Opinión

Se fue a la banquina

Editorial

No vale la pena dar nombres porque todos los lectores sabrán rápidamente a quien nos referimos. Estamos viviendo una campaña atípica en un país anormal. Atípica porque por primera vez en la historia de la joven democracia argentina, una fuerza no peronista obtendrá en forma consecutiva, durante tres elecciones sucesivas, más del 40 % de los votos del electorado. Un dato no menor que alienta a cualquiera de los actores que juegan dentro de una coalición que se mantiene firme a pesar de los ruidos internos, que son muchos y variados, a soñar con con otros horizontes políticos.

Pero la campaña también es atípica porque se da en un marco que de ningún modo puede calificarse de post pandemia, porque sólo estamos en un «veranito» que según algunos epidemiólogos, puede terminar en un rebrote hacia el mes de marzo de 2023.  Según los especialistas, las pandemias aparecen cada cien años y duran en promedio, tres años. Se votó en la PASO en un clima de baja asistencia de electores y se estima que el 14 de noviembre próximo aumentarán los guarismos de concurrencia ciudadana, y las estadística que arrojaron los resultados  de las primarias abiertas simultaneas y no tan obligatorias, se mantendrán igual, incluso los analistas políticos estiman que habrá un crecimiento en los porcentuales de las fuerzas opositoras.

En ese contexto y en plena campaña, los argentinos estamos siendo sometidos, como en habitual en tiempos electorales, a la maquinaria de las promesas vanas y a la promoción indiscriminada de expectativas que jamás se cumplirán. Así, encender  la radio, prender la tele o navegar por las redes, implica tragarse una parafernalia de publicidad electoral difícil de digerir. Y los ansiados debates para algunos ilusos. Los debates en la Argentina son de baja estofa, no son debates sino cadenas de acusaciones, pases de factura y diatribas entre enemigos que literalmente se odian o un poco más suave si quiere, se detestan.

Para colmo de males, estamos asistiendo al pobre espectáculo que brinda el presidente de la Nación y de otras noticias que llegan de arrepentidos dispuestos a declarar y decir la verdad sobre la casta gobernante.  Claro, por estas horas nos estamos enterando que Guido Antonini Wilson trajo 21.000.000 de dólares para la campaña de Cristina Fernández de Kirchner (2007), parte de los intereses que Chávez le facturó a la Argentina cuando Kirchner devolvió un préstamo del FMI, la tasa era inferior al 3 % y la tasa de Chávez, superior al 10 %, es decir que esos fondos traídos desde Venezuela, podrían haberse generado en la diferencia de tasa. Fueron muchas valijas con «retornos», sobornos, lavado e infinidad de delitos, no investigados, claro, estamos en un país anormal.

Aunque resulte un tanto ridículo explicar a esta altura cual es el sentido que tiene el debate en una sociedad civil organizada que se apresta a elegir a sus legisladores, los debates tienen la finalidad de dar a conocer ante el electorado, las plataformas electorales de los partidos, frentes o agrupaciones políticas. Nadie sabe nada ni propone nada porque la política en la Argentina se ha transformado en un trabajo y dejó de ser un servicio a la comunidad hace muchos años. Con un sistema electoral de principios del siglo XX, obsoleto y anticuado, la oferta de políticos probos escasea de manera notable.

Así las cosas, un ignoto ex diputado catamarqueño, con el mandato cumplido y en busca de notoriedad, quizás pérdida por su propia inoperancia, tuvo la infeliz ocurrencia de opinar sobre el pobre debate que hicieron los principales candidatos  a diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires. Y lo hizo de la peor manera, utilizando un lenguaje soez, inapropiado para un ex legislador y abogado y con una evidente falta de educación. No viene al caso reproducir los términos que utilizó para calificar a la candidata del Frente de Todos, pero sin lugar a dudas fue una falta de respeto a su persona, a su condición de mujer y a su dignidad personal.

Literalmente, el dirigente en cuestión, ex legislador provincial, se fue a la banquina con sus desatinadas declaraciones y seria justo oportuno que pidiera disculpas, no sólo a la persona injuriada sino a todas las mujeres, porque con sus manifestaciones no solo insulta a una persona en particular sino que además fue una falta de respeto al genero, en tiempos donde se trata de reeducar al vulgo con una cuestión que es esencial. Sus dichos reflejan sus sentimientos y no debemos pasar por alto que el ex diputado es un hombre casado con hijos y en esta oportunidad ha sido un mal ejemplo no solo para su familia, que es grave, sino para la sociedad en su conjunto.  Cuando se reponga del despiste, el ex legislador debería renunciar a su carrera política por  falta de idoneidad.