Opinión

Definiciones de Mauricio Macri, Raúl Jalil y el cuento del tío

Editorial

Las declaraciones que hizo el expresidente Mauricio Macri y que tanto revuelo causaron tienen implicancias directas en la política catamarqueña, de algún modo rozan la figura del gobernador y revelan la verdadera divisoria de aguas en la coalición opositora.

Durante el reportaje que le hiciera Joaquín Morales Solá en TN, en el programa “Desde el llano”, Macri hizo una autocrítica de su gestión, entre los puntos más salientes de lo que consideró que realizo mal mencionó que “fue un error haber delegado el manejo de la política en mi gobierno”, ante la consulta del periodista de quienes fueron los que se encargaron de eso, respondió: “el sector peronista del Pro”.

Sin nombrarlos se refería a Emilio Monzó y Rogelio Frigerio, que al día siguiente salieron a responderle y quien auspició de vocero fue el ex viceministro del interior Sebastián García de Luca. Detrás de ellos había otros actores secundarios. Todos estos personajes intentaron convencer a Jalil de ser el candidato «pata peronista» de Cambiemos en Catamarca. El ex intendente de la Capital, hoy gobernador, recibió cuantiosos fondos de Nación y con ese caudal fue candidato a Gobernador del peronismo, ganó la gobernación y les hizo «pito catalán» a todos, como se indica más adelante.

Desde hace un tiempo a ésta parte, la mayoría de los analistas políticos ven afuera de «Juntos por el Cambio», al sector encabezado por Monzó; esta división se venía insinuando desde que quisieron jubilar al ex presidente de la Nación, que días pasados les contestó duramente. De ese modo, ya se sabe con certeza desde dónde vino el fracaso estrepitoso de las elecciones del año 2019.

Pero los que analizan la política saben que esta división se generó desde el mismo día que asumió Macri el gobierno. Fueron enemigos íntimos durante 4 años, todos en el gobierno sabían de la interna entre Marcos Peña y Rogelio Frigerio. Fue solapada por el falso pudor de esquivar el internismo hacia afuera, cuidando la imagen y con gran daño hacia las estructuras de reciprocidad en las esferas donde se dirime el poder, especialmente el relacionado con las provincias.

Frigerio desde que asumió su cargo de ministro del Interior puso un delegado del ministerio en cada provincia, en la nuestra ese rol lo cumplió Fernando “Fena” Corrales Ávila, secundado por el miembro de la Junta de Gobierno del PRO, Francisco Quintana. La tarea del primero, y que debía cumplir, era relacionarse con la gobernadora Corpacci y el intendente Raúl Jalil, ya que el plan era que los gobernadores e intendentes peronistas jugasen para Macri en el 2019, algo que no ocurrió. En ese afán de cumplir con su cometido “Fena” ninguneo a cuanto dirigente de Cambiemos se le cruzaba en el camino. Fue el autor material, también presente en la política, del famoso «Cuento del Tío».

La traición, que traspolada a ese «cuento», se vislumbra como una estafa política, estaba en marcha y este grupo priorizó su posicionamiento personal por sobre el futuro de «Juntos por el Cambio». Así las cosas, comenzaron a flirtear con Jalil, para que éste fuese el candidato de «ellos», lo cual era desde el inicio, una falacia. Un ejemplo fue que en el medio de ese tráfico de favores, extraños a la coalición, se hicieron acuerdos que iban contra lo que pregonaba Macri en su campaña, como el respeto por las instituciones y la división de poderes.

Fue en aquella oportunidad que el PRO apoyó con su voto, la ampliación de los miembros de la Corte de Justicia. En efecto, el único diputado provincial que tenía el partido del presidente en ese momento, Carlos Molina votó a favor de la ampliación del número de miembros, en contra de todos sus compañeros de bancada, con la excepción de la diputada Analía Brizuela, que también votó a favor, pero a partir de ahi se pasó a la bancada peronista.

En definitiva, el Pro local fue funcional al oficialismo provincial, sus diputados Carlos Molina y Enrique Cesarini se defendían con el argumento de que recibían órdenes de Frigerio a través de su delegado, Corrales Avila, con la anuencia indefectible de Francisco Quintana y el argumento siempre fue que todos debían respetar el acuerdo; mientras tanto, sus afiliados protestaban por este proceder y la explicación era que había que aguantar para ganar en el 2019, ya que a partir de allí todo iba a ser distinto. El «Cuento del Tío» es una tramoya política, cuyos fines más espurios son individuales y a espaldas de los verdaderos intereses de la sociedad.

En este plan siniestro había que “limpiar” a todos los dirigentes que se opusieron a la concreción del mismo y para ello se enfrentaron a muchos otros políticos de buena voluntad, de todas las fuerzas integrantes de Cambiemos. Al respecto, basta recordar las airadas quejas de la diputada “Marita” Colombo, un emblema de la corrección política, que fue ninguneada cada vez que venía Rogelio Frigerio a la provincia, del mismo modo, el destrato que recibieron los  intendentes radicales, que en aquellos momentos consideraron y estaban en lo cierto: los intendentes peronistas recibían mucho más apoyo que ellos. En el reino del revés, la camarilla de Frigerio y Cía. construyeron la derrota más catastrófica de «Juntos por el Cambio» en Catamarca donde Macri sólo, hizo mejor papel que los «estrategas» locales.

La pregunta es ahora sí la de Mauricio Macri fue una autocrítica profunda o no y si estuvo bien en este momento, al enfrentar decididamente a un sector con pésimos antecedentes, que trató de jubilar nada más ni nada menos que al ex presidente. Ese «modus operandi» fue factotum de la derrota no sólo en Catamarca sino en todo el país, pues el error del ex presidente fue, no sólo nombrar a dirigentes que hicieron el juego gatopardista de no tocar al kirchnerismo a cambio de favores políticos personales, como el tiempo se encargó de demostrar, sino de sostenerlos a lo largo del tiempo, durante todo el mandato.

Son estrategias, pero hay algo lógico, el ex representante del ministerio del interior en Catamarca, Fernando “Fena” Corrales Ávila trabaja para el equipo del gobernador Jalil. De ese modo, es muy difícil que en su situación actual pueda ejercer libremente su supuesta militancia en el Pro, los mismo que todos sus adláteres vernáculos. Este ejemplo local debe ocurrir en otras provincias, entonces la conducción nacional del partido del ex presidente consideró que era mejor deshacerse de este grupo, para evitar que hagan más daño.

Macri en sus declaraciones confirmó algo que ya muchos dirigentes del interior decían sobre este grupo comandado por los «cara de bueno» Emilio Monzó y Rogelio Frigerio, también expresó que cree en el diálogo y el respeto institucional, esa institucionalidad que fue confundida por el Ministerio del Interior con acuerdos espurios en nombre de la gobernabilidad.