Opinión

La vieja trampa del dinero fácil

El truco es en realidad muy antiguo. Cumplió más de cien años, pero muchos incautos siguen cayendo en la trampa del sistema piramidal, cuya invención se atribuye a un inmigrante italiano que hizo de las suyas en Estados Unidos en 1920. Carlo Ponzi ideó un negocio con cupones postales y consiguió que muchos invirtieran. La promesa de ganancias de hasta un 100 por ciento en tres meses atrajo a la gente en masa. Solo que Ponzi no ponía los fondos obtenidos en el negocio propuesto, y por lo tanto no generaba ganancias para sus inversionistas, sino que, al comienzo al menos, les pagaba con el dinero de aquellas personas que se iban sumando. La estafa se descubrió, muchos perdieron grandes cantidades y Ponzi fue a parar a la cárcel.

Hasta el día de hoy, se lo conoce como «esquema Ponzi”. Y se mantiene en el fondo el mismo principio: el negocio funciona mientras vaya creciendo el número de participantes. Cuando eso deja de ocurrir, se acaba la multiplicación del dinero y la pirámide colapsa.

La tentación del dinero fácil es lo que hace caer a muchos en el engaño. «Algunos creen que los grandes rendimientos ofrecidos son como encontrar oro puro. No entienden que, tal como está el sistema financiero actualmente, es casi imposible alcanzar rendimientos de un 18 o hasta un 20 por ciento mensuales. Es una locura creer eso”.

«El fraude es la profesión más antigua del mundo». Eso es lo que cree la psicóloga Maria Konnikova, autora de El juego de la confianza, un best-seller en el que recorre una serie interminable de fraudes que desafían no solo a la lógica, sino, también, a la imaginación más desquiciada.

Lo cual crea una pregunta: ¿Por qué el ser humano es tan proclive a estafar y a ser estafado?

Para Konnikova, la respuesta es simple: el ser humano siempre cree que merece más de lo que tiene. Es, en el fondo, la versión psicológica del Árbol del Bien y del Mal bíblico: lo que ofrece la serpiente es ser como Dios. O sea, más de lo que ya se es. La historia del fraude «es la historia más vieja jamás contada. La historia de creer, de la necesidad humana básica, irresistible, universal, de creer en algo», como explica en su libro esta discípula del filósofo Steven Pinker, que estudió psicología en Harvard y se doctoró en Columbia con una tesis en la que explora «el efecto de los estados emocionales en la habilidad para tomar decisiones y ejercer autocontrol».

Pero el ego no sólo juega por el lado de la víctima. También por el del estafador. Porque, en la mayoría de los casos, lo que el timador quiere, según Konnikova, no es dinero. «Lo que le motiva es el poder sobre las demás personas. Por eso, los grandes defraudadores suelen acabar arruinados».

Actualmente, con el auge del trading y los negocios digitales, los esquemas piramidales comenzaron a ocultarse detrás de las “academias de finanzas”, muy publicitadas en el último tiempo por gente que jura ganar cifras muy elevadas mensualmente. Las propuestas incluyen mensajes motivacionales que buscan atraer cada vez más público y reunir personas “con ganas de crecer”. 

“Desde hace siglos que, con distintos nombres, estas estafas aparecen cada tanto, sobre todo en épocas de carencia materiales. Las complicaciones para llegar a fin de mes hacen que estos esquemas se vuelvan mucho más tentadores. Se difunden a través del boca en boca muchas veces, por parte de las primeras personas que los integran que son las que sí cobran”.

“Detrás de la novedad, el desconocimiento y el atractivo económico impulsado por el crecimiento del precio de varios criptoactivos durante los últimos años, con Bitcoin a la cabeza, estos esquemas encontraron una forma de ponerse un nuevo disfraz para llevar adelante su actividad delictiva”.