Opinión

Espejito, espejito… ¿Quién es la más poderosa?

Editorial

En todo este tiempo, se ha profundizado a buena hora, la defensa y empoderamiento femenino, su rol en la sociedad y en la política. Ni qué decir de la necesidad urgente del Estado de acompañar el reclamo de las organizaciones que luchan contra la violencia de género, como el “Ni una menos”. Sobre el tema, se podrían hacer innumerables análisis de la realidad actual y lo que arrastró negativamente la pandemia.

Lo curioso, es que a días de las elecciones primarias (PASO) y después de que el Frente de Todos, presentará sus candidatos, poco se haya escuchado en el debate ciudadano, acerca de la postulación eterna de la Dra. Lucia Benigna Corpacci Saadi.

Nadie puede negarle la experiencia adquirida, ni sus vínculos cercanos  a la vice presidenta Cristina Fernández de Kirchner, pero difícil es entender, la necesidad de mantener el poder, a pesar de haber sido, delegada de PAMI, Delegada de Desarrollo Social de la Nación, vicegobernador, dos veces Gobernadora, diputada nacional y ahora candidata a senadora nacional.

Desde 2007, cuando llega a la vice gobernación, de la mano de Eduardo Brizuela del Moral, la doctora ininterrumpidamente forma parte de la élite política, pero comandando ella los hilos del poder de Catamarca.  Hace 14 años  que ocupa un lugar central en la política, y lo más grave es que habiendo ejercido cargos en la universidad y el Hospital, la pandemia los agarró a los catamarqueños sin hospitales, sin terapias intensivas, sin tubos de oxígenos, sin médicos terapistas, sin médicos en el interior, teniendo que improvisar un Hospital de campaña con recursos millonarios porque no teníamos infraestructura para aguantar una pandemia. Por esa razón, Catamarca estuvo un año aislada, con medidas de circulación estrictas, con negocios cerrados, sin clases; hasta que el Gobierno nacional consiguió la vacunas, y que por supuesto ella y su casta fueron los primeros en inocularse.

Solo después de acceder al vacunatorio Vip, a Lucia Corpacci, se la vio haciendo panes y locros, en los comedores del Estado, con su núcleo corpaccista. Como si fuera que el hambre se tapa con panes…

Es que como buena infectóloga, y por su edad, ella misma reconoce que “estuvo encerrada”.

Lo  más extraño aún, y que interpela a las feministas locales, es que tampoco se la escuchó hacer ningún comentario sobre los exabruptos del Presidente Alberto Fernández, primero con el “pobre Fabiola”, “me encontré con la Fiesta”, y después el arrepentimiento forzado; con incluso una manipulación mediática sobre el embarazo de la primera dama Fabiola Yanes, un pésimo antecedente patriarcal.

Pero se ve, que a la mujer más influyente y poderosa de la política catamarqueña, eso no le interesa. Tampoco al grupo de “Mujeres por la Igualdad”, comandado por la diputada Mónica Salazar y la senadora Inés Blas.

Porque lo que importa es ganar, y mantenerse por más de 20 años en la política. Acaso Lucia, el espejo en el que se mira, no refleja la posibilidad de otros actores políticos, de otras mujeres, si hasta incluso en la lista de diputados provinciales, no perfila ninguna mujer que sea de su agrado y confianza, salvo renovar en la legislatura provincial, a representantes que poco hacen y mucho cobran.

Tanto que lo criticó Lucía, a Brizuela del Moral por los 20 años de FCyS; y la década K, no tiene más mérito que una politocracia, con políticos ricos, en un pueblo que no sale de las becas y los contratos de hambre. Y que en plena pandemia, le negaron los centros de salud privados, los mantuvieron encerrados, total la “Fiesta de Olivos”, es la fiesta de unos pocos.