Opinión

El Feminismo exclusivo y su lenguaje inclusivo

Nota Editorial

La individuación del ser humano es una bendición, pues permite libertades e independencia virtualmente infinitas. Pero el estigma de nacer individuado es el interrogante de cómo vamos a poder relacionarnos con el resto de los individuos (7.500 millones) y con la misma Creación, pues no sólo lo humano es esencia viviente, sino el Universo íntegro, sean pájaros, plantas, ríos, mares, radiación ultravioleta, planetas, estrellas o galaxias.

Hace 25 siglos, Pitágoras diseñó un vocablo para describir realidad única: Cosmos, indicando la interrelación entre lo Etéreo y lo Manifestado. En términos esotéricos (vocablo también ideado por Pitágoras), Cosmos alude al eterno e instantáneo vínculo entre el Creador y lo existente.

Inmersos en tal contexto integral, más que una vivencia esplendorosa, el Amor viene a ser la única vía conectiva entre cada individuo y la Creación que lo circunda y sostiene. Pues sí, el Amor es el tejido epitelial (conectivo) del Universo bajo el cual toda angustia, soledad, temor, y la misma “individuación del individuo” quedan pulverizadas. El Amor realiza lo imposible: dar unidad dentro de la diversidad. Parece pura magia, pero es puramente real y accesible.

La tragedia es que no nos conducimos con Amor sino con Desamor que, como contracara de la energía más potente que existe, es igualmente poderosa: resentimiento, rencor, e intolerancia agudizando disociación bajo ira desenfrenada, un cóctel atrozmente destructivo.

La iracunda segregación llamada Feminismo es un ejemplo actual de Desamor Organizado. Raro caso de esquizofrenia masiva, la feminista declama combatir al machismo utilizando métodos machistas a ultranza, a la vez que, aborreciendo la femineidad, dice reivindicarla. De tal modo, el feminismo conforma un “tercer género”, un híbrido androide que no representa sexo alguno, delirio nihilista infectado de la maldición tanguera: “…la vergüenza de haber sido, y el dolor de ya no ser…” (C. Gardel/ A. Le Pera, Cuesta Abajo). Parecen mujer, pero ya no son tal.

El mayor femicidio contemporáneo lo ejecuta el feminismo para exterminar la femineidad. Aún hoy conmociona el femicidio/magnicidio por un rey inglés (Enrique VII) ordenando –en 1536- decapitar a su esposa, la reina consorte Ana Bolena, para poder casarse con su amante. Aun así, la decapitada tuvo honrosa sepultura. Con superior frialdad, el movimiento feminista va por todo, pues tras anular a la femineidad, pretende hacer desaparecer su cadáver extirpándolo del idioma. De tal modo, el Lenguaje Inclusivo concreta el tiro de gracia feminista a la femineidad para que no quedase ni vestigios de ella. Semejante abominación amerita investigar los modos, móviles, e instrumentos del monstruo feminista.

El Proyecto de Ley

La extravagancia argentina es insondable. Como torbellino invisible, embelesa a grupos sociales autoproclamados “progre” y, con veleidades de refundación lingüística bajo retórica profética se plasma en Proyecto de Ley1343-D-2019 (01/04/2019) UTILIZACION DE LENGUAJE INCLUSIVO Y NO SEXISTA que, en su artículo 2°, dispone: “El lenguaje no sexista es el que evita el sesgo hacia un sexo o género en particular. Se entiende por lenguaje inclusivo aquel que ni oculte, ni subordine, ni jerarquice, ni excluya a ninguno de los géneros y sea responsable al considerar, respetar y hacer visible a todas las personas, reconociendo la diversidad sexual y de géneros” y en su Art. 3° dispone qué entes lo han de instrumentar: ”El Instituto Nacional de las Mujeres en coordinación con el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo elaborarán un manual que contenga las normas para la confección y redacción utilizando un lenguaje inclusivo y no sexista para toda la documentación administrativa”.

Notoria degradación normativa: Desde leyes tan sensatas como el Acoso Sexual, la Violencia de Género, y el INADI, cayendo al Cupo Femenino, engendro sexista francamente inconstitucional por violar el art. 16 de la C.N. (Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad), hasta desbarrancar con el grotesco proyecto de ley Lenguaje Inclusivo que arremete contra la lingüística designando al Instituto de la Mujer para que “elabore un Manual” por el cual, a su antojo, reformule la base estructural (el latín) del idioma nacional (el Castellano). Esto muy a pesar de que ni el latín ni el castellano siquiera son idiomas autóctonos, pues los Romanos impusieron el latín en la Iberia hace veinte siglos, y los visigodos invasores incrustaron aquí su derivado Castellano mediante la espada y la cruz.

Semejante idiotez (idiota es quien sucumbe al surrealismo ideativo) emula la sagacidad de William Shakespeare en su obra Much ado about Nothing (Mucho hacer sobre Nada, 1599)que ridiculiza la idiotez humana cuando se desvive para modificar lo inalterable. Pero utilizar herramientas para idiotas (el Lenguaje Inclusivo) tan solo realza la asombrosa inteligencia de la militancia feminista que, conformado un híbrido tercer género, es un temible engendro de disociación sagazmente orquestada para insertarse en la corrupción del poder público.

 

 

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