Opinión

Controversia por las obras en la Gruta de la Virgen del Valle

Editorial

Nuevamente una obra pública de realización combinada, entre el gobierno de Raúl Jalil y el Obispado de Catamarca, cuyo máximo responsable es el Obispo Urbanc, no tiene buenos síntomas de generar alegría entre los vecinos. Por el contrario, muchas veces estos, llegan a la conclusión que éstas obras son realmente innecesarias, no pudiendo comprender con precisión, el común de los ciudadanos de a pie, o en éste caso los feligreses, cuál es la verdadera razón que motivó a las autoridades civiles y eclesiásticas a modificar un sitio emblema de la ciudad y tan caro a los sentimientos de la grey mariana.

Lo cierto es que un grupo de vecinos Autoconvocados por las redes sociales, especialmente por WhatsApp, fueron argumentado sus quejas por lo que consideran un despropósito. En efecto, no encuentran razones valederas que justifiquen la tala indiscriminada de arboles, la presencia constante de escombros, el cambio sin sentido de la fisonomía historia de la Gruta y la alteración caprichosa del paisaje que rodea al sitio histórico religioso y turístico.

Creció tanto el fastidio y malestar entre los vecinos que ya se encuentran en una etapa donde el grupo de Autoconvocados están logrando ser escuchados por las autoridades, de lo que ellos consideran, una alteración innecesaria de la histórica Gruta  de la Virgen del Valle. Especialmente los vecinos más veteranos, quienes atesoran el lugar desde hace décadas, conforme a su edad, son quienes han demostrado que las refacciones son inoportunas e innecesarias. Ellos piden que se proteja el entorno de la la gruta, que se preserve el lugar, con las vegetación y características que tuvo desde sus indicios.

Hicieron hincapié que sus quejas no tienen ningún tipo de motivación política pero que, conscientes del momento electoral que estamos cursando, expresaron sus temores que la obra de refacción de  la gruta tenga algo que ver con la política y la contienda electoral. Los vecinos que ahora se quejan, siempre tuvieron consciencia que había que realizar mejoras en la gruta pero no éste cambio radical que lejos de mejorarla, la empeora.

En principio están de acuerdo con las mejoras, que entre otras, atienden las necesidades de los discapacitados motrices pero sí rechazan y con énfasis, la modificación sustancial del lugar.  Lo cierto es que el rechazo vecinal de una obra que ya tiene un importante grado de avance, pasa, en términos generales por el rechazo estétitico que está generando. En otras palabras, la obra de refacción es considerada por ellos, como de mal gusto e inadecuada en relación con su historia y el entorno del lugar.