Opinión

Confuso panorama político en un año electoral atípico

Hace unos días el diputado Luis Lobo Vergara aseveró que los candidatos a legisladores nacionales en el Frente de Todos los elegirá Cristina Fernández de Kirchner. La realidad será que los candidatos serán consensuados dentro de la lista que aprueben desde Buenos Aires y que no hagan peligrar el plan de impunidad de Cristina, en definitiva, son tan genuflexos los últimos senadores, salvo uno, que ya fue tachado, y los diputados por el oficialismo que nada parece indicar que los planes de la vicepresidenta puedan ponerse en peligro con los candidatos locales. Es fácil advertir quien es el senador nacional tachado, con sólo observar sus votos frente al kirchnerismo en la época del anterior gobierno.

El peronismo es verticalista de nacimiento y su sello partidario se mantiene a través de las décadas y mucho más cuando gobierna el kirchnerismo, que de modo autoritario consolidará su presencia legislativa en vista a la sucesión de Alberto Fernández para el 2023. El peronismo federal, esta diluido por el manejo arbitrario de la tan temida caja. Todo los candidatos, diputados y senadores, son punteados por la vicepresidenta, nombre por nombre, provincia por provincia. Esto no es ninguna novedad, porque la situación procesal y personal de la viuda así lo requiere.

A nivel local, el Frente de Todos sigue agrietado por las huestes del corpaccismo y del jalilismo. El primero, representante del cristinismo kirchnerista en la provincia y el segundo aferrado, a estas alturas, a los residuos políticos del albertismo que está en franca decandencia. Una replica calcada de lo que pasa a nivel nacional, donde el actual gobernador busca aliados externos que lo sostegan del continuo esmerilamiento que le propone Lucía Corpacci, que aspira que su sector recupere la gobernación perdida. Será interesante observar como funciona el «dedismo» del frente de todos local y como se reparten la torta de cargos entre los dos sectores, socios obligados en la coyuntura, pero que se miran con recelo y desconfianza desde el mismo 10 de diciembre de 2019, fecha de comienzo del gobierno de doble comando.

En la vereda de enfrente, es oportuno analizar qué pasará en la oposición, con un radicalismo dividido y los partidos socios muy debilitados, el panorama no es ni mejor ni peor, es sencillamente confuso y mucho más cuando llegan las noticias sobre la incertidumbre electoral en medio de la pandemia, la segunda ola y la casi segura derrota del oficialismo a nivel nacional con el consabido arrastre a las provincias. Ante éste panorama, da la sensación que el kirchnerismo quiere correr el arco y suspender todo, con el cuento del tío que ahora se llama pandemia.

La UCR sigue siendo manejada por el sector del senador Oscar Castillo; el espacio que conduce Flavio Fama ha quedado fuera de la orgánica y navega por un mar de dudas e incertidumbre, dependiendo de la celebración o no de las PASO. Mientras exista éste mecanismo pareciera que tienen alguna posibilidad de competir dentro de la coalición de Juntos por el Cambio. También puede  jugar en un espacio diferente, aunque el tiempo se agota. Desde el oficialismo provincial ven con buenos ojos que el rector de la UNCa haga una alianza con el senador Dalmacio Mera, el objetivo es quitarle el senador por la minoría a Juntos por el Cambio. Es como juntar el hambre con las ganas de comer. Un experimento sin laboratorio.

Ahora pasemos a analizar la actualidad de los partidos socios de la UCR: La Coalición Cívica no tiene candidatos, a Rubén Manzi le quedan todavía mas de dos años de mandato y hará todo lo posible para introducir otro miembro de la familia en la Cámara de Diputados local. En el 2019 hubo un intento fallido de ser incluido en la lista de diputados y ahora lo intentarán de nuevo, aunque su plafón y apoyos son casi nulos. El partido de Elisa Carrió en Catamarca, reducido a la mínima expresión, debería trabajar en instalar a un dirigente fuera de la familia de su máximo referente.

El PRO es una caja de pandora deshilachada, ya que hay novedades todos los días, ninguna buena. Tiene a la diputada provincial Natalia Saseta, ex presidenta de la Juventud, con un pedido de desafuero en trámite en la Cámara Baja, con dos años de mandato por delante, ahora en suspenso. Su par, Enrique Cesarini está muy cuestionado ya que los diputados del Interbloque de Juntos por el Cambio aseguran que siempre fue funcional a las estrategias afines al oficialismo corpaccista, que quede claro.

Pero eso no es todo, porque hay más sorpresas. La última, es que Carlos Martínez, ex de Desarrollo Social, ya no es vicepresidente (habría presentado su renuncia). Se sabe que se encuentra trabajando junto a dirigentes del socialismo, que para colmo, es una agrupación que supo estar en el disuelto Frente Cívico y Social pero no en Cambiemos. No vale la pena recordar los pergaminos negativos de Martínez, porque son ampliamente recordados. Lo mismo sucede con el secretario general Humberto “Pipo” Jerez, fagocitado por el oficialismo con un puestito de asesor en la Secretaria de la Vivienda.

Con este panorama, al PRO le será muy difícil imponer candidatos ya que en el radicalismo, el principal socio local, consideran a la conducción actual afín al peronismo corpaccista. Llama la atención o cuesta creer como un partido que se «vendía» como lo nuevo en política sea tan desprolijo y con tantas irregularidades que ya son de publico conocimiento. Es tan lamentable la conducción partidaria de Cesarini, que la Justicia tuvo que notificar instancias procesales del proceso penal que se le sigue a Natalia Saseta en la mismísima Cámara de Diputados, por carecer de sede partidaria.

En resumen, el panorama electoral se presenta confuso y convulsionado por la incertidumbre política y económica. La pandemia, pero más que nada la promocionada segunda ola, las idas y venidas del gobierno nacional, están alternando los ánimos de la población que sigue sufriendo los avatares de la inflación, que trepa a niveles que rosan la frontera de la híper, se espera una campaña corta y áspera, donde los candidatos clásicos tendrán que moverse en un mundo atípico y totalmente desconocido.