Opinión

«Bacchiani, Blas & Jalil y Asociados», la estafa continua …

Editorial

En la mañana de este viernes se conoció que el hermano del Gobernador de la Provincia, pero a su vez, compadre del principal acusado, decidió presentarse ante la Justicia Federal, y sumarse a la larga lista de personas que afirman haber sido engañadas por el «tradergod«.

Andrés Emilio Jalil, quien mantenía una relación de amistad con Bacchiani desde hace varios años, rompió el vínculo entre ambos, aduciendo haber sido estafado y con un perjuicio a su patrimonio de $ 16.350.000. Un vuelto.

La denuncia de Jalil se radicó en la semana pero recién se conoció en la mañana de este viernes en los tribunales federales de la ciudad de Catamarca, donde a diario se van sumando otras denuncias en contra del titular de Adhemar Capital, como así también de otras financieras que habrían incurrido en prácticas similares.

Bacchiani permanece detenido desde hace dos semanas en la delegación de la Policía Federal, a disposición del juez federal Miguel Contreras, como así también de la fiscal de Córdoba Valeria Rissi, sindicado por una incontable cantidad de hechos de estafa, intermediación financiera no autorizada, lavado de activos y asociación ilícita.

 

El hermano del gobernador administrador de unos de los sanatorios más importantes de la Capital catamarqueña, se había mostrado muy cercano al trader en estos últimos años, a tal punto que era padrino de bautismo de uno de los hijos de Bacchiani. Públicamente se trataban de “compadre”. También era asiduo concurrente a las suntuosas fiestas que organizaba Bacchiani, en donde se los veía bailar juntos y mirarse con mucha admiración.

Incluso días antes de que se produjera la detención, el titular de la financiera había estado internado en el sanatorio de Jalil, aduciendo algunas dolencias por las que iba a someterse a una intervención quirúrgica, lo cual finalmente no sucedió, ya que terminó detenido. En realidad, en esa «internación» terminaron de urdir la maniobra de la denuncia. La alta exposición mediática de ambos, impedía una reunión para fijar la estrategia procesal. Entonces, un nuevo ardid se puso en practica.

Más que una cirugía a Bacchiani, tenían que plasmar una cirugía a la Justicia y a los ahorristas, con una maniobra que les hiciera tomar distancia entre ellos. Nótese que la querella en Fiscalía fue después de la supuesta «internación» y no antes. Y la «internación» fue en el sanatorio del Grupo Jalil, lugar ideal para «reunirse» y acordar con «el poder» los pasos a seguir.

Hasta podríamos decir que se trata de una crónica policial. Creer que la patraña de la denuncia es veraz, sería infantil. La estafa continua y siguen subestimando el intelecto de la opinión pública y más grave aun, de los inversores damnificados y defraudados. 

No es una nota policial, es mucho más grave. La cifra por la que el compadre hace la denuncia es un chiste si se la compara con los dinerillos en dólares billete que invirtió el Clan Jalil en la cueva del pelado. Parece ser que le reclama el vuelto y suena a pantalla, no es creíble. La impresión que da es que se trata de una cortina de humo o un posicionamiento en el rol de victima que claramente no lo tiene. Una forma sutil de desmoronar el «affectio societatis» entre los compadres es precisamente denunciándolo, o peor aun es querellándolo, total a Bacchiani no se le mueve un pelo, en el sentido literal de la palabra.

La denuncia penal es una pretendida forma de decirle a los cientos de victimas, que él esta en el mismo grupo que todos y no en el vereda de Bacchiani. Que a nadie le quede dudas, se trata de una asociación ilícita, cuyo cabecillas indiscutibles son Bacchiani, Blas y Jalil. Pero no son los únicos, porque hay más.

Por caso, tanto la Justicia Federal como la Fiscalía Federal, no son ajenos a la maniobra de la «internación» de Bacchiani. En notas anteriores dijimos que entre los ahorristas, había pescados gordos y que entre estos pescados había, jueces, fiscales, intendentes, abogados, empresarios, todos los cuales guardan un silencio sepulcral o en términos tribunalicios, «mutis por el foro».  Si es verdad que la Justicia Federal está investigando el lavado de activos (caratulas de las causas), es ahí precisamente donde hay que investigar a fondo, el origen de los dineros invertidos y su justificación en la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), que dicho sea de paso, sería interesante saber que rol juega en toda esta investigación poco seria.

Es oportuno recordar el concepto de estafa en la ley penal: «Será reprimido con prisión de un mes a seis años, el que defraudare a otro con nombre supuesto, calidad simulada, falsos títulos, influencia mentida, abuso de confianza o aparentando bienes, crédito, comisión, empresa o negociación o valiéndose de cualquier otro ardid o engaño». Bacchiani «que está alojado en Unidad Coronaria. Según se pudo saber, habría ingresado con un posible caso de Accidente Cerebro Vascular (ACV) a raíz de un trastorno neurológico» indicó El Ancasti, vocero oficial del gobierno de Jalil. ¡MENTIRAS! calidad simulada, influencia mentida, ardid, engaño, etc. Pretenden tomarnos por boludos.

El famoso baile, fue más bien la danza de los millones choreados a los incautos y desprevenidos inversores. La mirada cómplice entre ellos mientras bailaban y se miraban a los ojos, no fue otra cosa por advertir que estaban concretando el despojo más importante de su existencia. Por más que lo desmientan, Jalil fue el gran pocero de Bacchiani, fue quien le arrimo a la estafa piramidal unos cuantos peces gordos que se comieron los pescaditos, y esa situación fue la que generó ese famoso bailecito de la felicidad.

Para que se entienda y la gente no se confunda, Bacchiani, Blas & Jalil y Asociados, no era un buffet de abogados, sino una sociedad de estafadores, un banda delictual, una sociedad de conveniencia oculta, que operó dentro de Adhemar Capital S.R.L.. Bacchiani, Blas y Jalil no sólo fueron socios de la estafa, fueron victimarios que por su fraudulentos accionar convirtieron a cientos de inversores pequeños, en víctimas irreversibles del delitos de estafa. Las victimas, son quienes están sufriendo los daños de la perversa sociedad. Victimarios y víctimas, por lo tanto, funcionan por oposición y nunca vimos a Jalil desempeñar el rol de víctima, como hubiese sido lo correcto. Ser denunciante es más una estrategia procesal que cualquier otra cosa que nos quieran hacer creer. Ser querellante después de ese despreciable «baile», es en definitiva un nuevo ajuste de tuerca en la estafa piramidal y con un encubrimiento agravado.

Reiteramos que el remedio procesal primordial para llegar a la verdad, no es la Justicia Federal, ni siquiera el Ministerio Público, sino la intervención de las sociedades con desplazamiento de los órganos gerenciales, la inhibición general de bienes, el secuestro de bienes y el embargo de todas las cuotas sociales. Es insólito, que alguien que está privado de su libertad, despojado de sus derechos, siga diciendo desde su lugar de detención, que su intención es seguir administrando y pangando. Es un disparate total y absoluto.