Opinión

Raúl Jalil ante un nuevo intento de inventar la pólvora

Editorial

Pero no se equivoque señor gobernador, la pólvora ya se inventó y usted lo único que hace es entorpecer, dificultar las cosas y complicarle aun más la vida a las personas. Varias provincias han implementado distintas medidas para evitar la aglomeración de personas. Inteligentemente, sin ser razonamientos eruditos, simplemente aplicando un cachito de sentido común, han propuesto (desde los inicios de esta pandemia aunque en forma intermitente) sistemas de flujo de personas que pretenden evitar la aglomeración. Todo lo contrario a lo propuesto por Usted, que luego de 12 días de confinamiento estricto pretende abrir, como si fuera poco, en horario reducido, el comercio.

¿Quizás el primer mandatario de la provincia no se haya detenido aunque sea un segundo a pensar qué es lo que va a suceder? Ya se imaginó la gente desesperada circulando por la calle Rivadavia y por el centro en general haciendo cola en los comercios…, porque repetimos: pretender desatar en tres días, los doce de confinamiento, y lo más insólito aun… ¡en horario reducido! suena descabellado.

De ese modo, no solo castiga al comerciante, sino que pone en peligro a la gente y todos los esfuerzos de la sociedad en su conjunto, caen en saco roto. Le preguntamos porque todos dudamos: ¿Son acertadas estas medidas de privarnos tantos días de tantas cosas y luego dar rienda suelta sin más, tirando todo por la borda?

Mendoza, entre otras provincias, impuso un régimen donde el comercio siempre permanece abierto. Pero las personas pueden salir a hacer compras los días asignados a su último número de documento. ¡ESO ES CUIDAR AL COMERCIANTE Y A LA GENTE!

Si la pólvora ya está inventada, ¿no sería más sensato copiar y pegar, adaptando algunas situaciones a nuestras realidades?

¿Es que es tan escaso es el sentido común en estos tiempos que últimamente nadie puede aplicarlo?

Nuestra obligación es receptar el sentir ciudadano y que los gobernantes tomen debida nota y eviten en lo posible inventar cosas ya inventadas por otros hace mucho tiempo y sí que imiten, en la medida de lo posible, a las mentes más lucidas.