Opinión

La Justicia Federal, un traje a medida del poder político

Editorial

El tiempo pasa y nada favorece a la masa de acreedores estafados por Edgar Adhemar Bacchiani y su pantalla favorita ADHEMAR CAPITAL. En los concursos y quiebras, la masa tiene quien los represente, que es el Síndico del Concurso, aunque en la Argentina el sistema no funciona bien, no porque no esté bien pensado sino por la corrupción estructural que existe en los ámbitos tribunalicios, donde ciertos institutos, son la plataforma de lanzamiento de los mafiosos que se llenan los bolsillos con el sufrimiento de la gente.

La historia de Bacchiani no es otra cosa que el famoso “cuento del tío”.  En América del Sur, éste cuento tiene muchos adeptos, siendo el Rio de La Plata, en ambas orillas, donde más se ha desarrollado. Es un tipo de estafa donde se combinan tres factores: la ambición desmedida, la confianza y en cierta medida la ingenuidad. Y un cuarto factor que surgiría de un análisis profundo de las ciencias sociales, al que nos referimos en otro párrafo.

Resulta llamativo que el Juez Miguel Ángel Contreras haya tomado licencia fuera de los tiempos de la feria judicial de verano y de invierno, en coincidencia manifiesta con el viaje a la Ciudad de Buenos Aires de Andrés Emilio “El Tronco” Jalil para entrevistarse y contratar un abogado penalista de nota, como se dice en el fuero. Viajó sólo en el avión de Aerolíneas Argentinas y regreso con el letrado, que seguramente asumirá la defensa técnica, quizás ya la haya asumido, previa entrega de un «canuto» de dólares billetes de cara grande, de entre cinco y seis cifras. Una causa compleja, donde el juez increiblemente se toma licencia o mejor dicho se efuma, es apta para favorecer a cualquier supuesto complice, probable participe primario o secundario, para que pueda armar su defensa de la mejor manera, teniendo en cuenta que el abogado defensor de las víctimas ha pedido su detención en reiteradas oportunidades. Pero el Juez no está y a resultas del caso, pareciera que el Fiscal tampoco, dos impresentables. Todo lamentable.

Volviendo al tema de las víctimas, es posible conjeturar que sí un sociólogo dedicara sus investigaciones y estudios al fenómeno de la estafa piramidal en Catamarca, hallaría un denominador común, una especie de fenotipo en la idiosincrasia de los sujetos estafados, ese sería sin dudas la codicia, también llamada avaricia, uno de los 8 pecados capitales enumerados en el siglo IV d.C. por el asceta Evagrio el Póntico. Creer o haber creído que fuera posible que alguien pudiera pagar tasas astronómicas en dólares como lo hacía el pelado, combina todos los factores sociologicos y morales aquí descriptos.

Y a ese caldo de cultivo se le agrega el condimento adecuado, objeto de este editorial, de referirnos a quienes tienen la obligación de administrar justicia y no lo hacen, porque saben que los damnificados en su mayoría son un conjunto de personas con alto grado de codicia, y además personas que pecaron de ingenuas y que confiaron en el ex “trader god”, que los engatusó y hoy claman con desesperación por sus ahorros, que ya no están más, y que muy posiblemente y gracias a la Justicia Federal, nunca regresen al lugar de origen, es decir a «sus colchones».

Y el estafador lo sabe. Siempre supo que el suelo catamarqueño era fértil para desarrollar sus trapisondas, pero no el único, también cayeron en sus garras los tucumanos, mendocinos y cordobeses, es que la codicia no tiene nacionalidad ni ideología. El tiempo siempre jugó a su favor, mientras cometía sus fechorías y ahora, a pesar de ser preso VIP que altera estadías y vacaciones en un neuropsiquiatrico, sabe que el tiempo sigue siendo su gran aliado. El tiempo y sus vínculos con el poder, factores decisivos para lograr la tan ansiada impunidad, porque en las estafas, el dinero va para todos lados y jamás regresa adonde estaba.

Sus relaciones con el poder político le sirven de salvoconducto porque mientras él no hable, los indicios contra «el tronco»  deberán se probados. Preocupa al gobierno de Jalil la situación procesal de su hermano, aunque allí saben que el bailecito en el bailable no es una prueba ni muchos menos, como tampoco lo es mirarse como enamorados, porque por esa época la levantaban con pala; hay otros factores que están tornando la situación como evidente, que son los movimientos de fondos de la fundación y del Sanatorio Junín, encendieron todas las alarmas por la proximidad que tiene la cuestión con la familia, a pesar que se han dividido los bienes, estos movimientos pudieron haber ocurrido antes de la división.

El Juez Federal con su «licencia» le está dando tiempo al hermano del gobernador para que arme su defensa y eventualmente de la fundación y de la sociedad anónima. No debemos olvidar que «El tronco» fue reiteradamente señalado como un pocero, o como uno de los principales aportantes que construyeron la pirámide desde el inicio y que mostraron el camino, hicieron campaña, buscaron incautos, exhibieron credenciales del dividendo, y así se fue armando la mayor estafa financiera de toda la historia de Catamarca, que tiene para el poder político un traje a medida, como es la Justicia Federal y el Ministerio Público.

Un traje que en la jerga de los sastres era una confección cuyo diseño partía de un patrón creado para cada hombre o mujer, que se ceñia a sus medidas en forma concrenta y específica. Contreras y Reynoso fueron puestos allí por el poder politico, precisamente para cubrir ésta urgencia, para ceñir y confeccionar un situación procesal apta ante el peligro que representa el escenario para el establishment político. La licencia de Contreras y el viaje a Buenos Aires de «El tronco» forman parte de la misma confección hecha a medida… ¿Se entiende?