Opinión

La alquimia kirchnerista produce ministros ricos

Editorial

Cuando Cambiemos depuro ANSES de militantes de La Cámpora y de funcionarios que habían logrado quedarse en planta permanente, con sueldos y cargos altos, en Catamarca el destino quiso que se fuera un emblema del kirchnerismo de la generación intermedia, de él estamos hablando, de unos de los que se fue, no tan cabizbajo como se verá, que producto de la alquimia, es precisamente hoy el ministro más rico del gabinete, cuyo nombre, por resultar obvio, no lo mencionaremos. Nuestro lectores sabrán interpretar a quién nos referimos.

Ese despido, con abogados de por medio, significó una indemnización importante, pero nada tan sustancial que justificara un casamiento a todo trapo, pompas y circunstancias, puro glamour, luna de miel en el Caribe, románticos paseos en yate y la compra de un terreno muy importante en La Estancita. Fue el inicio de una persistente escalada hacia las mieles del poder. El hábil funcionario, revestido de socialista K, defensor del lenguaje inclusivo y del pensamiento único, comenzó la descomunal trepada, como si fuera una partida de ajedrez, donde se colocan la fichas en el tablero para dominar la partida, y de ser posible ganarla, por jaque mate o abandono. Así, para llegar a la meta es necesario moverlas adecuadamente y con un plan bien pensado.

Primero movió el caballo, salto a la peonada y logró ubicar a su hermano en el directorio de la EC SAPEM de Energía; luego movió peones por varios frentes, pero esos movimientos fueron menores e irrelevantes; si lo fue, el hecho de jugar la torre -su cuñada- a la secretaría de Salud del municipio de la Capital que comanda Gustavo Saadi y recientemente, y luego de mucho pensar, finalmente se decidió y movió la dama, al colocar a su mujer (esposa) como jueza de la provincia.

La suerte del diputado, con una licencia actual de dudosa procedencia, fue distinta a la de cualquier joven militante peronista. Una cosa es militar desde las bases y otra bien distinta es militar desde las alfombras rojas, donde todos los caminos se allanan y las puertas se abren. Su candidatura buscaba un puesto clave, la preciada silla de Guerrero. Hizo todo para alcanzar la meta. Se prestó a ser testimonial encabezando la lista de diputados provinciales, a sabiendas que de no concretar su propósito, esa no era su siguiente parada. Ahora está de moda ganar y perder. Ganó y perdió, pues no logró la presidencia de la Cámara: Cecilia Guerrero sigue, entonces el cheto prefirió seguir al frente del Ministerio sensible, donde se tejen los manejos de las fuerzas de seguridad, nada menos.

Pero claro, la diferencia de Caja era notable, entre la Cámara de Diputados y el Ministerio de Seguridad, y también los resortes del poder, que en la Legislatura provincial son mayores. En consecuencia, se quedó con las manos semi vacías, el militante trepador y otras cosillas, como era su obsesión, y por qué no, ambición. Pero en las negociaciones logró colar cargos importantes, jugo el otro alfil y logró ubicarlo en una posición expectante, dentro del Poder Legislativo; Secretario Administrativo en Diputados. El dato no es menor, así se ganan lo espacios de poder. Se negocia en grande, luego se recoge la baraja. De manual, kirchnerista y peronista.

De ese modo, siguiendo prácticamente todos y cada uno de los pasos de su “fiel” amigo, el siempre polémico y controvertido mandamás de Fray Mamerto Esquiú, a quien tampoco nombraremos sino de una forma indecorosa conforme a sus malas costumbres: «el tira mierda», en referencia al vertido clandestino de efluentes cloacales en los ríos de su distrito. Ambos, el cheto y el tira mierda, encontraron el refugios ideal para mover sus damas a la Justicia local, un forma indisimulable de sumar poder y asegurarse impunidad, por las dudas algún día pisen el «palito» y trastabillen. A estas alturas obsérvese, que el ministro rico, escalador y ambicioso como pocos, tiene fuerte presencia en los tres poderes.

Por supuesto que nadie le quita mérito al progreso profesional de los familiares, pero en estos años, han logrado un nivel de vida superlativo, un tremendo ascenso social y un futuro envidiable, al que pocos acceden en la provincia de Catamarca, donde la igualdad de oportunidades o la posibilidad de tener una vida digna, es una quimera…  un sueño o ilusión, producto de la imaginación, o anhelos que se persiguen toda la vida, porque en la provincia es muy improbable que alguien que no sea de las familias del poder, progrese, como son por ejemplo los casos, del ministro cheto y el intendente tira mierda.

“El Cheto”, porque es así como le dicen en el ambiente político, habla constantemente de futuro, es fanático de las redes, la buena imagen y un obsesivo de las formas y las apariencias. Le gusta vestirse bien, moderno, onda «men fashion» y nada de  repetir conjuntos, tal como si fuera un top model. Encima es carilindo y tiene billetera, claro, de la teta del Estado.

En realidad, los hechos no trascienden porque el ministro cheto o rico,  cuenta con avales mediáticos y una corporación que el maneja a la perfección y no les teme porque sabe como domesticarlos, con el manual de Néstor. Casi siempre, “El Cheto” aparece con cara de bueno, se muestra sencillo, correcto, de buenos modales, hasta busca la austeridad de su vestimenta para parecerse un Máximo Kirchner catamarqueño. Un político de la imagen y la poca gestión. De jeans y zapatillas pero con muchos viajes y giras; una sacrificada vida llena de privilegios.

La alquimia K produce tipos mediáticos, ambiciosos, ricos y fulleros, de esos que esconden la carta. El ministro es conocido en la política por sus compañeros, como individualista y personalista; le gusta la foto con los Movimientos Sociales y agrupaciones de fuerzas de seguridad, con planes del Estado; pero él es el principal beneficiado, el clásico señor feudal de la Edad Media, a quienes los súbditos le rendían pleitesías. En su carrera como abogado, solo en dos oportunidades y por un par de meses o cortos periodos, mantuvo el ejercicio profesional en forma privada, es que claro, con el estudio jurídico solo, suceden dos cosas muy desagradables: una es que hay que trabajar en serio para parar la olla y otra más sombría, es que decae el nivel de vida. Nada como la teta del Estado, la alquimia kirchnerista, para hacerse rico y tener poder.