Política

Sergio Massa arrinconado, Daniel Gollán levanta perfil y el paso a paso de las PASO

El titular de Diputados, tironeado por la interna. Las extrañas propuestas de ministro de Kicillof. Y otro reclamo para suspender las primarias. Pequeñeces: el propio Gobierno le achica espacio a Massa El Gobierno tiene una agenda común: permanecer unido contra viento y marea, condición que le permitió al peronismo volver al poder en 2019, y también le permitirá ser competitivo en el futuro. Pero tiene una inocultable pelea entre sus gerentes -Alberto Fernández, Sergio Massa, Cristina Kirchner, los gobernadores del peronismo del interior- por aclarar quién manda. Para que te vaya bien en política es necesario tener: 1) agenda, 2) territorio y 3) liderazgo. Como el oficialismo le regaló a Massa la bandera de este proyecto, los socios de la cúpula - Cristina y Alberto- han querido arruinarle la ventaja táctica al jefe de los Diputados. Nada del otro mundo estas peleas, que son las que libra el poder en todo el mundo, pero que revelan las luces y oscuridades de los protagonistas. El maestro ya dictaminó que la pelea por el mando "trastorna las cabezas más sólidas, da prestigio a los tontos, arrogancia a los débiles, al modesto audacia y al honrado desvergüenza" (Galdós, que aún nos guía). Desperdician una joyita del acuerdismo con la oposición El descansadero de las dos semanas cortas -de acá hasta Semana Santa- le da pausa a la agenda pública del Gobierno, que puede pasar por unos días a la clandestinidad, necesaria para disolver coágulos. Uno es la agenda legislativa, acosada por cuestiones que pueden romper el encanto del último acuerdo con la oposición. Es el que se firmó para llevar al recinto el proyecto de baja de Ganancias. Una joyita de acuerdismo, que sólo puede compararse con la que cerró el Gobierno apenas asumió con las dos leyes Guzmán -emergencia económica y endeudamiento- Si el Gobierno reconociera un liderazgo o tuviera la cabeza mejor amueblada, habría aprovechado ese éxito para sacarse de encima padecimientos como el de la peste. Alberto Fernández interrumpió el prime time del jueves para achicarle espacio a la noticia del libro de Mauricio Macri, con un sketch por cadena nacional que resucitó más inquietud que tranquilidad. En esas mismas horas, el plenario de comisiones de Diputados le había puesto el moño al proyecto que irá al debate con el voto positivo de oficialismo y oposición. Ésta se reserva algunos reproches, que plantea en particular, pero no se quiere quedar afuera del reconocimiento que se espera del público. El proyecto presume que aportará más de $ 40.000 millones al consumo de sectores medios. Después de todo es una iniciativa que quiso llevar adelante el gobierno de Cambiemos, pero que frustró el club de gobernadores peronistas que buscaron preservar su coparticipación de ese tributo. Un clásico: ahora que gobiernan echan mano del proyecto heredado. Biopolítica: refluye la batalla petróleo vs. agro La oposición lee clarito que el oficialismo no quiere mucho escenario legislativo, en un intento de amordazarla para que, con el paso, del tiempo, se mitiguen los efectos del vacunagate y de la crisis en el Ministerio de Justicia, dos torpedos al Gabinete que le sacaron a Alberto sus ministros más fieles. El fin de semana que pasó, el interbloque de Juntos por el Cambio hizo tres reuniones de mesa y resolvieron pedirle a Massa alguna claridad sobre cuándo habrá sesiones. No les inquieta Ganancias, pero sí biocombustibles. Este proyecto viene del Senado, pero ha sido frenado por la lucha entre los gigantes del lobby de los combustibles fósiles con el de los productores agropecuarios. Estos reclaman la prórroga del actual régimen, que obliga a mezclar alcoholes vegetales con hidrocarburos. El sector afirma que el biocombustible cuesta entre 20% y 90% más que las naftas y el gas oil que sustituyen. Y que además tienen costo fiscal, porque no pagan los impuestos que las naftas y el gas oil sí pagan. El Gobierno tira por el medio, y promovió para este lunes una sesión de la Comisión de Energía para discutir con el secretario del área un proyecto de ley integral para el sector. La oposición y legisladores del peronismo federal -dígase de Santa Fe, Córdoba, etc.- tienen pedidas sesiones especiales para tratar la prórroga. Rechazan el debate del nuevo proyecto porque creen que es una táctica para demorar. Piden prórroga primero, y después lo que quieran. Las sesiones especiales son decorativas cuando las llama la minoría, pero si te junta, ahí te quiero ver. Hay nervio entre los protagonistas de una pelea tan sorda como grande, por los intereses que representan. Pero también porque atraviesa a todas las fuerzas. El proyecto de biocombustibles lo promueve Máximo Kirchner, que viene de Santa Cruz. O sea, una provincia identificada con la economía extractiva de recursos. Enfrente están la oposición de Juntos por el Cambio y el peronismo de provincias agropecuarias como Córdoba y Santa Fe. Esta disposición de fuerzas mezcla -diría Habermas- conocimiento e interés. Una lucha por el cobro de pesos puede atravesar la batalla por el poder electoral. El peronismo nacional no puede desairar al peronismo de las provincias, sean petroleras o agropecuarias. Cada vez que hizo, terminó dividido. Ruido en los altos de Gollán, que busca sacar ventaja Agrava las cosas la crisis de autoridad en la cúpula, que aflora en muchos temas. Uno es la peste. El brote de Gildo Insfrán en la reunión de los gobernadores con Alberto se amortiguó desde el poder (aunque Nicolás Wiñazki lo contó en este diario). El formoseño, enojado, criticó a Alberto por sus dichos que iban en línea, cree, con los fallos de la Corte, que lo autorizan a él. Van, criticó, contra la autonomía de las provincias. Alberto, que cree que la política es un juego que se despacha en el área de cobertura de la TV, le respondió: escuchá lo que dije en Canal 9. Paren las rotativas. Paren las rotativas. Lo que sí podría parar alguna rotativa es el alarde poder que ensayó el ministro de salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán. Junto a funcionarios con barbijo como Carla Vizzotti y el ministro porteño Fernán González Bernaldo de Quirós, defendió a Insfrán en términos casi de rebeldía: “Las decisiones sanitarias las tomamos en el Poder Ejecutivo, no en el Poder Judicial ni en el Congreso, ni en los medios”. Los médicos creen, como los abogados, que deberían gobernar la sociedad, como antes los poetas y los filósofos. Gollán se fue por los altos del ídem porque por encima de las jeringas y los supositorios están las leyes, que protegen incluso a quienes quieren perder la salud. Hay países como España que han legislado la eutanasia y el suicidio asistido – ocurrió esta semana. El ministro le ganó la pelea a Ginés en el Gobierno, y ahora va por más con este intento de imponer reglas discutibles en cualquier tribunal. Un Nelson por acá, para hablar de médicos políticos Nelson Castro deberá dictaminar sobre la megalomanía del médico gobernante. De Arturo Illia se recuerda que, siendo presidente, en días de calor, usaba el camisolín blanco y almidonado de su profesión. A los visitantes les preguntaba por la evolución de los cuadros clínicos de sus madres (sabiendo de antemano cuáles eran). Se recuerda que lo hizo ante los diputados opositores del neoperonismo, como Paulino Niembro y Valentín Luco. Otro médico del poder, el recordado Alfredo Avelín, te recibía en el despacho de la gobernación de San Juan, antes de escucharte, te tomaba la presión. ¿Querés más? Los radicales aún recuerdan al mítico Manolo Jaroslavsky, que fue presidente de la UCR Capital en los años 60 y que recibía a los jóvenes restregándose las manos y mirándolos a los ojos con la frase: “A vos te voy a meter el dedo en culo”. Producía un efecto paralizante que no mitigaba la explicación que intentaban quienes lo conocían: “No le hagás caso, lo que pasa es que es proctólogo”. En efecto, este Jaroslavsky era médico y tenía esa especialidad escatológica. Trabajó en el Hospital Israelita y era tío del “Chacho” Jaroslavsky. Menos mal que Gollán es sanitarista y no cardiólogo. Los cardiólogos son una raza aparte entre los médicos, y se sienten llamados a gobernar el mundo desde su ciencia imperial, que imponen por sobre las otras especialidades médicas. Les ocurre a los constitucionalistas entre los abogados. Creen lo mismo sobre la superioridad de su especialidad. Las PASO, paso a paso Frente a estos mordiscos en las botamangas, Alberto reacciona con silencio. O pide que vean Canal 9. O que vayan a otra ventanilla. En Catamarca el gobernador de La Rioja Ricardo Quintela, el “Gitano”, se quejó en la reunión de gobernadores del Norte Grande, de que no sale la suspensión de las PASO. Lo mandó a que busque votos en el Congreso. “Juntos por el Cambio no quiere, salvo Gerardo y Gustavo (por Morales y Valdés, gobernadores radicales de Jujuy y Corrientes) que están acá presentes. Tampoco lo quiere gente nuestra en el Congreso". Agregó, sublimando el asunto: “Si todo colapsa veremos”. La oposición tolera, como la justicia electoral, una postergación de las PASO a septiembre, pero no una suspensión. Por eso la Cámara Nacional Electoral ya mandó el cronograma de los comicios de este año. Pide, además, que el Congreso apruebe el proyecto, para darles a las autoridades de los partidos políticos las atribuciones tiene los congresos partidarios. Las elecciones de este año son distritales y hay alrededor de 600 partidos inscritos. De ellos, más de 250 están flojos de papeles, porque no sesionaron los órganos partidarios por la peste. Esa ley les permitirá regularizarse. Si no, quedan fuera de juego. Raro: conmovieron a la esfinge (Lavagna) El Consejo Regional del Norte Grande es un club de provincias que convocó en forma presencial y no virtual, a Raúl Jalil (Catamarca); Jorge Capitanich (Chaco); Gustavo Valdés (Corrientes); Gildo Insfrán (Formosa); Gerardo Morales (Jujuy); Ricardo Quintela (La Rioja); Oscar Herrera Ahuad (Misiones); Gustavo Sáenz (Salta); Gerardo Zamora (Santiago del Estero), y Juan Manzur (Tucumán). Es lo más ordenadito que se ha inventado en los últimos tiempos. Se esmera Capitanich para empujarlo, y ya logró conmover a Roberto Lavagna, que es como hacer hablar a la esfinge. El ex ministro los saludó porque consiguieron una baja de aportes patronales en la región, para crear empleo. Una señal para el debate interno, porque desmiente la doctrina peronista de que esas medidas no mejoran el empleo. En abril se reúnen en Misiones y van a anunciar otra iniciativa del Norte Grande, una sociedad multipartidaria que representa a la Argentina normal, pese a que ahí se siente Insfrán, que se sale de la normalidad o quiere imponer la propia. Es la baja de tarifas a los combustibles en las provincias que integran el grupo, porque se pagan sobreprecios que desencuadran cualquier negocio. Los candidatos que dijeron que no La llegada de Martín Soria puede verse desde dos miradas: o es un fracaso de la gestión o es un complot de palacio contra Cristina. Otra consecuencia de la suma de debilidades que soporta el Gobierno desde su asunción. Se anulan las leyendas corrientes de la oferta explicativa: una es la que dice que Cristina captura el gobierno y le impone cambios en los ministerios. La realidad es que ni Carla Vizzotti ni Soria son de ella. El manejo de la Justicia lo tiene el Instituto Patria a través de Juan Martín Mena y Horacio Pietragalla; María Laura Garrigós de Rébori en el ministerio; Gerónimo Ustarroz en el Consejo de la Magistratura (por donde se lo ve menos desde que renunció Losardo, seguramente tiene tareas en algún despacho informal, en la sede del ministerio); y Oscar Parrilli, Leopoldo Moreau y Roberto Tailhade en el Congreso. Este equipo que responde a Cristina no se mueve. Hay leyendas sobre que Alberto Iribarne y Julio Alak rechazaron el cargo, porque no les habilitaron cambios en la segunda línea. Soria, que quiso ser ministro, aceptó las condiciones. Es otra ironía de este peronismo. Le sobran abogados destacados, pero le dan el ministerio a un debutante como Soria. De la misma manera, le sobran economistas, pero el manejo en el Congreso se lo dan al comunista manso Carlos Heller. Quizás esto explica las dificultades que tiene el Gobierno para que algo le salga bien. Soria le evita al cristinismo poner en el puesto vacante a un representante que la exponga a Cristina, en un debate en el que pierde cada día más. Losardo se va porque en su vacunatorio no ha ofrecido ninguna solución, después de más de un año de gestión, para que la justicia le alivie a la vicepresidenta de sus cadenas. “Trabajan para nosotros”, ríe la oposición Si hubiera que imaginar una estrategia para complicarle más la vida a Cristina, los pasos que ha tomado Alberto pueden servir de inspiración. "Trabajan para nosotros", se repitió mucho el jueves en el Centro de Exposiciones, adonde Macri presentó el libro de Pablo Avelluto y Hernán Iglesias Illa. Todas las señales agresivas del oficialismo han provocado una catarata de decisiones judiciales que han desairado la agenda del peronismo gobernante. Es indemostrable que no sea una respuesta corporativa al ataque del oficialismo. Si el objetivo era defender la causa de Cristina, o fracasó el Gobierno, o tiene sentido pensar en una racionalidad alternativa: que sea un objetivo oculto de los socios de ella en la trifecta, que no le vaya bien. El producto de esta política es que los procesamientos se prolongan en el tiempo, y, salvo algún giro drástico -un indulto, por ejemplo- seguirá en los próximos años caminando por los tribunales. Se trata de mantener sus causas en función piloto y en situación de empapelamiento -en España llaman "empapelar", desde hace siglos, a lo que acá los cursis llaman "lawfare"-. Titanic básico: si ella se salva, se hunden Alberto y Massa. Si ella se hunde, se salvarían sus socios. Indulto, veneno sanador: como las vacunas La palabra indulto es venenosa, pero lo han pedido Raúl Zaffaroni y Hebe de Bonafini. Los senadores del oficialismo reclamaron a los jueces una absolución, en una carta que puede valer para un indulto. El nuevo ministro reclama que los jueces hagan algo porque ella no tiene nada que ver. No dijo con qué. ¿Será Soria el ministro del indulto? Una medida así terminaría con el madrinazgo de Cristina sobre Alberto y Massa, pero ese matricidio requiere poder de quien lo firma, hacia adentro y hacia afuera. Un indulto tiene un alto costo político. Lo pagó Carlos Menem con el indulto a los militares, que le costó una división en el peronismo que había juntado 5 millones de votos en las presidenciales de 1995. Pero terminó con la hipótesis del golpe militar. Menem tenía mucho poder y se arriesgó a firmar el perdón de esos procesados, algo que discute la mitad de la biblioteca. Alberto ha dicho que un perdón a procesados debería darlo el Congreso con una ley. Pero que él podía cerrar juicios a procesados como Cristina. Lo hizo José Félix Uriburu con Hipólito Yrigoyen en 1932 y Juan Perón con Ricardo Balbín en 1951. Firmar un perdón a Cristina la mostraría como presunta inocente y presunta culpable, pero la dejaría herida para nuevas aventuras políticas. También el público no peronista le cobraría ese costo a Alberto. Gerald Ford necesitaba sacarse de encima a Richard Nixon después del Watergate y lo indultó, pese al costo que tuvo: perder la reelección con Jimmy Carter en 1977. En febrero de este año el nuevo presidente de Bolivia Luis Arce promovió un indulto a Evo Morales y a más de un millar de sus “hermanos” y “compañeros”. Ignacio Zuleta Publicado en Política

Pequeñeces: el propio Gobierno le achica espacio a Massa

El Gobierno tiene una agenda común: permanecer unido contra viento y marea, condición que le permitió al peronismo volver al poder en 2019, y también le permitirá ser competitivo en el futuro. Pero tiene una inocultable pelea entre sus gerentes -Alberto Fernández, Sergio Massa, Cristina Kirchner, los gobernadores del peronismo del interior- por aclarar quién manda. Para que te vaya bien en política es necesario tener: 1) agenda, 2) territorio y 3) liderazgo.

Como el oficialismo le regaló a Massa la bandera de este proyecto, los socios de la cúpula – Cristina y Alberto- han querido arruinarle la ventaja táctica al jefe de los Diputados. Nada del otro mundo estas peleas, que son las que libra el poder en todo el mundo, pero que revelan las luces y oscuridades de los protagonistas. El maestro ya dictaminó que la pelea por el mando «trastorna las cabezas más sólidas, da prestigio a los tontos, arrogancia a los débiles, al modesto audacia y al honrado desvergüenza» (Galdós, que aún nos guía).

Desperdician una joyita del acuerdismo con la oposición

El descansadero de las dos semanas cortas -de acá hasta Semana Santa- le da pausa a la agenda pública del Gobierno, que puede pasar por unos días a la clandestinidad, necesaria para disolver coágulos. Uno es la agenda legislativa, acosada por cuestiones que pueden romper el encanto del último acuerdo con la oposición. Es el que se firmó para llevar al recinto el proyecto de baja de Ganancias. Una joyita de acuerdismo, que sólo puede compararse con la que cerró el Gobierno apenas asumió con las dos leyes Guzmán -emergencia económica y endeudamiento-

Si el Gobierno reconociera un liderazgo o tuviera la cabeza mejor amueblada, habría aprovechado ese éxito para sacarse de encima padecimientos como el de la peste. Alberto Fernández interrumpió el prime time del jueves para achicarle espacio a la noticia del libro de Mauricio Macri, con un sketch por cadena nacional que resucitó más inquietud que tranquilidad. En esas mismas horas, el plenario de comisiones de Diputados le había puesto el moño al proyecto que irá al debate con el voto positivo de oficialismo y oposición. Ésta se reserva algunos reproches, que plantea en particular, pero no se quiere quedar afuera del reconocimiento que se espera del público.

El proyecto presume que aportará más de $ 40.000 millones al consumo de sectores medios. Después de todo es una iniciativa que quiso llevar adelante el gobierno de Cambiemos, pero que frustró el club de gobernadores peronistas que buscaron preservar su coparticipación de ese tributo. Un clásico: ahora que gobiernan echan mano del proyecto heredado.

Biopolítica: refluye la batalla petróleo vs. agro

La oposición lee clarito que el oficialismo no quiere mucho escenario legislativo, en un intento de amordazarla para que, con el paso, del tiempo, se mitiguen los efectos del vacunagate y de la crisis en el Ministerio de Justicia, dos torpedos al Gabinete que le sacaron a Alberto sus ministros más fieles. El fin de semana que pasó, el interbloque de Juntos por el Cambio hizo tres reuniones de mesa y resolvieron pedirle a Massa alguna claridad sobre cuándo habrá sesiones. No les inquieta Ganancias, pero sí biocombustibles.

Este proyecto viene del Senado, pero ha sido frenado por la lucha entre los gigantes del lobby de los combustibles fósiles con el de los productores agropecuarios. Estos reclaman la prórroga del actual régimen, que obliga a mezclar alcoholes vegetales con hidrocarburos. El sector afirma que el biocombustible cuesta entre 20% y 90% más que las naftas y el gas oil que sustituyen. Y que además tienen costo fiscal, porque no pagan los impuestos que las naftas y el gas oil sí pagan.

El Gobierno tira por el medio, y promovió para este lunes una sesión de la Comisión de Energía para discutir con el secretario del área un proyecto de ley integral para el sector. La oposición y legisladores del peronismo federal -dígase de Santa Fe, Córdoba, etc.- tienen pedidas sesiones especiales para tratar la prórroga. Rechazan el debate del nuevo proyecto porque creen que es una táctica para demorar. Piden prórroga primero, y después lo que quieran.

Las sesiones especiales son decorativas cuando las llama la minoría, pero si te junta, ahí te quiero ver. Hay nervio entre los protagonistas de una pelea tan sorda como grande, por los intereses que representan. Pero también porque atraviesa a todas las fuerzas. El proyecto de biocombustibles lo promueve Máximo Kirchner, que viene de Santa Cruz. O sea, una provincia identificada con la economía extractiva de recursos. Enfrente están la oposición de Juntos por el Cambio y el peronismo de provincias agropecuarias como Córdoba y Santa Fe. Esta disposición de fuerzas mezcla -diría Habermas- conocimiento e interés. Una lucha por el cobro de pesos puede atravesar la batalla por el poder electoral. El peronismo nacional no puede desairar al peronismo de las provincias, sean petroleras o agropecuarias. Cada vez que hizo, terminó dividido.

Ruido en los altos de Gollán, que busca sacar ventaja

Agrava las cosas la crisis de autoridad en la cúpula, que aflora en muchos temas. Uno es la peste. El brote de Gildo Insfrán en la reunión de los gobernadores con Alberto se amortiguó desde el poder (aunque Nicolás Wiñazki lo contó en este diario). El formoseño, enojado, criticó a Alberto por sus dichos que iban en línea, cree, con los fallos de la Corte, que lo autorizan a él. Van, criticó, contra la autonomía de las provincias. Alberto, que cree que la política es un juego que se despacha en el área de cobertura de la TV, le respondió: escuchá lo que dije en Canal 9. Paren las rotativas.

Paren las rotativas. Lo que sí podría parar alguna rotativa es el alarde poder que ensayó el ministro de salud de la provincia de Buenos Aires, Daniel Gollán. Junto a funcionarios con barbijo como Carla Vizzotti y el ministro porteño Fernán González Bernaldo de Quirós, defendió a Insfrán en términos casi de rebeldía: “Las decisiones sanitarias las tomamos en el Poder Ejecutivo, no en el Poder Judicial ni en el Congreso, ni en los medios”. Los médicos creen, como los abogados, que deberían gobernar la sociedad, como antes los poetas y los filósofos. Gollán se fue por los altos del ídem porque por encima de las jeringas y los supositorios están las leyes, que protegen incluso a quienes quieren perder la salud. Hay países como España que han legislado la eutanasia y el suicidio asistido – ocurrió esta semana. El ministro le ganó la pelea a Ginés en el Gobierno, y ahora va por más con este intento de imponer reglas discutibles en cualquier tribunal.

Un Nelson por acá, para hablar de médicos políticos

Nelson Castro deberá dictaminar sobre la megalomanía del médico gobernante. De Arturo Illia se recuerda que, siendo presidente, en días de calor, usaba el camisolín blanco y almidonado de su profesión. A los visitantes les preguntaba por la evolución de los cuadros clínicos de sus madres (sabiendo de antemano cuáles eran). Se recuerda que lo hizo ante los diputados opositores del neoperonismo, como Paulino Niembro y Valentín Luco. Otro médico del poder, el recordado Alfredo Avelín, te recibía en el despacho de la gobernación de San Juan, antes de escucharte, te tomaba la presión.

¿Querés más? Los radicales aún recuerdan al mítico Manolo Jaroslavsky, que fue presidente de la UCR Capital en los años 60 y que recibía a los jóvenes restregándose las manos y mirándolos a los ojos con la frase: “A vos te voy a meter el dedo en culo”. Producía un efecto paralizante que no mitigaba la explicación que intentaban quienes lo conocían: “No le hagás caso, lo que pasa es que es proctólogo”. En efecto, este Jaroslavsky era médico y tenía esa especialidad escatológica. Trabajó en el Hospital Israelita y era tío del “Chacho” Jaroslavsky.

Menos mal que Gollán es sanitarista y no cardiólogo. Los cardiólogos son una raza aparte entre los médicos, y se sienten llamados a gobernar el mundo desde su ciencia imperial, que imponen por sobre las otras especialidades médicas. Les ocurre a los constitucionalistas entre los abogados. Creen lo mismo sobre la superioridad de su especialidad.

Las PASO, paso a paso

Frente a estos mordiscos en las botamangas, Alberto reacciona con silencio. O pide que vean Canal 9. O que vayan a otra ventanilla. En Catamarca el gobernador de La Rioja Ricardo Quintela, el “Gitano”, se quejó en la reunión de gobernadores del Norte Grande, de que no sale la suspensión de las PASO. Lo mandó a que busque votos en el Congreso. “Juntos por el Cambio no quiere, salvo Gerardo y Gustavo (por Morales y Valdés, gobernadores radicales de Jujuy y Corrientes) que están acá presentes. Tampoco lo quiere gente nuestra en el Congreso». Agregó, sublimando el asunto: “Si todo colapsa veremos”.

La oposición tolera, como la justicia electoral, una postergación de las PASO a septiembre, pero no una suspensión. Por eso la Cámara Nacional Electoral ya mandó el cronograma de los comicios de este año. Pide, además, que el Congreso apruebe el proyecto, para darles a las autoridades de los partidos políticos las atribuciones tiene los congresos partidarios. Las elecciones de este año son distritales y hay alrededor de 600 partidos inscritos. De ellos, más de 250 están flojos de papeles, porque no sesionaron los órganos partidarios por la peste. Esa ley les permitirá regularizarse. Si no, quedan fuera de juego.

Raro: conmovieron a la esfinge (Lavagna)

El Consejo Regional del Norte Grande es un club de provincias que convocó en forma presencial y no virtual, a Raúl Jalil (Catamarca); Jorge Capitanich (Chaco); Gustavo Valdés (Corrientes); Gildo Insfrán (Formosa); Gerardo Morales (Jujuy); Ricardo Quintela (La Rioja); Oscar Herrera Ahuad (Misiones); Gustavo Sáenz (Salta); Gerardo Zamora (Santiago del Estero), y Juan Manzur (Tucumán). Es lo más ordenadito que se ha inventado en los últimos tiempos. Se esmera Capitanich para empujarlo, y ya logró conmover a Roberto Lavagna, que es como hacer hablar a la esfinge.

El ex ministro los saludó porque consiguieron una baja de aportes patronales en la región, para crear empleo. Una señal para el debate interno, porque desmiente la doctrina peronista de que esas medidas no mejoran el empleo. En abril se reúnen en Misiones y van a anunciar otra iniciativa del Norte Grande, una sociedad multipartidaria que representa a la Argentina normal, pese a que ahí se siente Insfrán, que se sale de la normalidad o quiere imponer la propia. Es la baja de tarifas a los combustibles en las provincias que integran el grupo, porque se pagan sobreprecios que desencuadran cualquier negocio.

Los candidatos que dijeron que no

La llegada de Martín Soria puede verse desde dos miradas: o es un fracaso de la gestión o es un complot de palacio contra Cristina. Otra consecuencia de la suma de debilidades que soporta el Gobierno desde su asunción. Se anulan las leyendas corrientes de la oferta explicativa: una es la que dice que Cristina captura el gobierno y le impone cambios en los ministerios. La realidad es que ni Carla Vizzotti ni Soria son de ella. El manejo de la Justicia lo tiene el Instituto Patria a través de Juan Martín Mena y Horacio Pietragalla; María Laura Garrigós de Rébori en el ministerio; Gerónimo Ustarroz en el Consejo de la Magistratura (por donde se lo ve menos desde que renunció Losardo, seguramente tiene tareas en algún despacho informal, en la sede del ministerio); y Oscar Parrilli, Leopoldo Moreau y Roberto Tailhade en el Congreso.

Este equipo que responde a Cristina no se mueve. Hay leyendas sobre que Alberto Iribarne y Julio Alak rechazaron el cargo, porque no les habilitaron cambios en la segunda línea. Soria, que quiso ser ministro, aceptó las condiciones. Es otra ironía de este peronismo. Le sobran abogados destacados, pero le dan el ministerio a un debutante como Soria. De la misma manera, le sobran economistas, pero el manejo en el Congreso se lo dan al comunista manso Carlos Heller. Quizás esto explica las dificultades que tiene el Gobierno para que algo le salga bien. Soria le evita al cristinismo poner en el puesto vacante a un representante que la exponga a Cristina, en un debate en el que pierde cada día más. Losardo se va porque en su vacunatorio no ha ofrecido ninguna solución, después de más de un año de gestión, para que la justicia le alivie a la vicepresidenta de sus cadenas.

“Trabajan para nosotros”, ríe la oposición

Si hubiera que imaginar una estrategia para complicarle más la vida a Cristina, los pasos que ha tomado Alberto pueden servir de inspiración. «Trabajan para nosotros», se repitió mucho el jueves en el Centro de Exposiciones, adonde Macri presentó el libro de Pablo Avelluto y Hernán Iglesias Illa. Todas las señales agresivas del oficialismo han provocado una catarata de decisiones judiciales que han desairado la agenda del peronismo gobernante. Es indemostrable que no sea una respuesta corporativa al ataque del oficialismo. Si el objetivo era defender la causa de Cristina, o fracasó el Gobierno, o tiene sentido pensar en una racionalidad alternativa: que sea un objetivo oculto de los socios de ella en la trifecta, que no le vaya bien.

El producto de esta política es que los procesamientos se prolongan en el tiempo, y, salvo algún giro drástico -un indulto, por ejemplo- seguirá en los próximos años caminando por los tribunales. Se trata de mantener sus causas en función piloto y en situación de empapelamiento -en España llaman «empapelar», desde hace siglos, a lo que acá los cursis llaman «lawfare»-. Titanic básico: si ella se salva, se hunden Alberto y Massa. Si ella se hunde, se salvarían sus socios.

Indulto, veneno sanador: como las vacunas

La palabra indulto es venenosa, pero lo han pedido Raúl Zaffaroni y Hebe de Bonafini. Los senadores del oficialismo reclamaron a los jueces una absolución, en una carta que puede valer para un indulto. El nuevo ministro reclama que los jueces hagan algo porque ella no tiene nada que ver. No dijo con qué. ¿Será Soria el ministro del indulto? Una medida así terminaría con el madrinazgo de Cristina sobre Alberto y Massa, pero ese matricidio requiere poder de quien lo firma, hacia adentro y hacia afuera. Un indulto tiene un alto costo político. Lo pagó Carlos Menem con el indulto a los militares, que le costó una división en el peronismo que había juntado 5 millones de votos en las presidenciales de 1995. Pero terminó con la hipótesis del golpe militar. Menem tenía mucho poder y se arriesgó a firmar el perdón de esos procesados, algo que discute la mitad de la biblioteca.

Alberto ha dicho que un perdón a procesados debería darlo el Congreso con una ley. Pero que él podía cerrar juicios a procesados como Cristina. Lo hizo José Félix Uriburu con Hipólito Yrigoyen en 1932 y Juan Perón con Ricardo Balbín en 1951. Firmar un perdón a Cristina la mostraría como presunta inocente y presunta culpable, pero la dejaría herida para nuevas aventuras políticas. También el público no peronista le cobraría ese costo a Alberto. Gerald Ford necesitaba sacarse de encima a Richard Nixon después del Watergate y lo indultó, pese al costo que tuvo: perder la reelección con Jimmy Carter en 1977. En febrero de este año el nuevo presidente de Bolivia Luis Arce promovió un indulto a Evo Morales y a más de un millar de sus “hermanos” y “compañeros”.

Ignacio Zuleta