Opinión

Pobre Justicia, te hicieron pelota

Editorial

Por dos acciones realizadas por el gobierno de Raúl Jalil como fueron la ampliación de los miembros de la Corte y la eliminación del Concejo de la Magistratura, la confianza en la Justicia catamarqueña disminuyó notablemente. No obstante, la cuestión se remonta a varios años atrás, ya que los detractores del sistema no son los últimos gobernantes sino la casta envalentonada que se cree dueña del poder y que todos sabemos quiénes son.

Esto fue casi coincidente con la embestida del gobierno nacional sobre los jueces por lo que cabe concluir que el ataque al tercer poder de la República es sistemático y tiene una única usina de generación: el kirchnerismo. Pero como toda regla, admite excepciones, no en los seguidores K, sino en sectores más moderados del peronismo.

En noviembre del año pasado la consultora Isonomía y la agrupación Abogados de Pie realizaron una encuesta entre 2000 personas en todo el país.

Las principales conclusiones del trabajo fueron que el descreimiento en la justicia va en aumento. El 79% de los argentinos tiene poco o nada de confianza en la justicia y el 71% no creen en la independencia de la justicia del gobierno de turno. Casi 9 de cada 10 tienen una imagen negativa de los jueces, a quienes reclaman honestidad, ser veloces y transparentes.

El mismo trabajo ya se había efectuado en el año 2015 y en la relación al mismo, se detectó que entre uno y otro, la desconfianza aumentó un  6%. Esta realidad reflejada por la encuesta a nivel país, Catamarca no es ajena.

En la Argentina, en general, hay una escasez muy marcada de representantes en las instituciones (la Iglesia, las obras sociales, sindicatos, etc.), y en especial en la política, que  no da a la gente soluciones esperadas desde hace décadas. Argentina es un país estancado donde la dirigencia se destaca por la baja o nula capacitación para la gestión. Y los resultados están a la vista.

Todo esto en Catamarca es palpable porque el avance sobre la Justicia por el poder político es evidente, primero el aumento de los miembros de la Corte durante el gobierno de Lucia Corpacci, en donde los dos miembros que ingresaron, en este caso con antecedentes, pero que evidentemente había una connotación política en las designaciones. En la segunda ampliación, la última, fue peor ya que los dos miembros que ingresaron carecían de antecedentes y el único motivo por el que fueron nombrados son intereses políticos y contubernios a espalda de los ciudadanos.

También es preciso referirnos a la designación de muchos magistrados con nulos antecedentes y que solo hay motivaciones políticas o de parentesco con alguien del poder político. Carecen de idoneidad y son designados por consanguinidad o afinidad. Prima el parentesco o el amiguismo.

No solo ha habido casos de falta de idoneidad profesional  sino también de intentos de nombrar magistrados de dudosa reputación como era el caso, si se concretaba, de Gabriel Jaime, cuya designación fue frenada en la Comisión de Acuerdos del Senado provincial gracias a una serie de notas publicadas en El Pucará. Un indicador pavoroso de lo mal que está el sistema republicano en la provincia de Catamarca, donde no existe conciencia entre el bien y el mal porque literalmente esta todo mal y olvidaron por completo los valores de la democracia como estilo de vida.

Con este panorama es común escuchar a los abogados de dilatada trayectoria en el foro local aconsejar a sus clientes de no litigar debido a la falta de garantías que brinda la justicia catamarqueña. Viene a la ocasión un párrafo preciso que refiere específicamente al objetivo de este articulo editorial. Al respecto el Columnista del Diario La Nación Claudio Jacquelin afirmó “La politización de la Justicia y la judicialización de la política son dos caras de esa moneda devaluada en la que se ha convertido a la república y al funcionamiento democrático”.

Los políticos y los gobernantes ya no tienen margen, pobre Justicia, te hicieron pelota. Seguirán con sus falsas promesas, pero esa es la cruda realidad y la pura verdad que justifica aquella afirmación que sin Justicia no hay República. Quienes hicieron pelota la justicia pueden tener y detentar el poder cuantas veces quieran, pero carecen de autoridad porque no son autores de nada bueno para el ciudadano de a pie, que la sigue pasando mal, cada vez peor.

Pero si aún quedan dudas del último párrafo, no hay problema, se lo despejamos trayendo a cuento la etimología de la palabra autoridad, para que el lector alcance una mayor certeza del sentido de nuestra aseveración: “La palabra autoridad que viene del latín auctoritas, se derivó de auctor, cuya raíz es augere, que significa aumentar, promover, hacer progresar. Desde éste punto de vista, autoridad es una cualidad creadora de ser, así como de progreso.

Por el contrario, la avidez por colonizar la Justicia tiene un triste correlato en los actos de corrupción que se suscitan mayoritariamente en ámbitos del Poder Ejecutivo y en menor medida, en del Poder Legislativo. De estos dos poderes nacen, además de los actos de corrupción, las leyes y vericuetos o atajos procesales, que abonan la tierra fértil de la tan ansiada impunidad. La corrosión judicial es producto de la falta total de valores de quienes tienen la responsabilidad de gestionar el país y recordando una frase celebre del poeta Pablo Neruda, que dijo que «Tú eres el resultado de ti mismo» bien podemos afirmar que Argentina es el resulta de sí misma y a la Justicia la hicimos pelota todos.