Opinión

El Club Social transformado en un garito

Editorial

Hay noticias que en el medio de la grave crisis sanitaria duelen más que otras. La actual, consistió en descubrir que las actuales autoridades del Club Social, Club Social 25 de Agosto, según el estatuto, no solo han puesto en peligro la salud de la población permitiendo el ingreso a la sede social de una cantidad de personas que supera largamente las permitidas en las reglamentaciones vigentes por la pandemia, sino que han transformado un emblema de la ciudad y de Catamarca, en un antro de perdición del juego, en éste caso de póker.

Cuentan las crónicas periodísticas que el Club Social fue escenario de todo acto cultural que haya habido en Catamarca. Pablo Pizzurno, ofreció en su sede, el 27 de Abril de 1899, una conferencia pedagógica. Las fiestas de beneficencia para obras piadosas se realizaban en el local del Club Social.

El recordado investigador e historiador Armando Raúl Bazán hizo oportunamente una acertada síntesis la historia de la creación del Club Social. “Cuando la provincia salía de una de esas crisis recurrentes, hubo un ilustre ciudadano que advirtió la necesidad de construir para la sociedad catamarqueña un ámbito de convivencia que vinculara a las familias. Ese ciudadano benemérito fue el Doctor Joaquín Quiroga. Era sanjuanino y había llegado a Catamarca en 1865 para desempeñarse como juez nacional. Su iniciativa halló buena acogida en le gente del medio, y así nació el 25 de mayo de 1869 el Club Social con el nombre de Club Casino” . Recordemos que el doctor Joaquín Quiroga fue el padre del sabio americanista Adán Quiroga.

Inicialmente contó con la adhesión de 80 socios y la primera comisión directiva estuvo integrada por: Presidente, Dr. Joaquín Quiroga; vicepresidente, Dr. Eduardo Ruthefurt; secretario, José González; ecónomo, Eleodoro Narváez; vocales: Dr. Manuel José Navarro, Cipriano Carreras, Dermidio Ocampo, Inocencio Jiménez, Lindor Sotomayor y Santiago Díaz. La creación del Club Social contó con el apoyo incondicional del gobernador Gómez.

Leer que los comensales descubiertos en plena faena estaban gozando de una fiestita de cumpleaños causó risa. Por el contrario, los asistentes lejos de convidar torta o cotillón a los policías, intentaron huir por los techos, señal que el desbande fue general y alocado. Instantes después del allanamiento y requisa policial se hizo presente en el lugar el presidente del Club Social para constatar la entidad de los hechos y la situación del club. ¿Sabía el Dr. Arturo Navarro que el Club Social había una mesita de Póker o se le filtraron unos picaros?

La injusticia es que muchos de los que intentaron huir por los techos son gente que vive cómodamente del Estado provincial, mientras cientos de comerciantes y profesionales ven con desesperación como las reglamentaciones vigentes del coronavirus arrasan con sus fuentes de trabajo genuinas. Con el desbaratamiento de la reunión clandestina, además del sumario por infracción a las Normas del COE, la autoridad policial debería iniciar una investigación por el juego clandestino. Por otra parte, es sabido que cuando se descubre un caso, otros nueve siguen su curso, quedan impunes. Para el Club Social también existe la ley, por más que se sabe de antemano que hecha la ley, hecha la trampa. Sucede mucho y es más grave que cuando el que manda o dicho con precisión, el representante legal, es  abogado.