Opinión

El siniestro dilema entre la salud pública y el gasto político

Nota Editorial

Esta semana ocurrió un hecho que nos ha llamado nuevamente a la reflexión sobre las respuestas que damos como sociedad ante situaciones que siguen ocurriendo y que resultan ser muy penosas, además de injustas y que los gobernantes suelen carecer del tino necesario para evitarlas.

Días pasados, el médico Lucas Bordón escribió y publicó en su muro de Facebook una carta en donde se quejaba de los incumplimientos de las autoridades gubernamentales respecto a lo prometido por su trabajo en el nuevo hospital Monovalente «Carlos G. Malbrán», que fue armado en tiempo record para atender al Covid-19 declarado Pandemia Mundial por la OMS.

Esta circunstancia, indignó no sólo a los profesionales involucrados, médicos y paramédicos, sino a gran parte de la sociedad, pues tuvo gran repercusión en las redes sociales. Lo llamativo fue que esa mala noticia, fue buena en menos de 24 horas, toda vez que los aludidos profesionales, percibieron la  totalidad de los salarios adeudados y en mora, gracias al impulso mediático combinado,  de redes sociales y portales digitales, que recogieron el eco del drama que estaban viviendo los profesionales del nuevo hospital monovalente.

Y además, coincidió con información que obra en nuestra redacción, que entra en directa confrontación con la cuestión planteada en la primera parte de ésta narración periodística. Se refiere a las exorbitantes remuneraciones que perciben los mal llamados “asesores políticos”. La situación, por demás irritante, consiste en comprobar que los haberes en la legislatura, por no ofrecer ningún servicio a cambio, es decir por no hacer nada, están al día, no como en el caso de los empleados del Hospital Monovalente Carlos G. Malbrán que se juegan la vida, ellos y sus familias, por toda la sociedad en tiempos de pandemia y que tienen que enfrentar problemas económicos por no tener una remuneración acorde a su capacitación y esfuerzo.

Estos privilegiados que cobran en la mayoría de los casos muy por encima de los médicos que atienden en la salud pública provincial, tienen como “tarea” estar a disposición de sus jefes para realizar operaciones políticas, operaciones de prensa, etc., todas tareas improductivas e innecesarias, que no contribuyen en nada, que no solucionan los acuciantes y crecientes problemas sociales, que si no existieran sería mejor para la sociedad y para la democracia.

Es importante destacar que, en tiempos de pandemia, los gobernantes han decretado la cuarentena, exigiéndonos quedarnos en casa y en consecuencia muchísimos ciudadanos han experimentado bajas estrepitosas de sus ingresos, mientras que la clase política sigue cobrando los mismos haberes como si estuviéramos en el mejor de los mundos.

Lo dijo hace una semana Luis Barrionuevo refiriéndose a los políticos: “no jodan con la gente”, advirtiendo el clima social que se vive y que muchos políticos parecen no percibir por sus actitudes. La gente se está cansando, encerrada en sus casas, con miedo, incertidumbre de lo que vendrá, de lo que ya está llegando y todos con menos ingresos. Como contrapartida la dirigencia política no ha realizado ningún esfuerzo y pretende seguir con todos los privilegios e incluso aumentarlos.

Volviendo a los “ñoquis” que hace años existen, estos personajes que solo aparecen a cobrar por las reparticiones públicas y como se puede afirmar, ni “ñoquis” son, porque la tarjeta de débito facilitó la percepción de los emolumentos  a estos verdaderos parásitos, que cumplieron sus mandatos políticos y en vez de regresar a sus «trabajos» en el sector privado, algo que genera mas dudas que certezas, se las rebuscaron para seguir tomando de la teta de estado, y por lo que se ve piensan hacerlo hasta el día del juicio final.

Esta práctica política desdeñable que era algo común en los partidos políticos tradicionales, también existe en los partidos de reciente aparición y que como en el caso del PRO, sus principales dirigentes esgrimían que venían a terminar con las viejas prácticas de la política, con el clientelismo, las dádivas, etc. No dudamos que muchos dirigentes del partido del ex presidente Macri están convencidos de terminar con las viejas mañas y deben actuar en consecuencia, pero hay otros tantos que no y a las pruebas nos remitimos, como dicen los abogados.

En la provincia el PRO,  ha creado un grupo que cobra por no hacer nada, es decir tiene su propio club de “ñoquis” o “parasíticos” como los partidos tradicionales. En el  Club está Carlos Molina con un sueldo cercano a los 90.000 pesos, Fernando “Fena” Corrales Ávila con un sueldo de casi 109.000 pesos y Carlos Martínez en este caso con un sueldo más humilde, de 15.000 pesos.

Las preguntas caen de maduras: ¿cuánto cobra verdaderamente un diputado provincial, sí un asesor cobra más de 100.000 pesos? ¿Que hicieron desde que asumieron hasta la fecha? ¿cumplen horarios? ¿Tienen tareas asignadas? Todos interrogantes que carecen de respuestas como los lectores podrán imaginarse. No hay respuestas, porque no hay nada. Sale dinero del Estado y la contraprestación es igual a la nada misma. Es la tarea que hacen los parásitos cuando ingresan en los seres vivos, en los cuerpos. Pican, molestan, comen, incomodan y no reportan beneficios de ningún tipo. Y cuando eso sucede, la mente del cuerpo, que es la que piensa, solo busca la forma de eliminarlos,  sacarlos de encima y es lo que proponemos con ésta reflexión.

Y la conclusión a la que arribamos es que estos contrastes, lamentables y de muy mal gusto, entre médicos que tienen la vida de los catamarqueños en sus manos, que cada día se la juegan, poniendo el “pecho a las balas”, enfrentando un enemigo letal y desconocido, tienen que recurrir a reclamos en las redes sociales, previos sufrimientos, mientras los holgazanes y burgueses de la políticas se florean impúdicamente con ropa de marca, autos de alta gama y celulares de última generación.

La particular circunstancia que atraviesa el país en general y Catamarca en especial debe dejar de lado el falso dilema entre la cuarentena y economía y hacer foco en bajar el gasto público de los parásitos de la política, optimizando los ingresos de los profesionales de la salud y de los docentes y de ese modo, en el futuro tendremos mejores políticos.

El gobernador se encuentra en plena tarea de reformar el Estado con el aparente objetivo, de racionalizar el gasto público. Es de esperar que elimine de una buena vez y para siempre, a estos parásitos, sean del partido que sean, son todos iguales, y termine con la caterva de “asesores políticos” priorizando como corresponde en la coyuntura de la emergencia sanitaria, a los médicos, paramédicos, bioquímicos, enfermeros, radiólogos y auxiliares que día a día sostienen la Salud Pública de la provincia de Catamarca.

El siniestro dilema entre la salud pública y el gasto político.