Columnistas

Calamitosa y dudosa gestión de la pandemia en la Argentina

Por Alberto Lindor Ocampo

Hay un tema que para ser muy sincero no sé si corresponda que escriba o emita opinión en éste sitio, pero resulta que siento desde mi interior más profundo la necesidad de hacerlo.  

De estar equivocado pido disculpas dejando constancia que creo no puedo ignorarlo: se trata de la pandemia que nos acosa desde hace más de un año, y en Argentina las cosas no están bien ni remotamente.  

No ignoro que en todo el planeta se ha sufrido en mayor o menor medida las consecuencias de esta tragedia, pero tampoco dudo que hubo países de todos los continentes que han realizado actos positivos para enfrentar el flagelo, así hayan pasado un primer tiempo de aprendizaje con errores y costos inmensos.  

Argentina no está entre los que se destacan por sus aciertos sino por sus inconmensurables falencias, más bien está entre los severamente cuestionados con resultado de aplazo por sus actitudes.  

Desde un primerísimo momento las máximas autoridades sanitarias ignoraron y minimizaron los efectos del COVID 19, unido a una infinita serie de actitudes erróneas que perjudicaron definitivamente la educación, la economía y hasta el tratamiento de la pandemia cuando ya se enseñoreó con nosotros.  

El tema vacunas ha sido calamitoso dada la ideologización del mismo, y la canallesca distribución a simpatías políticas sin tener en cuenta ni la edad, condición del receptor, imprescindible actividad sanitaria de los mismos al frente de la lucha, ni considerando que la cantidad de dosis recibidas eran ínfimas en relación a las innumerables promesas; eligiendo acólitos ideológicos y no aquellos destinatarios  reales merecedores naturales de la inmunidad.  

Leyendo la definición de la Real Academia de las letras sobre “delitos de Lesa Humanidad” tengo la convicción que las máximas autoridades de la república, comenzando por su presidente y quienes lo siguen en orden de sucesión de cargo,  más todos los que integran el triste movimiento donde se agrupan también gremialistas de triste existencia, se encuentran comprometidos con esa figura  dañina y pueden ser en parte, responsables por la muerte de pacientes que les hubiese correspondido vacunarse y que su medicamento se inyectó a seres cuyo único “ valor” era pertenecer al movimiento” en cuestión.  

Un presidente debe velar por todos aquellos a los que legalmente representa y no por la fracción que lo haya votado para el cargo.  

Los entuertos que hay en torno a la adquisición de vacunas sean éstas de origen norteamericano, ruso, chino , indio, inglés u otro, es escandaloso y toda vacuna que se escamotee a un destinatario legítimo para entregarle a un jovenzuelo/a que paga solamente con calzar una pechera azul y haciendo una V con dos dedos, es francamente criminal.  

Sólo para mencionar el grado de descomposición, de corrupción sanitaria y también el grado de responsabilidad de la máxima autoridad del país digamos: ayer había 28683 contagios; 57.647 muertes;  llega a 5.313.612 millones de vacunados totales ( menos de un millón tienen las dos dosis).  

No se entiende por qué hay una sola vacuna habiendo sido Argentina ámbito de prueba de diferentes vacunas que hoy se encuentran esparcidas por el mundo, y no se entiende por qué no nos llegan más vacunas ya que según las autoridades mencionadas, a esta altura y según sus promesas debieran estar vacunados más del 50% de la población con las dos dosis, por ende las cifras de mortalidad serían sensiblemente menores. Es un caso que roza  la categoría de delito de lesa humanidad.