Economía

La pandemia en Argentina está en momentos decisivos

Por Rodolfo Santangelo

Los últimos cálculos prevén el peor momento en la Ciudad de Buenos Aires dentro de una semana, en el primer cordón del Conurbano en tres semanas y en el segundo y tercer cordón dentro de cinco semanas. De ser así, la máxima tensión se extendería hasta principios de septiembre. Queda cruzar los dedos para que en las próximas semanas el sistema sanitario no colapse. La realidad impone entrar en la fase de “convivencia con el virus”. Al inicio de todo esta crisis, lideró lo sanitario y lo económico se plegó. Empieza una etapa inversa: liderará lo económico. En el terreno económico si a lo largo de esta crisis primero lideraron los problemas micro pronto liderarán los problemas macro. Se avecinan tiempos predominantemente macroeconómicos. En la primavera – verano, se definirá si el gobierno acierta o no con algún formato macro para desandar el lío fiscal, monetario y cambiario que deja la pandemia.

Es que Argentina es diferente al resto del mundo. Financia los paliativos fiscales y crediticios cien por ciento emitiendo moneda. El único préstamo a la mano que dispondría hoy la Argentina es del FMI pero para pagarle la deuda al mismo Fondo. Chile merece un capítulo aparte. Para paliar la emergencia, recurre a los fondos de pensión. Cada trabajador activo tiene la posibilidad de retirar un porcentaje de lo ahorrado (sobre un stock total de activos acumulados en el sistema de unos US$ 200 mil M). Macroeconómicamente, es un instrumento preventivo que puede ayudar tanto a moderar la caída del PBI como a compensar la situación social. Distributivamente, presenta problemas: mucha gente quedará con jubilaciones bajísimas.

El gobierno recién está “cayendo en la cuenta” del desenlace macro que se viene pero luce contradictorio. Economía sigue con la cabeza en la deuda. Producción está recolectando anuncios y subsidios a la medida de cada sector y cada región (mientras Economía insinúa una reforma tributaria subidora de la presión impositiva). Infraestructura está armando un plan de obra pública y Desarrollo Social el IFE permanente (mientras parte del gobierno está preocupado por el déficit fiscal). Al BCRA no le queda otra que sumar más controles al control de cambios, emitir pesos y colocar LELIQ (mientras parte del gobierno baja línea para desarmar las LELIQ). Esta ensalada rusa se da justo cuando los desbalances macro están por salir plenamente a la luz.

OVERVIEW viene desde hace un tiempo juntando fichas para el desenlace macro que seguramente se producirá entre la primavera y el verano. Una ficha son los antecedentes estructurales de la Argentina en momentos como estos. Macroeconómicamente, los excesos de déficit fiscal, emisión y deterioro patrimonial extremo del BCRA (a la 2020) se “corrigieron” históricamente con devaluación y licuación inflacionaria. Políticamente, los gobiernos suelen corregir el rumbo económico sólo después de «comerse una piña».

Una segunda ficha es la pre – condición de la deuda. Sacarse de encima el tema sería muy importante aunque no suficiente. Si el gobierno aceptara mejorar un poquito la oferta, se aseguraría un grado de aceptación masivo de bonistas. En ese escenario, podría darse un veranito financiero y habría que ver dónde queda el riesgo – país. Caso contrario, la oferta argentina fracasaría, se confirmaría el default y se precipitarían los tiempos de los líos macro. La tercera clave es el formato con que encarará el gobierno la salida de la cuarentena. A primera vista, se apresta a encararla con una visión mayoritariamente micro – sectorial subestimadora de los riesgos macro. El tiempo lo dirá pero en principio habría un sesgo hacia los enfoques parciales, “60 medidas”, planes de obra pública, reintegros, créditos preferenciales, etc. Si este fuera el formato, está la duda sobre cómo se encarará el desandar de los desequilibrios fiscales y monetarios tras la pandemia.

Cuarta, será condición sine qua non negociar un acuerdo con el FMI para algún momento de 2021. Con el Fondo, se negociará la política económica. El Fondo no pedirá «imposibles». Pero tampoco hará desembolsos contra un programita «flu – fli»: esto sería una traba retardadora para un acuerdo. El menú será el de siempre: un préstamo contra metas cuantitativas y reformas. Está vigente la autorización de 2018 a la Argentina de un «exceptional access»: el monto del préstamo podría ser equivalente a la deuda de Argentina con el organismo y hasta incluso incluir plata fresca dependiendo de la «calidad» del programa que se consensúe.

La quinta ficha del listado es qué quedan de las distintas colchonetas impuestas por la realidad que este gobierno recibió el 10 de diciembre. Estaba la colchoneta fiscal: un 2019 casi con equilibrio primario tras el golpazo de dos años seguidos de licuación inflacionaria del gasto. Tras la pandemia, desapareció. El déficit primario 2020 será seguramente nueve veces más grande que lo previsto previo a la pandemia (entre 6 y 7 puntos del PBI contra casi cero). La política fiscal 2021 tendrá que desandar al menos parte (¿la mitad?) de este mega – desvío: como mínimo reduciendo el gasto pandémico a lo mínimo socialmente posible, pisando el freno en los subsidios y por supuesto cruzando los dedos para recuperar parte de la recaudación perdida. También estaba la mini – colchoneta cambiaria: un tipo de cambio real oficial en niveles lógicos no atrasados. Tras la pandemia, quedó más finita de lo que era. No es que el dólar oficial se haya atrasado.pero los dólares no oficiales en 120 / 140 pesos obstaculizaron el mercado oficial y le meten mucha presión al dólar lógico de 72. Alguna corrección cambiaria en la primavera – verano habrá; queda “descular” magnitudes y timing en función de los próximos pasos que vaya dando el gobierno.

El gobierno también contaba con una colchonetita monetaria: una economía muy desmonetizada en términos reales. Había un margen para una expansión monetaria razonable y que igual la inflación bajara del 55% de 2019. Tras la pandemia, se achicó un montón. La emisión explotó y la inflación se planchó. La última colchonetita también monetaria tenía que ver con la capacidad del BCRA de esterilizar pesos: el 10 de diciembre el stock de LELIQ era muy bajo en términos reales. Tras la pandemia, esta cuarta colchoneta casi se extinguió. El stock (en términos reales y como en porcentaje de los depósitos) está más cerca del pico previo a la corrida de abril de 2018. Para seguir esterilizando, en algún momento el BCRA como mínimo tendrá que subir la tasa de interés.

En síntesis, el tipo de corrección cambiaria, de salto inflacionario y de rebote del nivel de actividad que vengan en la primavera – verano dependerán de cómo se vayan acomodando todas las fichas (incluyendo las políticas).