Opinión

Amenazas y cotillón en el día de la lealtad peronista

Editorial

Sin dudas, que a nivel país, fue un 17 de octubre raro. No hubo masividad a nivel nacional y lo poco que se observó fue una tropa disciplinada por el clientelismo y el cotillón, que como ya es costumbre, incluye una logística muy aceitada por los gremios con el apoyo del gobierno a travéz de los sistemas de planes. En la avenida 9 de Julio se observaron grupos de piqueteros con sus familias, banderas y viandas, al fin y al cabo ese es su «trabajo», concurrir a las marchas, hacer número aunque cuando se los consulta no saben muy bien para que fueron ni que se celebra el 17 de octubre.

Eso en los aspectos formales y para que el folclore peronista tuviera éxito en un marco adecuado, para decir algo que ya estaba planeado de antemano. Un mecanismo de relojería para pergeñar un metamensaje, propio de los mafiosos. La cuestión de fondo planteada conjuntamente por el gremio de camioneros y La Campora, con Pablo Moyano y Máximo Kirchner como arietes, ya apunta a esmerilar lo que será el próximo gobierno de Juntos por el Cambio.

La amenaza no fue solapada sino directa, con la inquietante frase «Van a tener cada quilombo» dirigida a Mauricio Macri, quién dicho sea de paso aun no ha definido si se presentará como candidato a presidente. Todavía no perdieron pero ya juran más violencia política. Esta parte del movimiento fundado por Perón, es la peor,  constituida por los violentos que no aceptan las reglas de juego que impone la democracia y entonces recurren a la violencia política, que puede ser material o verbal, como si esa fuera la solución delos problemas de la gente, cuando la máquina de impedir no les funciona. Por eso es tan importante rescatar y apoyar al otro peronismo, al que defiende la democracia y la República y que no es violento.

En su discurso dirruptivo de la economía, el hijo predilecto de Cristina, volvió a recurrir a la gastada y agotada dialéctica kirchnerista haciendo hincapie en  la cuestión de la liquidación de la soja, «que la levantaron con pala» y que llenó los bolsillos de los agricultores y dejó si un plato de alimento a la gente. Sería oportuno que Máximo Kirchner hiciera un reparto justo y equitativo de los más de $ 100.000.000.- que atesora en plazos fijos en los bancos. Le pega al campo y se olvida que la Argentina del kirchnerismo nos lleva nuevamente a ser unos de los países con más alta inflación del Planeta Tierra o se olvida que ya estamos en los tres digitos anuales y la fabrica de pobres que es el peronismo en cualquiera de sus versiones, está a full.

A nivel local, la troupe oficialista, la burguesía peronista por antonomasia que gobierna Catamarca, la que vive de los cargos y disfruta las mieles del poder eterno, se trasladó a Pomán, bastión del ultra kirchnerista Francisco Gordillo, de oscuro paso por el Ministerio de Educación, del que huyó como rata por tirantes. El despliegue de recursos fue infernal y del mismo modo que lo hace Máximo Kirchner el dinero del cotillón es aportado por el Estado. Nunca un peronista, o mejor dicho un burgés peronista sacará plata de su bolsillo para financiar estas fiestitas del folclore de la lealtad. Por supuesto que después del 17 de octubre donde todos los falsos son leales, viene el 18 de octubre, San Perón, donde es un feriado obligado porque nadie puede ir a laburar después de un día de «joda y chupi».

 

El peronismo de Jalil, Corpacci, Blas, Dusso festeja la lealtad con vinos espumantes, mientras el otro peronismo, el sindical brinda con agua  y lanza la “Corriente Político-Sindical Peronista”, con Mesa Chica ampliada de la CGT nacional que avanzo con la organización del acto propio para conmemorar los 77 años del Día de la Lealtad Peronista. Es decir que por más que se muestren «unidos», están más divididos que nunca y preocupados porque los próximos cuatros años serán de vacas flacas. En otras palabras ¡Están desesperados!

Un párrafo especial merece Inés Blas quien cuestiona la peronización del partido por parte de la CGT, preguntando si ella no es peronista. La verdad es que ni Blas ni el kirchnerismo son peronistas sino que apuntan más al colectivismo latinoamericano del Grupo de Puebla y el Foro de San Pablo, que propugnan el socialismo castrochavista que obviamente no es peronista aunque Inés Blas se ofenda, cuando muchos afiliados pretendan «peronizar el partido».

Reiteramos, para que se entienda, el Kirchnerismo, del que Inés Blas es una de sus máximas figuras junto a su amiga y socia, Lucía Corpacci, usan al partido peronista de Catamarca como una cáscara, pero en realidad son otra cosa, extraña, por cierto. Y celebramos al peronismo que rechaza estas ideas que nada tiene que ver con su escencia, porque definitivamente quienes gobiernan Catamarca desde hace casi 12 años son kirchneristas y lo que Catamarca necesita recuperar en forma urgente es el peronismo auténtico, con todas sus falencias, pero que es el peronismo que las bases quieren recuperar, basta observar las fotos para darse cuenta.