Opinión

La bochornosa interna radical

Editorial

Es oportuno indicar que la palabra bochorno es un sustantivo común que hace referencia al aire caliente e incomodo que normalmente se presenta en ésta época. Ahora bien, el adjetivo derivado de bochorno, es una palabra que da o atribuye cualidades, cumpliendo la función de modificar una palabra, de cambiar su significado, dotándola de características específicas. Hacemos esta breve descripción gramatical para que nuestros lectores puedan apreciar con claridad el significado del titulo de éste editorial, porque bochornoso en éste caso es algo que genera vergüenza ajena y propia también, si es que queda algo de dignidad política.

No referimos específicamente a la bochornosa interna radical, que lejos de ser un ejemplo cívico para toda la sociedad catamarqueña, o para la interna del propio partido, que de ese modo perdió una oportunidad de elevar su calidad institucional, en un momento donde la sociedad en su conjunto, ante el temor de de la aparición de algunas conductas autoritarias, declama mayor ejercicio de derechos electorales que del cuidado de las formas, que no nos conducen a nada o que exacerba el gatopardismo, de cambiar todo para que nada cambie. Todo sigue igual,  a pesar de las declaraciones de Marita Colombo que intentó ponerle paños fríos a la situación planteada.

La burda interna que se dirimió en las mañas de los actores judiciales y en los perimidos recovecos de la ley y la Justicia Federal, ha puesto sobre el tapete y ha desnudado además, los problemas de la oposición catamarqueña en su conjunto. El radicalismo esta liderado por Oscar Castillo, presente en la arena política catamarqueña desde hace 37 años en forma ininterrumpida. Si alguien permanece tanto tiempo sin ser desplazado y muchos han sido incapaces de desplazarlo, el problema no es de quien permanece sino de quienes han intentado el desplazamiento y no lo ha logrado. Muchos de los heridos, incapaces de arrebatar aquel liderazgo, apuestan al último recurso del que disponen para enfrentarlo: las PASO, que como todos sabemos dividen a Alberto y Cristina y a muchos gobernadores, que están a favor y en contra de su realización.

¿Por qué? esa es la gran pregunta. Y la respuesta es relativamente sencilla. Quienes hoy se sienten frustrados por tener que seguir dependiendo de un caudillo, no lograron armar, no una buena lista, sino un proyecto superador de los 20 años de gobierno del FCyS, para alcanzar el sueño de una Catamarca grande y pujante. Lo han combatido y fustigado durante años y no han sabido doblegarlo con ideas nuevas que les permitieran quitarle el manejo del partido.

Ante la incapacidad política manifiesta, muchos de esos dirigentes, otrora quejosos, que estuvieron en contra, hoy están con el senador nacional y muy llamativamente, los opositores de hoy, fueron aliados del pasado. La realidad es que nadie pudo en todos estos años arrebatarle el liderazgo del mayor partido de la oposición. Tampoco tiene mucho en frente, toda vez que casi siempre ha tenido rivales que han sido envalentonados por el peronismo, pero que carecen de los atributos que se necesita para presidir la UCR, que a nivel nacional sigue en coalición con otros partidos, aunque a nivel local esa alianza es sumamente endeble, como quedara expresado en los párrafos siguientes.

Cambiando el enfoque del análisis,  podemos trazar un paralelismo con el peronismo, cuando la suerte política le fue esquiva por motivos exógenos y estuvo durante 20 años fuera del poder. A Ramón  Saadi se lo acusaba de manera parecida a lo que hoy se lo acusa a Oscar Castillo. Para recuperar el poder fue necesario que apareciera una figura distinta, por decirlo de alguna manera, cundo irrumpió en la escena política de Catamarca, Armando “Bombón” Mercado con la “billetera” de los Kirchner. En esa ocasión, la elegida fue Lucia Corpacci, gracias a la unión de pareja  con su sobrino Ángel Mercado. Mal no les fue, desplazaron al FCyS y ganaron dos periodos consecutivos la gobernación de Catamarca.

Luego de la breve descripción de la historia política de Catamarca de las ultimas cuatro décadas, podemos plantear ciertos interrogantes: ¿Es tan preponderante en nuestra provincia el clientelismo en las elecciones? ¿La corrupción no afecta los resultados electorales? y para concluir con el clásico ¿Por qué?

Retornando a nuestro análisis de la interna radical, pero ya no con perspectiva interna sino como parte sustancial integrante de la oposición. Tenemos un radicalismo diezmado, dividido, ofuscado con una identidad que no convence ni a propios ni extraños y de yapa, con partidos socios que tienen escasa representatividad, el panorama para las próximas elecciones es tétrico, tan lúgubre como el de las pasadas elecciones.

Si consideramos que en el frente opositor al gobierno hay figuras con liderazgos obsoletos, fuera de época, y muy desgastadas, como el propio Castillo o Brizuela del Moral: Y entre los socios, también hay dirigentes de partidos que no han respondido a las expectativas, si es que las generaron, como Rubén Manzi, que por sus movimientos no se sabe bien a quien representa. A nivel local, se ha mostrado muy colaborador con un acérrimo adversario político de Cambiemos, como es el intendente local, el peronista Gustavo Saadi, y poco tiempo después se junta con Rodríguez Larreta, para la foto, como hacen los oportunistas que quiere sacar redito de la imagen positiva del Jefe de Gobierno porteño. Un párrafo aparte merecen los diputados del Pro, que la sociedad los sindica como socios del gobierno provincial, aunque haciendo una disquisición mas certera, se lo ubica como empleados indirectos del Vicegobernador Rubén Dusso.

La incertidumbre para las elecciones de Octubre es total. Votaremos en un mundo y país convulsionados por la pandemia, con un sistema sanitario constantemente jaqueado por el agotamiento físico de sus auxiliares, ante una emergencia que no cesa, por vacunas que no aparecen, por vivir en país aislados, con alta inflación y perdida contante del poder adquisitivo del salario, fuera del sistema, sin acceso al crédito internacional, donde la ciudadanía esta muy afectada en el más amplio sentido de la expresión y donde el descredito de la clase política esta llegando a los mismos niveles del «Que se vayan todos» del colapso del 2001.

A todo esos ítems debemos agregarle el peor de todos, el que ya se está conviertiendo en tragedia, que es el retorno a las clases presenciales, sabiendo que la niñez argentina necesita la escuela no solo para su aprendizaje y formación, sino por la contención, alimentación y apoyo, que brindan las escuelas, los docentes y los auxiliares.

Si seguimos con tan bajo nivel educativo, con instituciones que no funcionan y con autoritarismos que comienzan a florecer por la perdida sistemática de los derechos y garantías consagrados en la Constitución nacional, vamos camino a ser un país con el nivel de vida de los países del África subsahariana.