Opinión

La culpa no es del chancho, sino del que le da de comer: el delito de receptación

Editorial

Días pasados, más precisamente el 25 de abril, la División Relaciones Institucionales de la Policía de Catamarca subía a su blog, después lo borró, no se sabe por qué, una noticia que daba cuenta de la recuperación de una Notebook HP de color gris y un teclado musical marca Casio, de color negro.

Hasta ahí, aplausos para los investigadores, cuya ardua tarea siempre se enfoca hacia el lado de los sustractores o de quienes suelen ser apodados habitualmente como los dueños de lo ajeno o simplemente ladrones. En ésta nota sería el chancho y en el parte policial el autor del hecho sería simplemente Rodríguez de 25 años de edad, sin que la policía ni la justicia informaran el nombre de pila del supuesto autor material del hecho.

Pero resulta que el delito tiene otras aristas que da la impresión no son tenidas en cuenta, por lo menos es lo que dejan entrever los extraños partes policiales que se escriben diariamente en la provincia de Catamarca. En el caso en análisis, la historia delictual comenzó con un robo domiciliario. Un hecho gravísimo y en la otra punta, un delito del que nadie habla y que pasa desapercibido que es el delito de receptación, que consiste en comprar cosas robadas, generalmente por internet, hoy el medio más habitual para cerrar el circulo.

Quiere decir que si no se tiene el debido cuidado, cualquier persona podría verse involucrada en el delito de receptación, tipificado en el código penal articulo 298 que impone sanción privativa de la libertad de uno a tres años de prisión. En el punto, quien presuntamente cometió el delito era un tal Aredes de 38 años y de quien seguiremos sin saber su nombre de pila, del mismo modo que el ladrón.

Y ¡Oh sorpresa! al devolver el articulo, quien sería en esta nota el que le da de comer al chancho, esgrimió una pueril defensa «manifestando haberla adquirido de buena fe», situación que resulta a todas luces inaceptable, porque nadie puede alegar su propia torpeza o ignorancia de la ley. Cuando se compra un bien de esas características, se sabe el origen y si no se averigua o exige la documentación correspondiente, después no hay excusas validas.

Sería interesante que la Justicia Penal Ordinaria diera a conocer las estadísticas de condenas firmes de los autores de estos delitos de receptación que en los tiempos que corren deben contarse por miles y que en mucho casos y al existir un mercado que le da de comer al chancho, pone en riesgo a la población, victima de una cadena o circulo vicioso que muchas veces puede provocar muertes en ocasión de robo o cualquier tipo de lesiones graves a la hora de atentar contra la propiedad de las cosas. Todo porque existe un mercado negro donde se pueden adquirir cosas robadas, actividad sin control estatal y lo más grave sin condena judicial.