Opinión

La ética profesional en el ejercicio de la abogacía

Editorial

La opinión pública catamarqueña se ha visto sacudida por varios motivos vinculados al ejercicio de la profesión de abogado en materia penal. El primero y que no viene el caso, es una causa penal que se encuentra en plena etapa de investigación, demorada por causa de la pandemia pero también por otras cuestiones. En ese expediente se ordenó una medida procesal, vinculada a una prueba puntual, sumamente delicada. En razón de ello y por cuestiones de oportunidad se dispuso el secreto del sumario hasta tanto las partes, los abogados y los testigos de la medida, la concretaran.

Allí empezaron las subjetividades y calificaciones, aunque es necesario aclarar que en ese expediente, uno de los abogados de la defensa actúa en subrogación de otro que se encuentra en la ciudad de Córdoba, ausente por motivo de la pandemia. Para que quede claro, el abogado local por la defensa y el abogados o los abogados de la querella eran quienes tenían que llevar adelante la medida en la que dos testigos prestarían declaración testimonial.

Hasta ahí todo transcurría en apariencia por los carriles normales. Fue justo en ese momento que comenzaron a suceder otros hechos lejos del expediente. Concretamente, se produjo un escrache mediático en las redes sociales contra los testigos. De ese modo alguien violó el secreto del sumario y obviamente los testigos exhibieron su temores fundados ante una situación insólita.

Como si eso no hubiese sido suficiente, comenzó un ataque con los mismos métodos y por los mismos medios contra el abogado subrogante y su familia. Un profesional del derecho que no debe juzgarse por quienes son sus defendidos sino por ser una persona que tiene códigos, respeta las reglas del ejercicio profesional y no tiene cuentas con la justicia, pendientes o no, que se le pueda reprochar. Utilizar el muro de una hija para descalificar al padre, realmente es una canallada, una actitud deleznable, que merece la máxima atención del Tribunal de Disciplina del Colegio de Abogados.

Ningún fin justifica los medios. Reiteramos que utilizar las redes sociales de un familiar para injuriar, en éste caso a un abogado, por su actuación profesional, sea como defensor o sea con auxiliar subrogante o como mandatario especial, constituye un acto de cobardía y una falta de ética de la responsabilidad. Al realizar esas conductas calumniosas, el abogado, sea querellante o sea lo que sea, desvirtúa el ejercicio profesional e incurre en claras violaciones al Código de Ética profesional, y como tal debe ser sancionado por la autoridad, es decir por el Tribunal de Disciplina.

En este caso, el abogado de la querella, que consiente el secreto del sumario, por la teoria de los actos propios, está obligado a cumplirlo. En esa función procesal, su carácter es ser un auxiliar principal en el proceso. El abogado debe ser desinteresado y probo, llevar hasta muy lejos el respeto de sí mismo, y guardar celosamente su independencia hacia los clientes, hacia los poderes públicos, y especialmente, hacia los magistrados y los colegas. Nada de esto cumplió.

Su conducta provocadora fue más lejos todavía. No conforme con su inconducta inicial, puso la post verdad a disposición de un medio periodístico, que en línea con el inescrupuloso letrado, publicó una noticia de raíz falsa, basada en una situación de post verdad, sustentada en calumnias provocadas por el mismo. La reacción emocional del colega defensor subrogante, fue totalmente previsible en el contexto de involucrar a una hija para acusarlo de «defender femicidas». Un acto antiético, inmoral y cuasi delictual.

Las cuestiones se precipitaron. La hija involucrada rompió en llanto y clamó a su padre por Justicia pues la calumnia en las redes sociales la afectó moralmente a ella y también sintió el injusto desprestigio de su padre como profesional abogado. Obviamente que la reacción del abogado ofendido no se hizo esperar. Primero llamó al diario en cuestión y tras una áspera discusión con el Director de ese medio, la exigió, con razón que levantara la publicación. Aunque se sabe que la publicación por más que sea borrada, permanece oculta pero no se borra.

La nota en cuestión se basó en situaciones falsas, provenientes de medias verdades y de conductas antijurídicas. Luego y para seguir con la zaga de los desatinos, el abogado anti ético, el de conductas vidriosas, imputado en otra causa penal, se sintió «amenazado de muerte» por un conducta que él mismo había provocado y que obviamente en su escrito nada dice al respecto, para engañar al juzgador o al fiscal. Su denuncia penal debe ser desestimada, pues se trata de una falsa denuncia.

Perder la brújula de la ética en el ejercicio profesional de la abogacía es grave, porque implica desvirtuar el orden jurídico establecido, generar problemas, causar daño moral, mover el aparato jurisdiccional en vano y todo careciendo de fundamentos. Cuando los tribunales de disciplina no cumplen las funciones que están establecidas por ley, aparecen los cobardes y los inescrupulosos, que en nombre de epopeyas imaginarias cometen todo tipo de tropelías afectado el buen nombre, el honor de las personas honestas, el bien común y la tranquilidad de la población.

Todo con el agravante que el diario del beato, lamentablemente se llama igual pero no le hace honor, nuevamente se hace eco de una falsedad desde otra falsedad, reitera su error y publica la noticia de la causa penal por amenazas. Otro dislate que deben soportar los catamarqueños, tener un diario que lleva el apellido del beato y que se hace eco de medias verdades y falsedades, que publica, luego oculta y finalmente, vuelve a publicar una nota que se basa en post verdades, que es lo mismo que decir falsedades. Un diario poco serio, que también y junto con el abogado de la querella, ha perdido el sentido de la ética, uno del ejercicio de la abogacía y el otro, de la periodística. Por algo existe el refrán «Dios los cría y ellos se juntan».

A raíz de estos lamentables episodios, una gran mayoría de abogados de la matrícula, muchos de los cuales ni siquiera son amigos del profesional afectado, cuya familia sufrió y sigue sufriendo una situación por demás injusta, incluso el propio afectado tiene que defenderse de situaciones ajenas a su voluntad, y encima no es el defensor en la causa aludida, se han solidarizado con el abogado calumniado y se encuentran reuniendo firmas con una petición a las máximas autoridades del Colegio de Abogados.

Además, es oportuno recordar a las autoridades del Tribunal de Disciplina que deberían tomar medidas urgentes y citar en forma inmediata al abogado anti ético, que casi con seguridad desconoce cuáles son sus derechos y cuáles sus obligaciones, a la hora de ejercer la profesión, ya que hacer el juramento es sencillo, lo valioso en la vida profesional, es cumplirlo y no parece ser éste, el caso.