Opinión

Malestar en las redes sociales por actitud presidencial y comitiva

Nota Editorial

¿Dónde pueden quedar todos los eslogans de la pandemia mundial en la Argentina, el tremendo bombardeo publicitario, la insistente persuasión que debemos quedarnos en casa, las causas posibles del contagio y los peligros que encierra la enfermedad, la circulación del virus, las precauciones, el desastre de la economía, la pérdida del poder adquisitivo, del empleo, el encierro eterno, las consecuencias psíquicas y psicológicas de permanecer aislados en la propia casa, cambiando habitos o directamente obligando a millones de personas a vivir hacinados?

Reiteramos ¿Donde pueden quedar todos los mensajes cuando cunde el mal ejemplo? Mientras que el Presidente de la Nación, paladín de la cuarentena -supuestamente- resuelve salir de viaje acompañado por 80 personas, dispuestos a divertirse, comer asados, violar las propias leyes y reglamentaciones por el solo hecho de detentar el poder, millones de personas siguen encerradas perdiendo sus trabajos, sus sueños, sus proyectos, sus ilusiones y lo más valioso que tiene el ser humano y cuya pérdida es irreparable, el tiempo. Si alguien en su sano juicio piensa que estamos ante una tremenda injusticia, pues bien, tiene razón, no sólo es una injusticia, también es una manifiesta arbitrariedad y por qué no, un abuso de poder.

Si detentar es cuando se obtiene una situación en forma ilegitima, la circulación del presidente y comitiva pasa a otro plano y puede ser considerada como una detentación morbosa del poder frente al sufrimiento de millones de personas que deben acatar en forma obligatoria un decreto de necesidad y urgencia (DNU) que el propio presidente de la Nación no cumple. La igualdad ante la ley alcanza a Marcelo Tinelli, a Alberto Fernández, Santiago Cafiero y a cualquier ciudadano argentino, sea cual fuere su condición. Miles de esos ciudadanos hoy se encuentran procesados por violar el Código Penal, cuyas normas parecen no alcanzar al profesor de Teoría del Delito, que en apariencia se ampara en otras normas, desconocidas por el gran público. Y se sabe que cuando las excepciones superan a las reglas, a la vuelta de la esquina están los problemas, en especial de convivencia social.

¿Con qué autoridad podrán exigir mañana que la población siga haciendo cuarentena? ¿Se ríen de la población? ¿Es verdad que hay una pandemia de Covid-19 o es un relato? o ¿la cantidad de muertos e infectados no es sustancial? La población no tiene respuestas, razón por la cual acumula un peligroso malestar. ¿Cambiaron la fecha de los anuncios porque se iban de paseo?

En Villa La Angostura, los habitantes quedaron aterrados porque tuvieron que recibir de prepo a 80 personas que según las reglamentaciones no podían viajar y si estaban comprendidas dentro de las actividades esenciales, de todos modos la cuarentena preventiva debe cumplirse, porque el bien jurídico tutelado «Salud Pública» nos pertenece a todos por igual y cualquiera de los miembros de la comitiva pudo haber sido un portador asintomático del contagio coronavirus.

Parece que la conducta del Presidente de la Nación no es la adecuada para quién con insistencia viene advirtiendo sobre los peligros que implica romper el aislamiento social obligatorio, incluso ha llegado a decir a la población que sus pedidos se hacen por las buenas y si tienen que ser por la malas también está dispuesto a hacerlo. Nos preguntamos si los excesos policiales que ya han provocado numerosos muertos en distintas provincias tienen que ver con ese tono amenazante que utiliza Alberto Fernández para disuadir a la población de conductas que ni él ni sus asesores y allegados cumplen cabalmente.

Entonces resulta justificado que desde las redes sociales, WhatsApp, Facebook e Instagram se perciba con nitidez, el malestar por la actitud irresponsable del presidente y su comitiva en el viaje a Villa La Angostura, expresado por amplios sectores de la población que llevan casi 80 días initerrumpidos de encierro, aislamiento social obligatorio o como quiera llamarlo.