Opinión

El prontuario de Elpidio Guaraz y la Justicia de Catamarca

Editorial

Nuevamente el intendente de Bañado de Ovanta, Departamento de Santa Rosa, Catamarca es noticia. Para hablar con propiedad es mala noticia, pésima, ya que la última denuncia es la más grave de todas las que ha recibido a los largo de su carrera política, que es la de agresión y presunto abuso sexual.

Nuevamente es necesario aclarar, porque parece que muchos no entienden o no saben diferenciar la responsabilidad penal de la responsabilidad política. Para ser bien directos y didácticos, es necesario ser claros: El personaje que hoy nos ocupa en condiciones normales y con todos las denuncias que acumula, no podría ser funcionario de ningún municipio, provincia y nación.

Quiere decir que con las acusaciones, no ya con las condenas que en Catamarca prácticamente no existen en relación a quienes gobiernan, con forma de denuncia penal, Guaraz es responsable político y no debería tener ningún cargo, porque se trata de un individuo que no tiene ni reglas ni moral y además, sistemáticamente se burla de la ley. Hasta el propio Gustavo Saadi del mismo partido de Guaraz se encargó de definirlo «Guaraz es lo peor de la clase política», agregando el ese entonces diputado nacional hoy Intendente de San Fernando del Valle de Catamarca, que habría que desterrarlo de la política y dudando hasta de sus condiciones mentales.

Pero causa gracia que el sistema judicial de Catamarca, el Ministerio Público y nadie pensante se haya ocupado de sacar de las funciones a Elpidio Guaraz. El propio Saadi hizo un reconto de sus deudas con la justicia al afirmar «Ha incurrido en usurpaciones, ha cobrado peajes en rutas nacionales, ha hecho piquetes, quiso ser intendente de Bañado de Ovanta y de Los Altos en forma simultánea y clausuró el Concejo Deliberante de Bañando de Ovanta. Estamos indudablemente ante un caso patológico, frente a una persona enferma”. Pero a pesar de haber hecho todo tipo de tropelías, Guaraz siguió en su cargo y nadie fue capaz de poner el cascabel al gato.

Yendo al plano procesal, escarbando todas las denuncias penales que Guaraz tiene en su contra, ya no podemos seguir hablando de la responsabilidad política del intendente sino de la vergüenza del sistema judicial catamarqueño que ante la evidencia y las pruebas contundentes no lo ha condenado ni por usurpar terrenos, utilizar bienes públicos en provecho personal, malversar fondos públicos. Es más la Fiscalía de Estado lo acuso de malversar fondos pero Guaraz sigue administrando una municipalidad.

Desde estas páginas nos hemos preguntado como un Intendente con esos antecedentes puede seguir al frente del municipio, ser propietario de caballos de carrera, tener un hipódromo casi propio, hacer trabajar a los empleados municipales en plena pandemia organizando carrera cuadreras, la ultima suspendida gracias a una Nota de El Pucará.

Ahora, ante esta nueva denuncia, de delitos contra las personas, delitos graves de agresión y abuso sexual presunto, dos legisladores del Frente de Todos, una senadora nacional y otra diputada provincial se rasgan las vestiduras desde el colectivo feminista reclamando que la justicia actúe rápidamente y en forma categórica contra Elpidio Guaraz, pero nunca antes se preocuparon por recabar información sobre un intendente que no debía ser intendente.

Todos son responsables, por acción u omisión, de sostener a Elpidio Guaraz como funcionario al frente de una municipalidad. Todos y todas, como tanto le gusta decir a Inés Blas y a Cecilia Guerrero, son responsables de que Elpidio Guaraz se haya mantenido durante tantos años como funcionario a pesar de los notorios indicios de ser un personaje inapropiado para administrar la cosa pública.

Que Ramón Elpidio Guaraz tenga un frondoso prontuario de denuncias que cayeron en saco roto vaya a saber porque vericueto procesal o trafico de influencias, que al mismo tiempo haya seguido siendo funcionario municipal, significa que alguien lo sostiene, que tiene un padrino, pero por sobre todo que la Justicia de Catamarca que es ciega, sorda y muda, incapaz de investigar a éste personaje y colocarlo en el lugar donde debe estar.