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Los debates electorales

Por Gabriel Slavinsky, especialista en comunicación política

Los debates electorales son eventos políticos muy importantes en el desarrollo de una campaña. Sobre todo, por tres razones fundamentales:

1.   Generan un clima de competencia muy apasionado entre los candidatos y sus equipos de comunicación

2.   Concitan gran atención de la prensa y los medios.

3.   Producen altas audiencias en comparación con otros contenidos políticos.

 

Estos acontecimientos permiten a los votantes observar a los líderes bajo presión por el constante intercambio con sus adversarios y con la tensión de tener exponerse a la confrontación directa con un tiempo acotado.

 

Un debate es una discusión, una lucha de poder y una batalla discursiva. No es sencillamente una recopilación de argumentos racionales que se exponen para que el televidente saque conclusiones. No. Hay un modo “riña” y quien no comprenda estas cuestiones seguramente comience en desventaja. En la descripción podemos agregar que existen temas prefijados, el moderador, turnos, tiempos… un marco especial.

 

Muchos candidatos se han negado a asistir a debatir en distintos lugares del planeta, sobre todo, los que van adelante en las encuestas. En cada caso, el riesgo de salir derrotado de la contienda es menor que la condena o crítica social por dicha ausencia.

 

Como las peleas de box, hay reglas, estrategias y también perdedores. Nixon en EEUU en 1960, Scioli en Argentina en 2015 o Poroshenko en Ucrania en 2019, pueden ser ejemplos de aquellos que víctimas de rivales implacables.

 

Como todo evento significativo, existe una planificación previa y un análisis posterior, los espacios políticos debieran contemplar diversos aspectos que salen de los argumentos discursivos propiamente dichos.

 

Kennedy no solo ganó a partir de su mejor imagen televisiva, también lo hizo por su anticipación en la que se familiarizó con el escenario, las cámara, luces y periodistas a diferencia de su contrincante. Al finalizar, su esposa Jacky (embarazada de 6 meses) celebró junto a más de 30 personas lo que sería el triunfo de John Fitzerald.

 

Macri sabía que, saludando efusivamente a su esposa, Juliana Awada, incomodaría a su rival, Daniel Scioli. Esa foto dio vuelta al país, no solo como noticia sino como meme.

 

Poroshenko subestimó el armado del “escenario de combate” con Zelensky en el estadio olímpico de Kiev en Ucrania, antes casi 20 mil personas.

 

Probablemente Trump haya conseguido inaugurar el estilo de riña de gallos en el que su imagen enérgica, posición disruptiva o antisistema se recuerden por mucho tiempo. Hillary Clinton no logró vencerlo y llega el turno de John Biden que ya fue atacado previamente como el candidato “dormilón”.

 

Hay diversas tácticas disponibles para la confrontación, pero la mejor recomendación es que se entrene con tiempo para un momento como este. El cuidado debe ser extremo. Muy pocos recordarán lo que el candidato mencionó correctamente, pero es seguro que todos se acordarán de aquello que salió mal. Son disputas de las que se inmortalizarán KOs o determinadas frases que capten el clima y sean certeras. No es lógico subestimar estos acontecimientos.

 

Posiblemente, en nuestro país, no olvidaremos a Dante Caputo contra Vicente Leonidas Saadi, la silla vacía de Menem en Tiempo Nuevo, la frase: “¿En qué te has transformado Daniel?” y el “dedito” de Alberto Fernández como parte de nuestra biblioteca cada vez más completa.

 

Los debates son imagen, conflicto, discurso, manejo de la escena e impacto en el momento justo con el tema adecuado. Quien mejor maneje este conjunto logrará alzarse con el triunfo.