Cultura

Sobre la formación intelectual de Esquiú

Por Alberto Lindor Ocampo

Días atrás acerqué en esta columna algunos aportes sobre ESQUIÚ Y LAS LETRAS e ilustre con una obra del notable poeta nicaragüense Rubén Darío en las honras fúnebres del obispo Esquiú, citadas justamente en la presentación, que por el mismo motivo, Monseñor Nicolás Derisi realizara en uno de los boletines de la Academia Nacional de las Letras y que causara sorpresa en varios lectores por no ser un dato muy conocido.

Hoy, de la misma exposición, extraje lo que según Derisi, eran los autores, pensadores, teólogos, filósofos, y Doctores de la Iglesia, que nutrieron el espíritu y la formación intelectual de nuestro benemérito franciscano.

Como en otras oportunidades mi fuente principal es la obra de ALBERTO ORTIZ de 1883 ya citada en reiteradas ocasiones y que seguramente inspirarán siguientes entregas, por la riqueza casi incomparable de contenido y lo novedoso de las mismas.

Me pareció interesante incorporar algunos datos de Monseñor Derisi pues en mi caso no eran conocidos hasta ahora y puede ser que alguien más se encuentre en la misma situación.

A decir verdad, la obra literaria del nombrado, es tan asombrosa que parece ser una de las luminarias intelectuales de Argentina y vale la pena citarlo pues también de éste modo se engrandece la figura de Fray Mamerto al ser citado por tan notables intelectuales.

Seguramente no todos tendrán la paciencia para leer esta entreg,a pero aquellos interesados en el estudios del genio y figura de Esquiú se verán recompensados, como Juan Carlos Ponce y otros quién fijó la formación tomística del Fraile que se ve reafirmada en este escrito.

Octavio Nicolás Derisi: trayectoria y pensamiento del fundador de la Universidad Católica Argentina

Autores: Rodríguez, Laura Graciela | Ruvituso, Clara Inés

2012

“Octavio Nicolás Derisi (Pergamino, Argentina, 27 de abril de 1907 – Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 22 de octubre de 2002) fue presbítero, prelado con el título monseñor y arzobispo titular católico, representante del neotomismo argentino durante la segunda mitad del siglo XX, fundador en 1946 de la revista Sapientia que aún hoy se edita, en 1948 de la Sociedad Tomista Argentina y en 1958 de la Universidad Católica Argentina. Fue el séptimo de ocho hermanos, hijos de un matrimonio de inmigrantes italianos.

Estudió la Licenciatura y el Doctorado en Filosofía en la Universidad de Buenos Aires, de la que fue profesor. Fue también profesor del Seminario «San José» de La Plata y de los Cursos de Cultura Católica. Fue fundador y el primer Rector, y, posteriormente, Rector emérito, de la Universidad Católica Argentina, miembro, directivo y presidente de la Organización de Universidades Católicas de América Latina y del Consejo de Rectores de Universidades Privadas de Argentina.

Escribió casi cuarenta libros -muchos de ellos con varias ediciones-, entre los que se destacan Concepto de la filosofía cristiana, Los fundamentos metafísicos del orden moral, La doctrina de la inteligencia de Aristóteles a Santo Tomás, Naturaleza y vida de la Universidad.”

Autores: Rodríguez, Laura Graciela | Ruvituso, Clara Inés

2012

La fundación de la Universidad Católica Argentina (UCA) en 1958 marcó el comienzo de la etapa de privatización de la educación superior argentina, hasta entonces en manos del Estado nacional. Uno de los ideólogos principales de la nueva casa de estudios católica fue el filósofo tomista Octavio Nicolás Derisi (1907-2002). Como fundador y rector de la UCA (1958-1982) y filósofo político, Derisi desarrolló una concepción de universidad que contrastó principalmente con el reformismo en sus diferentes etapas de vigencia, pero que tiene puntos de encuentro con idearios universitarios presentes en otros momentos de la vida universitaria.

DIJO OCTAVIO N. DERISI EN SU DISERTACIÓN:

 

OCTAVIO N. DERlSI BAAL, XLVIII, 1983

Fray Mamerto Esquiú no fue sólo un santo religioso y obispo, modelo de virtudes sacerdotales y pastorales; fue también teólogo y sobre todo predicador de la Palabra de Dios. Más aún, en esa doctrina teológica nutría él su vida espiritual. En fray Mamerto la sabiduría se hacía vida, según el dicho de san Pablo: «OA1] 9EÚOVTE<; EV aY(XJ[lt, Haciéndonos verdad en la carídad» (Eph. IV, 13). Sin ser un profesor o un maestro bebió en las fuentes más genuinas de la Teología su formación intelectual. Ante todo lo hizo en las Sagradas Escrituras. Las leía y meditaba continuamente, sobre todo los Santos Evangelios y las Cartas de San Pablo. Sus sermones, cartas pastorales y otros escritos ponen de manifiesto el dominio escriturístico de Esquiú. Sabía de memoria en latín gran parte de los textos bíblicos. Para profundizar el estudio de la Biblia, acudió a los Santos Padres y Doctores de la Iglesia. Conoció y leyó mucho a san Juan Crisóstomo, el sabio intérprete de san Pablo. También estaba habituado a leer y consultar a san Agustin, de quien conoció varias obras y sobre todo sus Comentarios a los Evangelios. Él mismo nos dice que tenía una antigua obra completa del Santo Doctor, y lo más importante es que la frecuentaba continuamente. Cuando visitó Europa, hizo un verdadero acopio de obras fundamentales de Teología y Patrística. 16 Leía también las obras de san Bernardo, de san Francisco de Sales, de Hugo de San Victor y de nuestro fray Luis de León. Como «Apis argumentosa» sabía libar en cada autor la miel sabrosa de su doctrina y elaborar la síntesis propia. De san Buenaventura, el Doctor Seráfico de la orden Franciscana, se lamenta fray Mamerto de haberlo conocido tarde. Pero desde ese momento se nutre de él también con fruición. Pero de todos los teólogos al que más estima profesó y al que más estudió fue a santo Tomás de Aquino. Llama la atención que sin ser dominico y en una época anterior a la renovación tomista de León XIII, Esquiú haya descubierto las riquezas de santo Tomás hasta llegarlo a hacer el autor al que tal vez más cite y al que antepone a todos los otros teólogos. Él mismo nos dará la razón de esta preferencia. Porque, en primer lugar, «Santo Tomás encierra, bajo la certeza de la sencillez y humildad con que perpetuamente tiene en boca pareceres de otros, un fondo de sabiduría altísima y una riqueza propia, que es la mina inagotable de todas las inteligencias que estudian la Sabiduría verdadera». La segunda razón de su admiración y preferencia por santo Tomás, es porque Dios mismo ha confirmado la Sabiduría del Aquinate, cuando el Santo Cristo, hoy venerado en la Iglesia de S. Domenico Maggiore de Nápoles, dijo a Tomás: «Bene scrípsisti de ~e, Thoma» y añade fray Mamerto: «puede ser que en esto me engañe; pero no en creer que de los mismos santos apenas habrá quien sobrepuje al Angélico Doctor, que oyó de la Sabiduría infinita: ‘Bene scrípsisti de me, Thoma. Quam ergo mercedem accipiam? non aliam nisi Teipsum’, respondió el verdadero sabio de Jesucristo». Y con su acostumbrada humidad añade Esquiú: «rogad por este pecador, divino Tomás». Del Aquinate conocía las dos Sumas: La Teológica y la Contra Gentiles. La cita con frecuencia. También conoció otros textos del Angélico Doctor, sobre todo la Catena Aurea o Comentarios a los Santos Evangelios. Cuando quiere demostrar la existencia de Dios, acude al cap. XIII del libro I de la Suma Contra Gentiles. y todo lo que podríamos llamar el tratado de Dios de fray Mamerto se funda en gran manera en las obras de santo Tomás. Cuando en 1880 conoce la Encíclica Aeterni Patris de León XIII de 1879, restableciendo el estudio de santo Tomás en las Universidades e Institutos Católicos, Esquiú trabaja denodadamente por implantar su estudio y, siendo Obispo de Córdoba, pondrá todo su empeño en esa tarea. En Córdoba, como Obispo se empeña en refundar la Facultad de Sagrada Teología en la Universidad Nacional. Era entonces Rector Alejo Carmen Guzmán, quien también deseaba reimplantar la antigua Facultad de Teología de su Universidad. Incluso ya se 00- bian formulado las normas, de acuerdo con los cánones de la Iglesia. La Universidad propondría los profesores y el Obispo les otorgaría la Venia Docendi. El Ministro de Educación de la Nación, el Dr. Pizarro, también estaba muy conforme con esta reincorporación de la Facultad de Teología. Pero el cambio de Ministro y el advenimiento de Wilde a la cartera de Educación, frustró esta restauración de la Facultad de Teología en la Alma Mater de Córdoba. Fray Mamerto no quería ser precisamente un teólogo ni mucho menos un maestro o profesor de Teología. Para él el estudio de la misma era el alimento con que ansiaba nutrir su vida espiritual Y su predicación para dar a los fieles el pan sano de la doctrina católica bebida en sus mejores fuentes. Sin embargo, a través de sus cartas pastorales, su Diario y su correspondencia se puede ver cómo Esquiú tenía un sólido y profundo conocimiento de la Teología en todos sus sectores. Acerca de Dios ha desarrollado las pruebas de su existencia y se ha detenido en señalar can precisión filosófica y teológica la Esencia de Dios en el Esse o Ser subsistente, El Ser que es el mismo Acto de Ser o Existir. Esta conclusión de la Metafísica está confirmada por el Génesis, cuando Dios se da a sí mismo este nombre: «El que Soy». También se detiene en los atributos Divinos; la Sabiduría, la Omnipotencia y la Libertad Divinas. Pero el tema central de las meditaciones y las predicaciones de Esquiú fue Jesucristo. Ha bebido en ~an Pablo la rica doctrina sobre el S1.1vador: Verbo de Dios, Dios como el Padre, hecho hombre para poder padecer y sufrir y con su Persona Divina dar valor infinito de su Pasión y Muerte. Con la gracia obtenida con su Redención no sólo nos ha obtenido el perdón de los pecados, sino que nos ha justificado y hecho hijos de Dios. Fray Mamerto se considera el siervo de Jesucristo, y, como tal, consagró su vida a hacerlo conocer y amar, y a enseñarles a beneficiarse de sus méritos infinitos, a sus amados hijos. Como Obispo se considera el continuador de la obra del Señor: llevar su doctrina y sus méritos infinitos a las almas para santificarlas y salvarlas. ‘Sobre la fe ha escrito páginas rebosantes de doctrina y de unción. «La verdad, dice, que veremos en el cielo por la clara visión, es la que adherimos ahora con la Fe». Ofrece una doble justificación de la fe. La una sobrenatural, fundada en la autoridad de Dios revelante, es decir, en su Verdad, que no puede engañarse, y en su Veracidad, que no puede engañarnos. La segunda prueba es más natural, son los Praeambula Fidei o Motivos de Credibilidad de la Religión Católica, entre otras el hecho de la Iglesia, de su extensión universal y su perdurabilidad y el Magisterio con la inmutabilidad de la doctrina. A este propósito Esquiú se lamenta de la pérdida de la fe de mucha gente, a causa de ciertos escritos entonces en boga. Él quiere que el pueblo argentino se conserve fiel a su fe, que a la vez es el valor principal de su unión nacional. Con san Pablo desarrolla el tema de la ley y de la gracia. La Ley de Moisés, que no perdonaba los pecados; y la gracia de Cristo, que justifica al que cree y practica su doctrina. En cuanto al pecado, más que fruto de la libertad, es una servidumbre; y, en cambio, la verdadera libertad es la liberación del mismo y, en todo caso, sería una servidumbre de amor. María estuvo siempre en los labios, más todavía en la predicación de fray Mamerto, y sobre todo en su corazón. Amaba tiernamente a la Virgen, sobre todo en la advocación de Nuestra Señora del Valle. La Virgen es Madre de Dios y, por eso mismo, es nuestra verdadera Madre de la gracia, porque al darnos a Cristo, nos ha dado la vida sobrenatural cristiana. Es notable, cómo ya entonces, sin duda por influjo de su lectura asidua de San Pablo, se explaya sobre la doctrina del Cuerpo Místico de la Iglesia, que todos nosotros constituimos en Cristo, nuestra Cabeza; · adelantando se a nuestro tiempo, en que esta doctrina ha sido puesta más en relieve, sobre todo después de la Encíclica Corporis Mystici de Pío XII.”

Foto 1.-Celda de Fray Mamerto en el Convento de San Francisco.-

foto2.- Monumento a Esquiú, Plazoleta del Convento.-

3:- Mons. Octavio N. Derisi.-