Cultura

El Suncho

Por Oscar Hugo Alaniz

El Suncho, jurisdicción municipal de Recreo, departamento La Paz, Catamarca. Muchas veces he oído hablar de este lugar donde muriera nuestro fraile convertido en el Orador de la Constitución, título que se ganará por reafirmar la aplicación y la obediencia a la Ley. En cada uno de sus brillantes sermones ponía en evidencia lo que pasaría si no se obedece y se respeta a las normas supremas de una nación. Si, se trata de Fray Mamerto Esquiú, catamarqueño, nacido en La Callecita de Piedra Blanca, hoy departamento Fray Mamerto Esquiú.

Si bien, cómo dije, escuché mucho sobre El Suncho y Fray Mamerto Esquiú, ocurrió que cuando llegué, fue totalmente distinto a todo lo que me habían dicho. Un espacio cerrado de una manzana, más o menos, protege el sitio donde murió Fray Mamerto.

Y aquí, al menos para mí, empieza otra historia, pues el país conoce a Fray Mamerto Esquiú por lo que dije en el primer párrafo, ya que se lo relaciona y con razón, con la defensa de la Constitución, pero no se conoce su espiritualidad. El impacto que he sentido al estar frente a ese predio, fue, como dije en algún medio de comunicación, casi imposible de contar, pues conmueve inesperadamente, todo el interior y es como si te preparara para ingresar.

Un monumento alto a la derecha del ingreso, es el que originalmente recuerda que en este sitio murió Fray Mamerto Esquiú, en uno de sus lados se puede leer: “Aquí murió mártir de su celo pastoral; el Santo Obispo de Córdoba, FRAY MAMERTO ESQUIÚ Y MEDINA. 10 de enero de 1883. Blasón de Catamarca, ornamento del Episcopado argentino y gloria de su patria; sus virtudes lo pregonan. Gran orador, ejemplar de religioso Franciscano y Santo Prelado, dejó un surco luminoso de ejemplos y virtudes que jamás se borrará. Homenaje del pueblo de Esquiú, heredero de su nombre y centinela avanzado de su fama inmortal. Enero 10 de 1929”.

Ya en el interior del predio y a la izquierda del ingreso se observa un edificio, una Capilla y en la pared del frente se encuentra una placa que inmortaliza la siguiente leyenda: “La provincia de Córdoba a la provincia de Catamarca. En homenaje a Fray Mamerto Esquiú. Era hijo de Catamarca no es justo que ello se calle, pues Nuestra Señora y Él, son las Glorias de aquel Valle. Leopoldo Lugones. 11-5-1977”.

Estas dos leyendas que insertó, son apenas una muestra de los muchos agradecimientos que se encuentran en ese lugar, quizá siendo la forma más sentida de agradecer por parte de los hombres y mujeres de fe, que llegan a este lugar o han recibido algún favor de Fray Mamerto Esquiú.

El silencio que invade al Suncho, parece concentrarse en este predio protegido, ya que, al pisar el suelo, se escucha hasta el quiebre de algún palito que con tus pies aprietas. Y ese silencio solo se rompe cuando alguna atrevida cabra que pasta por el lugar, emite su balido sonoro buscando a su travieso cabrito que brinca y juega en los alrededores.

Los caminos polvorientos avisan que la lluvia hace mucho tiempo que no llega, más el camino desde la localidad de Esquiú al Suncho ha sido recientemente asfaltado, esperando el momento de la beatificación. Este camino que parte desde la localidad mencionada, al llegar al Suncho, rodea al predio protegido, formando casi un circulo que sobresale por el color negro del asfalto.

Después de varias horas en el lugar y al emprender el regreso hacia la ciudad capital, siento que por fin he comprendido que Fray Mamerto Esquiú más allá de su fama por la defensa de la Constitución y las leyes, ha sido y es un hombre santo, que siempre luchó por la transparencia, como él mismo lo hacía.

Sus ejemplos se multiplican, sus milagros también, aunque empiezan recién a conocerse, pero para el hombre de fe que siente la presencia del Fraile, ya es un Santo, más allá que el 04 de septiembre será el día de su beatificación.

Seguir el reguero luminoso de ejemplos que ha dejado, es el desafío y el futuro inmediato del hombre, más aún en este tiempo de incertidumbre que le toca atravesar a la sociedad del mundo.