Opinión

Pasan cosas raras en la alianza opositora

Editorial

Hace unos días ocurrió un episodio sorprendente. En la capital de la provincia de Catamarca, más precisamente en la sede municipal, el intendente Gustavo Saadi, perteneciente al oficialista Frente de Todos recibió a dos conocidos dirigentes políticos de la principal fuerza de oposición, en la provincia y en todo el país, Juntos por el Cambio.-

Nos referimos al médico Rubén Manzi y a su hijo Mariano Manzi, ex gerente de la Agencia Territorial (Empleos) Catamarca y uno de sus asesores en la Cámara de Diputados de la Nación. ¿A qué fueron? El propio Gustavo Saadi se encargó de comunicar la novedad en su muro de Facebook «Gracias al diputado nacional Rubén Manzi  que nos hizo llegar una importante cantidad de barbijos al municipio, en nombre de la Oficina Comercial de Taipei, Taiwan. Son elementos indispensables, que se sumarán al equipamiento con que protegemos a todo nuestro personal».

Con respecto al hecho político surgen una serie de interrogantes, muchos de los cuales no tendrán respuestas, sencillamente porque resultan inexplicables. Es conocido por todos, el desprecio que ha exhibido el ex Ministro de Gobierno de Lucía Corpacci, ex diputado nacional y actual intendente capitalino por el Frente de Todos, por el frente opositor «Juntos por el Cambio» y sería demasiado largo de transcribir, los discursos grandilocuentes en la Cámara de Diputados, donde hacía uso y abuso de la retórica peronista de hacer leña del árbol caído, precisamente cuando el peronismo se negó a derogar las PASO, que ahora si quieren derogar. Gustavo Saadi es un fiel defensor de la famosa frase de Perón … «Al amigo todo, a los enemigos ni justicia» y Rubén Manzi no tiene mejor ocurrencia que donar barbijos a un adversario, al que no le interesa tener un trato razonable con la oposición.

Para muestra, sobra un botón, como decían todas las abuelitas, incluida la de Manzi. Basta dirigirse a la red social YouTube para escuchar y llegar rápidamente a conclusiones que rayan por el desprecio a cualquier manifestación opuesta a su bandería política, el peronismo, respecto de otras fuerzas políticas, especialmente con el gobierno de turno en ese momento, al que supuestamente pertenecen los Manzi, aunque cueste creerlo.

Rubén Manzi llegó a la Cámara baja de casualidad, contando voto por voto y por muy poco accedió a la banca no si antes flirtear con su remanida y frustrada candidatura a gobernador, que desgastó a la coalición de una forma incomprensible, sabiendo todo el mundo que su caudal electoral es casi nulo, pues sus votantes son en su mayoría, radicales y en menor medida, mucho menor, del tercero socio, el PRO. Si logró postularse para diputado nacional fue sólo por esa circunstancia de empecinarse con la candidatura a gobernador, a sabiendas de que los resultados no iban a llegar nunca.

Las actitud de padre de hijo no puede enmarcarse en la pandemia, porque sencillamente, los muchachos se cortaron solos. Se supone que sí tienen un mínimo de sentido de pertenencia a una agrupación política, deberían respetar, en primer lugar a quienes lo votaron, y en la convivencia interna, a los socios políticos, y antes de resolver algo tan trascendente, debatir acerca de la oportunidad de donar barbijos justamente a quien a denostado las ideas que dicen profesar, por los menos públicamente, los Manzi. Y esta afirmación vale para todos los partidos políticos y sus dirigentes.

Quizás, en el Interbloque de «Juntos por el Cambio» hubieran sugerido donar los hoy vitales elementos de protección, llamados vulgarmente barbijos, a la municipalidad de Belén, donde el intendente Daniel «Telchi» Rios los hubiera recibido con agrado, o a la Municipalidad de San José, en el Departamento de Santa María, donde José Antonio «Tonito» Gómez también los hubiera recibido con gusto. En política, además de respetar los acuerdos supra partidarios, es necesario tener códigos y parece que los Manzi, padre e hijo, los extraviaron.