Opinión

El peronismo le declara las “hostilidades” al gobernador

Editorial

Se acercan las elecciones y Raúl Jalil comienza a ver la cara de sus enemigos políticos, que de a poco lo van cercando, con nuevas designaciones y operaciones periodísticas o encuestas que nadie puede comprobar. Porque el peronismo, kirchnerismo incluido, le han declarado la “hostilidad”, algo así como una guerra, pero de tono político y hoy el Gobierno recibe más ataques de la tropa interna que de la oposición, su gran aliada.

Del propio gabinete de Jalil se hacen circular y se mandan a publicar, como dijimos en el párrafo anterior, encuestas contra el mandatario, hachando la base del árbol que lo sostiene e indicativas de un futuro negro para él.

El mejor ejemplo de encuesta comprada a la medida de Corpacci, fue la que encargo Rubén Dusso, el vicegobernador, donde afirma que 7 de cada 10 catamarqueños consultados no quiere votar en las PASO. Claro. Lucía Corpacci dice que quiere las primarias y Jalil no. Lo cierto es que la gente, el ciudadano de a pie no le cree a ninguno de los tres y están hartos de los políticos y sus peleas de poder.

En realidad, se trata de una puesta en escena, para sostener la discusión por cuáles espacios de poder tendrá cada sector de cara a la renovación de autoridades provinciales. Para Jalil postularse a la reelección es más fácil sin las PASO, en tanto que los amagues de Corpacci para hacerlas, forman parte del “jueguito” que hacen Lucía y Rubén para ablandar a Raúl. Mientras tanto, los jubilados no llegan a fin de mes y 1 de cada 4 jubilado es pobre o vive en un ambiente de pobreza estructural.

Hay legisladores y ministros que ya hablan con más ferocidad que los radicales, y todo se explica por la definición de las candidaturas, donde todos quieren meter la nariz y están convencidos de que atacar al jefe es el mejor camino, sobre todo porque saben del pacto secreto de Jalil con Rodríguez Larreta y Frigerio, y no les gusta ni medio.

Raúl no es Lucía Corpacci. Raúl ganó en 2019 gracias a Corpacci, pero él no tiene seguidores fieles ni fuerza para agrupar a todos. Por eso la interna está en llamas, y hacen fila para decir que mide mal, que tiene imagen negativa, que nadie lo apoya, que no tiene equipo o que el mismo es muy reducido. El Plan A es que Jalil vaya por la reelección. Pero quieren hacerle pagar un precio alto amenazándolo con restarle apoyo. Jalil es el Alberto Fernández catamarqueño, desde el primer día y lo seguirá siendo.

La ironía es que hay ministros puestos por Jalil que lo están traicionando en su propia cara, que largaron su campaña haciéndose los díscolos por un lado y cabeceando para decir sí Raúl, por el otro. Está lleno de traidores, pero esa no es ninguna novedad y menos en el peronismo. Como el corpacismo estaba un tanto relegado (Lucía se ocupó de reacomodar su tropa) y el jalilismo siguen siendo una agrupación con estructura municipal, no existe como línea política ni tiene fuerza a nivel provincial, es Raúl y nada más, las segundas líneas salen desbocadas ante la inminencia de las elecciones.

Hacen operetas de prensa, andan a full con WhatsApp y las redes sociales, atacan al gobierno diciendo que no es peronista, que hace negocios, que mete todos radicales y la guerra recién empieza.

Algunos hasta se atreven a imaginar alguien que le haga frente al gobernador en una interna, y todos miran a ver quiénes se anima a dar el primer paso para romper. Porque ahora la mayoría de los movimientos se hacen a escondidas, mandando al frente a militantes o periodistas comprados a tratar de instalar el tema. Nadie se anima a dar el salto, a sacar los pies del plato, porque saben que no será gratis. La realidad es la interna es un tembladeral. Todo este triste espectáculo mientras la conflictividad social sigue creciendo al mismo ritmo que los descomunales índices de inflación.

Jalil no tiene aliados políticos. Todo lo que puede hacer es disciplinar con la lapicera y la chequera, pero ahora no le alcanza, porque justamente es la chequera y la lapicera lo que le quieren sacar, aunque son épocas de vacas flacas con el brutal ajuste del ex aliado Sergio Massa, un ajuste que se hace sin contemplaciones y que está dejando heridos a grandes sectores de la población, en especial los más vulnerables como los discapacitados, las areas de salud, la educación y la clase pasiva, cuya canasta básica es  de $ 107.000 y el promedio de la mínima no llega a $ 40.000.-

Detrás de esa feroz pelea, da la impresión que el oficialismo se está tirando tiros en los pies, y jugando con fuego porque no le sobra nada como para creer que tiene la próxima elección ganada. No vaya a ser que la oposición aproveche para sacar ventaja mientras los peronistas se pelean entre ellos y no precisamente reproduciéndose como decía Perón, comparando a los gatos con los peronistas y los ruidos que emiten ambos en ciertas ocasiones.

El viejo “peronómetro” está de regreso, y Jalil se enfrenta a su mayor desafío: demostrar que puede liderar y ordenar el partido puertas adentro. Sin ayuda, muchos creen que es imposible, porque nunca condujo y porque no es peronista en el sentido estricto de la palabra y eso lo sabe todo el mundo.

¿Qué pasará? Hay mucho en juego y en el gobierno nadie confía en nadie. Se encendió la mecha de una interna brutal que puede ser peor que la elección general, un tiempo de hostilidades sin cuartel entre tres facciones, el peronismo, el kirchnerismo y el jalilismo. Veremos quien saca los trapos blancos y quien los rojos.