Opinión

La UCR en ebullición y Lobo Vergara otra vez en el ojo de la tormenta

Editorial

Según trascendidos en horas de la tarde del viernes, el diputado UCR Carlos Marsilli habría pedido la renuncia del jefe del Bloque radical en la Cámara Baja y ante la negativa, pegó el portazo y se fracturo el bloque… ¿Qué pasó?

La historia no es nueva y viene de bastante atrás precisamente desde antes de las elecciones de medio término, no en la provincia sino en Antofagasta de la Sierra. Esta más que claro que la designación de Luis Lobo Vergara como Jefe del Bloque Radical en la Cámara Baja fue digitada desde el Poder Ejecutivo provincial y resistida por sus pares, quienes esgrimían que su postulación estaba orientada al desarrollo de «negocios» con el oficialismo. El, el diputado Lobo Vergara, sale como vocinglero por las redes sociales autoproclamándose como el mejor opositor del gobierno de Jalil, pero los hechos son incontrastables y demuestran exactamente lo contrario de lo que él pregona. La realidad es que es el principal socio político… en las sombras. ¿Y qué tiene que ver en todo esto Oscar Castillo?, mucho, aunque parezca retirado, sigue cumpliendo el famoso pacto a rajatabla.

Volvamos a la figura del jefe del Bloque de la UCR, cuya renuncia pidió el Diputado Carlos Marsilli. ¿Por qué lo hizo? Porque hay muchas cosas que no cierran en su desempeño y labor parlamentaria, dejando más dudas que certezas, entre lo que a cuatro voces proclama y lo que efectivamente ocurre. Cuando habilitó el debate en la Cámara Baja firmando el despacho en mayoría, fue el primer acto y más trascendental, aunque el lo niegue enfáticamente. Y con el acompañamiento de los dos únicos senadores de la UCR en la Cámara Alta, concluyó la obra, para convertir en Ley el pedido expreso del gobernador, referido a los compromisos firmados por la Provincia con las empresas mineras Liex (Proyecto Tres Quebradas) y Galaxy Lithium (Sal de Vida).

Tranquilamente podríamos preguntarnos cuál es el pájaro que grita en un lado y pone los huevos en otro. Todos responderían el tero, o mejor dicho la tera, defendiendo el genero. Sin embargo la respuesta correcta es Luis Lobo Vergara, principal asesor de Julio Taritolay en Antofagasta de la Sierra y también en ésta Capital. Desarrollando sus «negocios» en dos oficinas capitalinas, una de la calle Diego Rojas 671, la Casa de Antofagasta, muy expuesta y otra más oculta, de la calle Maipú, donde la contadora Martínez, ex asesora de Hugo «Grillo» Ávila, quien ejerce de celosa custodia de los «pappers» de Julio Taritolay, tanto que cuando va al quisco a comprar gaseosas, lo hace con las siete llaves secretas en su cartera.

Él, como jefe de Bloque, es responsable juntamente con Francisco Monti, también muy cuestionado por sus erráticas conductas en múltiples situaciones (cloacas de Valle Viejo y denuncias penales contra el IPV en Valle Chico), de direccionar el voto de sus legisladores. Ambos fallaron, pero fue una falla premeditada porque tanto el Senador Cordero como la Senadora Reales, salieron a justificar lo injustificable, que fue acompañar a un oficialismo autoritario, que funciona como una verdadera autocracia, bien lejos de la democracia querida por el recordado presidente Raúl Alfonsín y más cerca en el tiempo, por nuestra querida y recordada Marita Colombo. Nada de esto sucedería si viviera Marita. Por esa razón, desde ésta línea editorial, le damos la razón al diputado Carlos Marsilli, de pedirle la renuncia a Luis Lobo Vergara, es políticamente correcta su solicitud. No olvidemos que la UCR pidió la nulidad de la media sanción, y al mismo tiempo sus senadores acompañaron el despacho y el quorum del oficialismo. ¡Un verdadero disparate! Marsilli  se quedó corto, porque también debería pedir la renuncia de Monti, a quien el saco de Presidente del Comité provincial le queda grande, y es el máximo responsable del escandalo.

Merece un párrafo, la contienda electoral por la Senaduría de Antofagasta de la Sierra, porque es allí donde nacen estos desordenes políticos que afectan la Fe Pública y la credibilidad de los dirigentes políticos aquí cuestionados. En realidad fue una lucha despiadada entre las tropas de Ángel Mercado y Raúl Jalil, uno que apoyaba a Mario Carrizo y otro a Norma Reales. Ganó la caja Jalil con apoyo más que explicito a Julio Taritolay, quien cometió todo tipo de tropelías y atropellos para imponer la figura de Normas Reales, su pareja o esposa. La disputa gira en torno a los proveedores y negocios paralelos que genera la explotación de litio en el Departamento de Antofagasta de la Sierra.

Los negocios satélites, que son muchos y variados, son administrados por los adláteres de Julio Taritolay, entre ellos, el principal que es Luis Lobo Vergara. Las evidencias son contundentes sobre ésta relación oscura, que tiene una pantalla formidable. Tanto Julio Taritolay como Norma Reales, son supuestamente radicales y fueron con la boleta de Juntos por el Cambio, pero a la hora de los bifes son más oficialistas que Jalil, lo mismo que Lobo Vergara. Tan lejos llegaron los atropellos de Taritolay, que no tuvieron empacho en agredir a la Diputada Natalia Ponferrada, quien fue enviada precisamente para eso, para recibir una agresión verbal y física por parte del entorno hostil del Intendente, quien ganó con el látigo a los becados y bajo amenazas de represalias sino votaban a Norma Reales, su esposa.

Por esa razón, es comprensible el estado de máxima ebullición reinante en la Unión Cívica Radical, porque las conductas de Luis Lobo Vergara a favor del oficialismo son indisimulables. No tiene excusas, porque su plan le salió perfecto. Y al mismo tiempo se le acabaron los argumentos, perdió autoridad y su jefatura, sustentabilidad política. Está en el ojo de la tormenta y la renuncia es el unico camino que le queda. Un ley que se sancionó sin debate, sin respetar a la minorías pronto será promulgada por el Poder Ejecutivo. Su propio partido pidiendo nulidades en la Justicia y él, convalidando al oficialismo. Es una causa perdida y él, junto con Monti, los máximos responsables.