodichos rinden pleitesía al dinero y si es ajeno mejor, porque lo niegan. En todo este entuerto solo un demonio o para ser más preciso, el gobierno de Raúl Jalil premia éste tipo de conductas al proponer a un enajenado de la realidad con un cargo de gran responsabilidad y transcendencia social, como es la de ser juez de alzada, un verdadero despropósito. 

Y en tren encuadrar la situación en la conciencia entre el bien y el mal, quien rinde cuentas de sus actos vinculados a la administración del dinero ajeno actúa correctamente y quien se niega a hacerlo, no exhibe ni rinde las cuentas, no hace los balances, no practica la transparencia, esta haciendo mal las cosas, en todos esos casos debemos concluir que el administrador infiel debe ser echado, entendiendo por tal a todo aquel que tenga una manda, sea administrativa, judicial o política; además debe ser juzgado y condenado pero jamás premiado. Es lo que está haciendo el gobierno de Jalil, premiando a un malhechor, administrador infiel, para que jure como Juez de Cámara. ¿Será que ellos son iguales?

¡Señores gobernantes paren esa locura!