Columnistas

En apenas 100 metros… ¡Qué la Pascua se note en tu vida!

Presbítero Gustavo Manrique (*)
Las 8.30 hs. de la mañana, en bicicleta, boina y barbijo. Martes. Camino al Hogar y, de ahí a los barrios.

El semáforo se pone en rojo, me detengo, sin “pisar” el dibujo despintado, ya invisible, del cruce peatonal. A mi izquierda se detiene una camioneta blanca, pisando la intolerante cebra que pone un límite. Bajan la ventanilla polarizada, pensé que era para preguntarme algo. No. Era para tirar una latita vacía de cerveza. Total la calle es de todos, es de nadie. Eso sí, los dos que vi adentro del vehículo tenían colocado el cinturón de seguridad.

De repente pasa zigzagueando, en su mountain bike, un joven, se nota que deportista, con su torso desnudo, y obliga a otros a frenadas histéricas para evitar tocarlo. El pibe ni se dio cuenta.

Perdón, estoy en Avenida Perón, al 3400. San Miguel, ya cerca de José C. Paz. Saludo a los que puedo con un “¡que la Pascua se note en tu vida!”.

El semáforo se pone verde. Continúo, pero tengo que clavarme porque un abuelo que viene de la otra mano, en su bicicleta inglesa, gira a la izquierda. Le tocan bocina y manda a pasear, con las últimas palabrotas de turno, a medio mundo.

A 15 metros un camión de caudales está mal parado, en doble fila, esperando que abra el local de Lotería de la Provincia. Un peligro porque tapa todo, pero está el personal de seguridad custodiándolo.

A 30 metros cruza sin mirar, y por la mitad de la Avenida, una mamá con tres niños. Todos con barbijos, menos ella. Se enoja cuando le digo: “¡cuidado!, ¡no cruce por acá que es peligroso!”. Me grita: “¡yo hago lo que se me canta!”.

Antes de llegar a la otra esquina, un camión con verduras y frutas, que también está parado en doble fila, baja cajones y los apila en la vereda haciendo que los peatones tengan que caminar por la calle.

Al lado de la verdulería una agencia de autos usados, todos estacionados sobre la vereda que es espacio público. Y ya está un chico lavándolos para que brillen.

Unos metros más adelante un vehículo de Tránsito de la Municipalidad con sus luces encendidas y los agentes tomando mate.

Ya llegando a la otra esquina, unos chicos sentados en el cordón de la vereda, wasapeando, ajenos a todo.

¡Todo en 100 metros! Suelo hacer todos los días 30 km en la bici. Y siempre el mismo paisaje.

Estas son, diríamos, cosas menores, hay cosas más importantes. Y estoy de acuerdo. Pero así es todo: “¡hago la mía!”.

¿Algún día seremos responsables con la propia vida y con la de los otros?, ¿algún día la vida de los otros nos interesará en serio?, ¿algún día nos haremos cargo del otro?

Es al ñudo que haya cartelitos de qué y cómo hacer las cosas cuando la educación en la responsabilidad está ausente desde la familia y en la escuela.

(*) Sacerdote del clero secular de la Diócesis de San Miguel; Cura Párroco de la Parroquia San José Gabriel del Rosario Brochero (José C. Paz); fundador del Hogar San José Providente; fundador de Albricias, fabrica y ventas de chocolates solidarios.