Sociedad

Cirujano posibilitó cirugías cardiovasculares en niños/as

Ignacio Lugones, del Hospital General de Niños «Dr. Pedro de Elizalde», soñó con un molde para hacer válvulas cardíacas. Con los/as expertos/as de la gerencia de Investigación y Desarrollo, logró diseñarlo e imprimirlo en 3D para hacer operaciones exitosas.

Ignacio Lugones es cirujano cardiovascular pediátrico del Hospital General de Niños «Dr. Pedro de Elizalde» y, gracias a la Vinculación Tecnológica y el BA Laboratorio Tecnológico de la Dirección de Ciencia y Tecnología -dependiente del Ministerio de Educación e Innovación del GCBA-, pudo diseñar e imprimir un molde de ácido poliláctico que le permite realizar, de manera estandarizada y segura, válvulas cardíacas para pacientes críticos de corta edad.

Las enfermedades en las válvulas cardíacas semilunares -la aórtica y la pulmonar- son muy frecuentes y mortales en los/as niños/as, ya que su rápido crecimiento impide la colocación de repuestos metálicos. «Se suele esperar a ver si sobreviven a la etapa en la que pueden ser tratados, y suele ser demasiado tarde. Por eso nació mi proyecto hace dos años», explica Lugones.

Una noche, mientras charlaba con su hermano, profesional de la física, empezaron a soñar con una válvula que solucione estos problemas. Juntos, analizaron detalles matemáticos y geométricos, confeccionaron y testearon su invento, y hasta lo probaron en una operación animal junto al cirujano cardiovascular veterinario, Martín Marcos.

«Anabella Fassiano y Pablo Ruiz Díaz, de la Gerencia de Vinculación Tecnológica, me contactaron con Lorena Horowicz y Federico Schneider, de la Gerencia de Investigación y Desarrollo. Vengo del mundo asistencialista, y hay un más allá, donde los proyectos pueden volverse algo tangible», recuerda Lugones sobre cómo llevó a cabo sus ideas.

Lugones hizo el modelado junto al equipo del BA Laboratorio Tecnológico (Algarrobo 1041, Barracas). Allí, los/as expertos/as lo ayudaron a optimizar el desarrollo, a diseñarlo y le recomendaron usar el ácido poliláctico para confeccionarlo, un material amigable con el medio ambiente y esterilizable.

«La válvula se construye con el propio material del individuo, lo que imprimimos en 3D son moldes con marcadores para la colocación de las suturas y la triple corona donde va colocada la válvula. El proceso de construcción fue ocurriendo en etapas, que integraron diferentes componentes de la cadena de producción. Así se pueden ver las mejoras que puede producir la ingeniería en las personas», cuenta el cirujano.

«La primera vez que lo aplicamos fue muy movilizante. Teníamos a un chico con una válvula aórtica muy enferma. Las opciones eran escasas. Y el final fue extremadamente feliz porque pudimos hacerle la válvula. Se fue a la casa después de siete días internado y sigue funcionando perfecto, tras un año de seguimiento», señala Lugones, que destaca que lo que hace la tecnología es estandarizar un proceso que antes se hacía a ojo.