Opinión

Las cloacas de Valle Viejo, un monumento a la corrupción

Editorial

En junio del corriente año, entre el municipio de Valle Viejo, el Ministerio de Obras Públicas y la empresa COARCO, llegaron a un acuerdo para que se termine la primera etapa de la obra de sistema de desagües cloacales que tantos problemas le ha traído al municipio chacarero.

Las condiciones consisten en que se solucionen los hundimientos del asfalto en la mayor parte de la traza de la cañería. Este acuerdo es para destrabar las denuncias realizadas por el anterior intendente Gustavo “Gallo” Jalile, cansado de que el gobierno provincial, como comitente de la obra, no tomara cartas en el asunto, solicitó se apliquen las medidas correspondientes por los reiterados incumplimientos de la empresa.

De concretarse, el acuerdo permitirá reanudar una obra que estaba paralizada que empezó a ejecutarse en junio del 2014 con un presupuesto de 515 millones de pesos y un plazo de ejecución de 24 meses. Sin embargo, como es público y notorio, pasaron más de 6 años y la obra sigue inconclusa, con todo lo que ello implica para los habitantes.

En estos años, se detectaron muchas irregularidades y también se sucedieron distintos gobiernos nacionales, provinciales y municipales. Ninguno logró enderezar el rumbo de la desidia y lo peor, de los negociados. Hubo causas judiciales que sospechosamente terminaron en la nada, que fueron a dormir el sueño del plazo vencido y o de la caducidad inducida; reclamos administrativos por parte del municipio de Valle Viejo que concluyeron con el acuerdo de junio pasado. Es de esperar que se solucionen todos los problemas que tiene la obra que no son solo los hundimientos.

También es preciso preguntarse en que quedará el sobreprecio que tiene el contrato de esta obra, la empresa ejecutora esta fuertemente sospechada en la causa de los cuadernos de Centeno, que dicho sea de paso ya fue elevada a juicio oral en la Justicia Federal porteña.

COARCO es una empresa que tiene fuerte vinculaciones con el kirchnerismo y las obras realizadas tenían sobreprecios para de ese modo poder pagar las coimas o retornos, de acuerdo al «modus operandi» descripto por  Centeno en la famosa causa, iniciada por el periodista del diario La Nación, Diego Cabot a raíz de haber tomado conocimiento de su existencia. Los cuadernos originales llegaron a manos de la Justicia Federal.

Una obra con un presupuesto oficial de 407 millones de pesos que se adjudicó por 515 millones de pesos, es decir un 26,53 % más onerosa de lo que presupuestó el comitente, con el agravante que ni aun con sobreprecio explicito, se dignaron a concluir la obra.

Hace pocos días nos enteramos de que para que sirva al 100 % de la población de los dos municipios involucrados se deberán invertir más de 2.800 millones de pesos.  Es decir, una obra que lleva invertidos más de 515 millones de pesos si se consideran redeterminaciones de precios y adicionales; y que necesita más fondos para poder servir a toda la población de FME y Valle Viejo. Una obra muy anhelada, pero que nos terminará saliendo muy cara a los catamarqueños.

Qué dirá el gran defensor de las “cloacas de Valle Viejo”, Rubén Dusso, ¿a qué justificativo apelará para defender lo indefendible?, aunque desde la aparición de Centeno, no ha salido públicamente a expresarse.

En definitiva, las cloacas de Valle Viejo, son un monumento a la corrupción, el más caro, porque implicaron más endeudamiento a cambio de nada. Que Catamarca, junto con Formosa y Chaco sean las provincias más pobres del país, no es casual. La corrupción, los sobreprecios y los retornos, son la otra cara de la moneda de la pobreza estructural.  Quien quiera leer, que lea.