Opinión

«Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago …» ¡Viva Perón Carajo!

Editorial 

En medio de este panorama de apocalipsis, nuestros políticos siguen en una burbuja, total los que se enferman son «los otros». Se creen invencibles, no usan barbijo, se muestran en las redes como si nada, total el Pueblo la está pasando genial. Los políticos peronistas son una casta aparte, salvando honrosas excepciones, la mayoría viven otra realidad y el lema sigue siendo siempre el mismo ¡Viva Perón Carajo!

Sonríen con facilidad porque desde hace muchos años se la rebuscan para vivir bien, tomando vinos espumantes o bebidas colas, cualquier cosa les viene bien, porque la vida, en apariencia, les cae en gracia, son todos felices. La foto es elocuente, ninguno tiene cara de sufrido. Ganan elecciones, unas tras otra, un dia eligen ser gobernador y a la mañana despiertan senador o diputado nacional, pero siempre tienen el rebusque estatal, siempre se las ingenian para dar volteretas en el aire y caer parados. Nadie recuerda en que trabajaban en la vida anterior.

Tienen privilegios de todo tipo; son empleados del Estado, se jubilan mientras son legisladores, piden licencia de otros trabajos, retienen los cargos, no sea cosa que venga la mala y se queden sin el puesto; se mueven con custodios, porque le tienen miedo a no sé qué o a no se quién. Las personas que tienen la conciencia tranquila, circulan por las calles libremente y con la frente bien alta, sin custodios; no así estos seudos «señores feudales»que lucen en sus puertas sus tremendos vehículos, cada uno con su chofer y otros, con sus camionetas de alta gama, la mayoría de las veces de la flota oficial. Sus máquinas personales reposan en los amplios garajes de sus fastuosas mansiones, en Villa Parque Chacabuco, en la zona alta o en la Avenida Ocampo.

Celebran el día de la lealtad peronista, pero ninguno de ellos vive en zona sur o en zona norte de la ciudad Capital. Se supone que «para un peronista no hay nada mejor que otro peronista», pero eso es una utopía del folclore del descamisado. La realidad es bien diferente a como te la pintan. Se acuerdan del pueblo cuando hay elecciones, en el medio solo la pasan bien y disfrutan las mieles del poder y el dinero que les sobra.

El poder parece marearlos y también de la noche a la mañana salen de sus posiciones económicas bastante apretadas para rápidamente pasar a formar parte de las clases acomodadas. El pacto de impunidad con la estructura judicial y la del Ministerio público hace que se mueven con total comodidad. Viven tranquilos, nadie los investiga a pesar que es público y notorio que se enriquecen con la función pública, todos, sin excepción. La justicia debería de una vez por todas investigar porque a ninguno le cierran los números si consideramos que sus sueldos no son muy abultados.

En el país del “viva la pepa” hoy los peronistas han subido a las redes fotos en donde se han juntado a festejar el día de “ellos”, en una clara transgresión a las normas, total la justicia no los alcanza, es solo para los ciudadanos de a pie. Se quejan de las protestas y de los banderazos, que son las protestas de los contribuyentes que están hartos de pagar la fiesta del peronismo y sus ya famosas choriceadas o de los traslados interprovinciales, como los 17 micros repletos que aportó La Rioja para los «festejos» de Buenos Aires.

Es de no creer lo que se ve en las redes o mejor dicho las redes parecen reflejar con toda crudeza la “vida paralela” de los dirigentes políticos. Una casta privilegiada que parece vivir fuera del alcance de las normas o de creer que el poder les otorga poderes especiales como en épocas antiguas en donde los gobernantes tenían enormes privilegios sobre la plebe.

No es casualidad que haya una parte de la sociedad movilizada contra todos estos atropellos y reclame el respeto a las libertades individuales. La visualización de que no les importa nada parece no ser suficiente o lo que es peor una sociedad con más del 50% de sus habitantes en la pobreza no puede percibir las injusticias ya que vive contrarreloj vivir o morir. Eso sí, cada día nos recuerdan que nos tenemos que quedar en casa, usar barbijo, mantener la distancia social, no hacer reuniones de ningún tipo… y seguimos con la cantinela y aplica «Haz lo que yo digo, no lo que yo hago». Obviamente que ninguno de ellos predica con el ejemplo.