Cultura

«Sabemos que estás muy cerca nuestro…»

Foto: Alberto L. Ocampo.
Por: Alberto Lindor Ocampo - Aporte técnico: Yanina Santillán

Procesión de la Virgen del Valle, 130 años de su coronación pontificia.

Foto: A.L.O

Estamos transitando tiempos desconocidos, inesperados, desconcertantes. Una pandemia, es decir un flagelo que afecta a toda la humanidad nos ha llamado a una realidad que nos conmueve hasta lo más íntimo de nuestro ser, puesto que no sólo nos enferma sino que nos quita la vida y entre los que sufren están familiares amigos o conocidos. Es muy cruel y nos desorienta en grado superlativo.

Al estar en esta etapa todo lo que hace dos años era natural, normal, ya no lo es y debemos adecuarnos a esta realidad no siempre con actitudes acertadas pues transitamos lo desconocido.

 En este tiempo Catamarca se vio conmovida no sólo por la enfermedad cruel sino por la alteración de costumbres ancestrales como ser el culto a nuestra morena Virgen del Valle y nada menos que cuando debíamos festejar los cuatrocientos años de su devoción sino cuando también debíamos recordar los 130 años de su coronación. Como si ello fuese poco, llegó por fin la noticia de la proximidad de la beatificación de nuestro amado y respetado Fray Mamerto Esquiú y todo homenaje que quisiésemos hacer a tan enorme logro también sentirá los efectos de una sociedad que está limitada a expresarse acorde a tal conquista espiritual.

Foto: A.L.O
Foto: A.L.O

Si no fuese por el desarrollo tecnológico de los medios de comunicación en todas sus facetas más los electrónicos y de telefonía (con el despertar de la informática), la mayoría de la sociedad actual ignoraría estas circunstancias que nos conmueven tan profundamente.

Son tres las procesiones de la Virgen que se realizan de modo tan especial respetando los protocolos de cuidado ante la presencia de la pandemia que también cuesta vidas catamarqueñas.

Ayer levanté una foto que a mi modesto entender era muy significativa y mostraba a Nuestra Madre del Valle, pasando por frente de mi balcón, con su perfil pero con su frente reflejada en el cristal delantero de la urna. No todos supieron interpretar el mensaje y no es por causa de ellos, sino sólo mía que elegí una imagen de difícil entendimiento más cuando no había texto que ayudara a esa interpretación.

Fue nuevamente una procesión absolutamente distinta, incluso a las dos anteriores.

Foto: A.L.O
Foto: A.L.O

 En este caso, con un factor determinante para que mis historias contadas desde un balcón no puedan ilustrar como antes puesto que se realizó a las cinco de la tarde, en pleno otoño con un sol radiante y en pleno contraluz lo que hacía imposible casi, tomar fotografías desde el sitio mencionado hacia el oeste, es decir la Catedral Basílica y la primera parte de la procesión. Como si ello fuera lo único, los lapachos colocados en la acera de calle San Martín que supieron ser pequeños, ahora son árboles hechos y derechos que impiden la visión de lo que ocurre detrás o debajo de ellos.

Digo que es una procesión con características distintas a las usuales y daré algunos ejemplos que recuerde para que quienes lean esta nota valoren dichas circunstancias: en primer término estuvo ausente (por primera vez que yo recuerde) el obispo diocesano, en éste caso alcanzado por el coronavirus, pero se permitió grabar su mensaje el cual a mí me pareció sobresaliente, tanto es así que creo tomaré alguno de sus conceptos para esta nota.

San José acompañó a la Virgen en todo su recorrido, y al finalizar el mismo, una vez que llegó la imagen nuevamente al atrio la esperaba el Santísimo para darle su bienvenida.

 Los portadores eran personal de seguridad en el trayecto, de modo tal que se veían varios de ellos no sólo por el peso de la urna sino porque debían ir cambiando de grupo. El paisaje que mostraba la plaza 25 de Mayo era casi desolado y contrastaba con las multitudes que siempre han acompañado desde este lugar, ni que decir de la calle San Martín desde donde documentaba, que pude contar sólo tres personas y eran policías que seguramente tenían la función de no dejar pasar a nadie que no sea indispensable.

Foto: A.L.O

 Unos pocos sacerdotes encabezaban la procesión, venía luego la imagen, el gobernador y dos o tres funcionarios de los otros poderes y luego representantes de fuerzas de seguridad y no recuerdo más, en todo caso, lo veremos en fotos del recorrido.

Detrás del cortejo, cuatro “astronautas” con sendos equipos de desinfección regaban todo lugar que haya sido transitando por los concurrentes.

Foto: A.L.O

Dijo Monseñor Luís Urbanc:” Muchas gracias por estar junto a tu pueblo, junto a tus hijos e hijas, junto a los más necesitados, junto a los niños y ancianos, junto a sanos, enfermos y moribundos…junto a los médicos y personal de enfermería que tanto vienen entregando…junto a los servidores del orden…junto a los docentes que se prodigan para mantener viva la educación”; “…querida Mamá Achachita, danos  la esperanza…que todos anhelamos la santidad como la que trabajó nuestro querido Fray Mamerto Esquiú, que tengamos la dicha que este año se concrete el rito de su beatificación…”.

”…las horas se vuelven eternas (por su aislamiento), los miedos y dudas angustian, la soledad se vuelve cruel…”

 Lo dicho en esta oportunidad por monseñor es para citarlo completo pero no tengo espacio para realizarlo.

Verán testimonios de todo lo que ocurrió a mi alcance , muchas veces sin la calidad técnica que merece la documentación del paso de la Virgen del Valle, pero esperando poder acercarles algo más de lo que ya hayan visto con excelencia del material divulgado por los medios de comunicación y los electrónicos que lo hicieron con precisión envidiable.

Foto: A.L.O (*)

 

 

 

 

 Cito por último otra de las frases del obispo cuando dice:” Todos tus devotos sabemos que estás muy cerca nuestro en estas horas difíciles y que nos acompañas como lo hiciste con tu Hijo Jesús cuando le llegó la hora de padecer”.

 

 «…SABEMOS QUE ESTÁS MUY CERCA NUESTRO…”

 

 

 

(*) A.L.O. Alberto Lindor Ocampo