Opinión

Paradoja del destino: Lorenza le demostró a Jalil que es mejor en helicóptero

Editorial

La llaman Lorenza «La Sola», pero nosotros preferimos llamarla La Olvidada. Olvidada por un sistema de salud vapuleado durante ocho años, dos mandatos de una gobernadora, médica de profesión y que en el camino de la política olvidó su vocación, precisamente olvidó el principio sagrado que rige las vida de un médico desde el mismo día que jura su profesión, como es el principio de Hipócrates “No llevar otro propósito que el bien y la salud de los enfermos”, fue la base del juramento que el legendario galeno de la Grecia Antigua  les hizo hacer a sus discípulos, que llevarían a lo largo del mundo la medicina. A más de dos milenios, la concepción del griego continúa siendo la base de la ética médica a nivel global, aunque en algunas regiones no se practique ni se la tenga en cuenta, como en Catamarca donde Lucía Corpacci y Raúl Jalil, ponen el carro delante de los caballos, cada uno desde su condición, pasada o actual.

La misma persona a la que nos referimos, actual diputada, médica jubilada, ex funcionaria del PAMI, se olvidó de los pobladores de El Tolar, de Rios Grande, de Las Papas y de tantos parajes olvidados del interior provinciano. Y por más operativo de prensa y cuidado de imagen personal que haya hecho, la verdad siempre llega y es la realidad la que lo demuestra, los hechos concretos como el de Rio Grande. Lorenza, es la muestra del olvido y de la deuda interna y tanto olvido es imperdonable.

Lorenza, la olvidada por un Estado ausente en todos sus estamentos. Por políticos, que solo enarbolan sus banderas de justicia y desarrollo social dos meses antes de cada elección y después… «si te he visto no me acuerdo». Nos preguntamos desde aquí ¿Cuántas personas cómo Lorenza, La Olvidada, hay en toda la provincia? La respuesta es: muchas, miles. Quien escribe estas líneas ha recorrido toda la provincia y lo ha visto personalmente. Hemos tomado nota que ante una emergencia dental, cualquier poblador de la región del Nevado de Laguna Blanca, al norte del Departamento de Belén puede tardar hasta una semana en recibir, en el mejor de los casos, atención odontológica en Belén, durmiendo una o dos noches a la intemperie en la plaza antes de ser atendido. Eso era antes de la pandemia, imagínense ahora.

Un ejemplo, Corpacci llenó su boca de falsas promesas mientras fue gobernadora mientras miles de pobladores de zonas inhóspitas, siguen llenos de olvidos y promesas incumplidas, sin una cama caliente, sin una vida digna. Una de sus promesas incumplidas data del año 2016 cuando en Fiambalá, en un acto muy bien publicitado con la pauta oficial que tanto le gustaba repartir con los medios amigos, prometió la apertura de un Instituto de Asuntos Indígenas en Catamarca. Nada. Jamás cumplió con sus promesas, como el gas natural o la energía solar en Antofagasta de la Sierra.

Lorenza la olvidada fue encontrada por alguien, quizás un Ángel de la Guarda -no el Estado-, alguien que se acordó de ella y pasó a visitarla. A Lorenza la olvidada, tuvieron que «rescatarla» y trasladarla a lomo mula en pleno siglo XXI, durante 11 horas a través de las montañas a 4.000 metros de altura, como para que no perdiera la costumbre, como una ironía de la vida, o de la muerte, que le fue esquiva. Para unos un hecho fortuito, para los creyentes, la providencia divina, en uno y otro caso, la suerte o Dios, salvaron la vida de Lorenza que de milagro está viva.

El Estado de Catamarca y la reacción ante lo inevitable, fue la típica de los políticos que puestos a gobernar corren detrás de las desgracias de la gente, nunca se anticipan a nada. Y Lorenza con toda su sabiduría, sin proponérselo, le demostró a Raúl Jalil que comprar una avión ultra moderno, fabricado en el país más industrializado del planeta, no servirá para traslados urgentes de alta montaña, fue un grueso error comprar esa máquina cuando sólo podrá operar en tres pistas de aterrizaje, Valle Viejo, Antofagasta y Fiambalá. Catamarca necesita un helicóptero, el mismo que le prestó la provincia de Tucumán para el traslado, no un avión de esas características, de ese precio y en plena pandemia. Si Corpacci hundió la Salud Pública, Jalil se está encargando de aplastarla del todo, con sus enormes desatinos.

A Lorenza la utilizaron como un mito viviente, como «la última diaguita», expresión desafortunada empleada por Lucía Corpacci y duramente cuestionada por La Unión de Pueblos Diaguitas, una falta de respeto a Lorenza y a los pueblos indígenas. La figuraron como una reliquia ancestral, un ser prístino en su «estado original». La pusieron en medios nacionales contando sobre su soledad y su valentía. ¿Alguien le preguntó alguna vez si era la valentía la que la mantenía en dicho lugar, o tal vez el hecho de no conocer otra cosa o no tener donde ir? Nadie lo hizo. Nadie se ocupa de la Catamarca profunda. ¿Será que hay pocos votos?

Si dudas Lorenza añorará volver a su hogar, donde sus animales la esperan y donde su misma geografía la protege pero a la vez, la inmola. Sin embargo, y por la cortesía de otra provincia, le pusieron hélices a las mulas de Lorenza, la arroparon calentita, y la trasladaron por el cielo que ella siempre vio desde sus yutas a 4000 metros de altura.

Cuántas pistas de aterrizaje habría que trazar en nuestras escarpadas geografías, en nuestros salares o yungas para que nadie vuelva a recorrer 11 horas a espalda de hombres o lomo de mula para salvar su vida. Cuántos helicópteros habrían cabido en la compra de ese avión sanitario, que será más útil para ir a alguna provincia amiga a comer un asado multitudinario, como el que organizó Juan Manzur el 29 de octubre de 2015, al asumir como gobernador de Tucumán.

A Lorenza la dejaron sola, la olvidaron como a tantas otras Lorenzas, Juanas o Rositas, hace mucho años y Lorenza con toda su sabiduría a cuestas, con todas sus arrugas, con sus 84 crudos inviernos a 4.000 metros sobre el nivel del mar, como una paradoja del destino, sin proponérselo, en el momento justo, le transmitió a Raúl Jalil que el helicóptero es mejor que el avión sanitario, mal que le pese a él y a todo su gobierno.