Columnistas

Recordando a nuestro Beato en el día de su natalicio

Por Jorge F. Chayep (*)
F. M. Esquiú: su magistral oratoria y su amor y devoción por la Virgen del Valle

El 24 de octubre de 1875

Esquiú pronunció en la Iglesia Matriz de Catamarca otro de sus grandiosos sermones, en la Misa de Acción de Gracias celebrada a raíz de la reunión de la Convención Constituyente provincial encargada de reformar la Constitución  de 1855: «Omnia in ipso constant»

Comienza de manera magistral con reflexiones filosóficas y teológicas sobre la Creación, y vuelve a citar al sabio naturalista sueco Carl Linneo, por el que siente gran admiración, y al que ya trajo a colación anteriormente en otra de sus magistrales alocuciones:

《La vida, ese hecho múltiple y variadísimo que nos rodea por todas partes y que se siente en cada uno de nosotros como si cada uno fuera el centro a que converge todo lo que vive sobre la tierra,  ese hecho se ve, se toca, se siente y sin embargo es inaccesible a la inteligencia y a las fuerzas humanas》.

«La vida es un misterio que nos lleva como por la mano al reconocimiento y adoración del gran misterio, el Ser por excelencia, de Aquel que dijo en sus inefables comunicaciones con el hombre: YO SOY QUIEN SOY (Ex.III, 13); de Aquel que es la misma eternidad y toda perfección infinita y causa y razón de todo cuanto existe fuera de Él; según el Apóstol, la tierra ha sido dada en habitación a los hombres para que busquen a Dios y puedan llegar como a tocarlo, quoerere Deum si forte attrectent eum (Act. XVII, 27).

Y, en efecto,  Línneo, aplicándose a la consideración de una hoja de hierba, exclama atónito “he quedado mudo,  herido de espanto: he visto a Dios, como otro Moisés, por las espaldas…”.

La alocución de fray Mamerto continúa versando sobre temas doctrinarios centrados en los fundamentos del orden social en general y las caracte­rísticas propias del pueblo de Catamarca en particular. Luego dirige su prédica a los Señores Convencionales «…se trata de la Constitución de un pueblo, es decir, del fundamento de las relaciones que dan vida y orden a la sociedad!

Habéis hecho bien, Honorables Señores Convencionales, en venir a este templo a implorar la protección del DIOS de las naciones, cuyos cooperadores sois en esta grande obra. Hacéis bien en pedir a esta cátedra de la verdad cristiana las inspiraciones de la fe en auxilio de vuestra razón. Por mi parte, Señores, proponiéndome ser fiel a Jesucristo, en cuyo nombre hablo, y corresponder del modo posible al alto honor de llamarme hoy a esta cátedra, debo decir y repetir siempre esta sola palabra del Apóstol de las naciones: Omnia in ipso constant: todo lo que es estable, todo bien, toda verdad, la justicia, el derecho, el deber, el orden, la vida, todo subsiste en Jesucristo. Omnia in ipso constant: ¿Tratáis de la Constitución de este pueblo? Pues su fundamento es Jesucristo».

Fiel a su concepción intelectual clásica, el Fraile recordaba que «el fundamento del orden político debía ser trascendente a fin de tender ajustadamente al bien común». «…y mucho más tratándose de un pueblo de esta tierra, profundamente cristiano, devoto de  la Inmaculada Concepción …Desde su misma cuna el pueblo de Catamarca ha estado bajo la guarda de la Inmaculada Concepción, sensibilizada en esa imagen sagrada que lleva el dulce y hermoso nombre de VIRGEN DEL VALLE. Esta fue para Catamarca el objeto de su fe y de su amor; repetidas veces fue jurada patrona de la capital y provincia; y a través de tantos trastornos como se han sucedido de medio siglo a esta parte, ese amor aún subsiste; nuestra devoción y confianza en la Inmaculada Madre de Dios no han desmayado, y mucho menos su bondad y misericordia con nosotros. Hoy, pues, que se trata de un acto tan importante de la vida de este pueblo, os invito, Señores, a que renovemos nuestro antiguo juramento de fe y amor a la Virgen del Valle, a que invoquemos su protección y la confesemos llena de gracia como es:

AVE MARIA…»

Aquella convención constituyente no alcanzó a sancionar la reforma proyectada.

Esquiú fue nombrado convencional constituyente en 1878 y presentó un proyecto completo de Constitución para la provincia en ese año.

Recién en 1883 se modificó la norma provincial que comenzó a regir a partir del 9 de julio de ese año.

En este sermón, como en todas sus magistrales alocuciones, siempre está presente, e invoca, la protección de la Virgen. Su admiración y amor por la Madre lo inspiró a estudiar con ahínco, con los Padres de la Iglesia, el dogma de la Inmaculada Concepción de María.

Como vemos, las dos devociones más arraigadas en la grey católica de nuestra provincia están íntimamente relacionadas, y eso no es casual.

Todo lo que sucede tiene un propósito, por más que muchas veces no sepamos descifrarlo.

Como dijo el gran Ernesto Sábato: «No hay casualidades sino destinos. No se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo está escondido en lo más profundo  de nuestro corazón.»

Así honramos y celebramos, rememorando su magnífica oratoria y su amor por la Virgen, un nuevo aniversario del día en que, en un humilde hogar, como Jesús, vino al mundo el justo y virtuoso Varón, y a quién Dios llevó a su lado un 10 de enero de 1883, sin llegar a ver la nueva Constitución Provincial que tanto había defendido.

Seguramente, el Padre ya  lo tendrá ocupando un sitial en el lugar de los Santos.

 

 

(*) El autor de la columna es doctor en medicina